Responsabilidad ambiental y social

Manejo integral de los residuos sólidos (basuras):

La inviabilidad del sistema del capital no se manifiesta únicamente por la turbulencia social e internacional de los últimos años. Los problemas derivados del cambio climático y otras manifestaciones de desorden ambiental son cada vez más evidentes y revisten gravedad creciente.

La pregunta es: ¿estas dos crisis están relacionadas y se derivan de una causa común o, por el contrario, son independientes y necesitan afrontarse por separado?

La depredación del medio ambiente ha sido una constante desde la aparición de la especie humana en el planeta: hace 40.000 años los humanos que llegaron a Australia destruyeron el hábitat quemando los bosques para facilitar la caza de animales salvajes. Lo anterior no significa que en esa época nuestra especie tenía la capacidad de destruir el hábitat de todo el planeta, como sucede hoy en día, cuando la mayor amenaza es la concentración de gases con efecto invernadero en la atmósfera, lo que causa el llamado calentamiento global. Hoy estamos emitiendo 3,5 ppm (partes por millón) de CO2 (bióxido de carbono) por año y el planeta solo tiene capacidad de absorber 1,5 ppm, lo que significa una acumulación de 2,8 ppm. Consecuencia inmediata es el aumento en la tasa de calentamiento promedio del planeta, la cual se incrementó sustancialmente a partir de la revolución industrial (inicio de la industrialización capitalista) y se disparó en la segunda mitad del siglo pasado (consolidación del modelo consumista impulsado desde EEUU)

El calentamiento global puede llegar en pocas décadas a un punto de cambio abrupto de temperatura, el cual producirá enormes cambios en el medio ambiente, que podrían incluso exterminar a la especie humana y demás especies animales mayores.

¿Cómo detener o reducir radicalmente esta tendencia? La respuesta es sencilla, pero no la implantación de los procesos de transformación necesarios: la humanidad debe reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, lo cual significa necesariamente reducir los niveles de consumo de energía de toda la humanidad, que a su vez significa desmontar la sociedad de consumo.

Pero: ¿Quiénes son los mayores depredadores? ¿Todos los seres humanos contaminan por igual? ¿Todos los países depredan por igual? No. Las estadísticas dicen otra cosa:

El consumo de energía por habitante se distribuye en forma muy desigual entre países “ricos” y “pobres” y también entre los diferentes estratos sociales en cada país.
El patrón de desigualdad en el consumo de energía se refleja en un patrón similar de contaminación desigual por país y por clase social.

Por lo tanto, el nivel de responsabilidad es igualmente desigual entre países y entre las clases sociales de cada país.
Lo anterior nos lleva a concluir que las acciones de reducción del consumismo y de la contaminación asociada deben enfatizarse en los países más desarrollados y en las clases sociales más ricas de la sociedad.

¿Podrá entonces la humanidad resolver la encrucijada ambiental que está poniendo en riesgo su propia existencia como especie? ¿Los países del “primer mundo” y las clases adineradas de cada país renunciarán voluntariamente a sus privilegios y costumbres depredadoras en forma voluntaria, solamente por un proceso de concientización ecológica? Ni el más ingenuo de nosotros daría una respuesta positiva a esta pregunta. Esto solo podrá lograrse mediante el desplazamiento del poder mundial y del poder en cada país de los representantes de los grandes depredadores que no son otros que la burguesía en cada país y el imperio del capital globalizado mundial con sede en EEUU. En otras palabras, la toma del poder por los pueblos para iniciar la construcción del socialismo a escala nacional y global. Revolución socialista que debe orientarse a la creación de una sociedad libre y justa, pero también amigable con el planeta mediante la racionalización del consumo y la práctica masiva de reaprovechamiento de lo que necesariamente consumimos.

En Venezuela, donde se vive un proceso revolucionario de transición al socialismo, donde el gobierno y parte importante del poder está en manos del pueblo, es indispensable comenzar a tomar medidas para combatir el consumismo depredador y para reaprovechar los desperdicios en la forma más eficaz posible. De lo contrario podría generarse una sociedad quizás más justa en lo social, pero igualmente consumista y depredadora del medio ambiente, con lo cual se estaría actuando injusta e irresponsablemente con las generaciones venideras.

Uno de los aspectos que mejor muestra los estragos de la contaminación es el llamado problema de las basuras, donde nuestras ciudades están en una lamentable situación de atraso. La acumulación de basuras refleja el grado de desperdicio y también la ineficacia en su recolección, tratamiento y disposición final.

Estudios en varias ciudades de América Latina demuestran que los residuos sólidos son aprovechables de 80 a 90 % del total de residuos y que, por consiguiente, solo deberíamos disponer en rellenos sanitarios un 10 a 20% del volumen total de las “basuras”. Actualmente esa disposición de residuos sólidos en rellenos sanitarios o peor, en botaderos a cielo abierto, está cerca al 100%, lo cual es un crimen contra el medio ambiente debido a:

Producción en gran escala de metano, gas de efecto invernadero que es más agresivo que el CO2 para el calentamiento global
Producción de lixiviados (residuos líquidos) tóxicos que salen de los rellenos hacia las fuentes de agua cercanas, produciendo mucho daño a los habitantes, a la flora y a la fauna circundantes.
Emanación de gases y malos olores a la atmósfera produciendo daño ambiental y sanitario a los habitantes cercanos.

En nuestras ciudades, incluyendo Caracas, la composición de los residuos trae un alto componente orgánico, que oscila alrededor del 50% del total. Del 50% restante, la mayoría (otro 40%) son residuos con alto potencial de reutilización mediante técnicas de separación y reciclaje (papel, cartón, plásticos, vidrio, latas metálicas). Y solo un 10 o 20% son materiales peligrosos o no reciclables, que deben tener un tratamiento especial o deben ser dispuestos en rellenos sanitarios tecnificados.

La revolución Bolivariana debería emprender acciones serias y urgentes para implantar en las principales ciudades de Venezuela sistemas eficaces de manejo integral delos residuos sólidos domiciliarios e industriales, para lo cual deberían hacerse los estudios preliminares a fin de identificar la composición particular de los residuos de cada ciudad y, a partir de esa caracterización, proceder al diseño del sistema integral correspondiente, que en líneas generales debe incluir:

Separación en la fuente (en los hogares y en los sitios de trabajo) de los residuos, utilizando bolsas de diferentes colores, al menos en dos categorías: residuos orgánicos (aquellos que se pudren) y residuos no orgánicos. Para lograr este objetivo se requiere una gran campaña educativa y de control a partir de los consejos comunales, de trabajadores y de estudiantes.
Transporte separado de las dos categorías anteriores, enviándolas en forma discriminada a los centros de tratamiento posterior.
Tratamiento de los residuos orgánicos en plantas industriales de compostaje para la producción de compost o fertilizantes orgánicos de alta calidad, con destino a la producción agrícola de alimentos.
Clasificación y separación de los residuos inorgánicos para su empaque y posterior despacho a las plantas de reciclaje de papel, plástico, vidrio, metales, baterías, equipos electrónicos, etc.
Clasificación y separación de los deshechos (material no reutilizable) para su tratamiento final y disposición en rellenos sanitarios diseñados técnicamente para tal fin.
Disposición de los deshechos en rellenos sanitarios adecuados pero no en botaderos a cielo abierto.



¿Cuál es el impacto ambiental de un sistema como el anterior?

De las 3.000 toneladas diarias de residuos que produce Caracas (6.000 en festividades de fin de año), solo habría que disponer en los rellenos sanitarios 500 toneladas aproximadamente, lo cual prolongaría en forma muy importante la vida útil de los rellenos, facilitaría su operación adecuada y reduciría notablemente su impacto ambiental por la eliminación de las emanaciones líquidas y gaseosas que son tóxicas y contaminantes.
De la 3000 toneladas diarias, la mitad iría a producción de compost o fertilizantes orgánicos, con un rendimiento de 25% en peso, o sea 750 ton /día que podrían disminuir considerablemente la utilización de fertilizantes químicos contaminantes en la producción agrícola del centro del país.
De las 3000 toneladas diarias, 1000 toneladas irían a reciclaje de vidrio, metales, papel, cartón, textiles, cueros, maderas, pilas, cartuchos de impresoras, etc. Lo anterior reduciría en forma muy importante el consumo de materias primas frescas en las diferentes industrias, con el consiguiente freno a la extracción de materiales y a la depredación de recursos naturales.

¿Cuál es el impacto social?

Ante todo, un positivo mejoramiento de las condiciones sanitarias generales de la población al evitarse la emanación de corrientes líquidas y gaseosas contaminantes y dañinas a la salud.

Mejoramiento y dignificación de las condiciones de trabajo del personal que se dedica actualmente a la recolección, transporte y disposición de los residuos sólidos

Mejoramiento de las condiciones ambientales y sanitarias de las zonas cercanas a los actuales botaderos o rellenos sanitarios

Mejoramiento de la calidad sanitaria de los alimentos por la disminución del uso de fertilizantes químicos por el aumento en la producción y uso agrícola de fertilizantes orgánicos.

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