Ahí está el punto

Cansado de escuchar a diputados y otros no tan diputados, invocar al “espíritu del constituyente”, ya estoy que entro en trance y me espelusco de solo ver la expresión de algunos que, mientras discursean, pelan los ojos, abren los brazos y sacuden el cuerpo en señal evidente de que lo que les está entrando no es un espíritu sino el mismo demonio. Mira que ocurrírseles la idea de pretender que un hombre que está enfermo y no de gripe, operado y no de una hernia, en terapia y no en convalecencia; pero sobre todo moribundo, según dicen ellos; tiene que venir así sea en la misma camilla a jurar lo mismo que ya juró 3 veces.

El conde Drácula si. Ese si tenía que estar bien guardadito justo en su cajón negro, justo al día siguiente de su noche loca y justo antes del amanecer; aún sin agarrarlo el sueño, así fuera a rastras y aunque no se acordara donde había dormido la última vez que salió de rumba. Y no porque estaba escrito en el código de las sanguijuelas ni formara parte del juramento de los murciélagos; sino sencillamente para que no lo achicharrara el inclemente sol canicular.

El hombre lobo si. Ese si tenia que lanzar su primer aullido justo cuando la luna llena apartaba las nubes para anunciarle que esa noche no le tocaba dormir, al contrario, lo que le venía era brega pareja: rasgando espaldas, arañando cuellos, mordiendo nucas; para luego dejar el pelero justo antes de que las nubes volvieran a esconder la luna para indicarle ahora que tenia que dejar comida para la próxima jornada.

La cenicienta si. Esa pobre muchacha tenía que estar en su casa de vuelta a las 12 de la media noche para poder entregar el calzado que había cogido fiao, cosa que no pudo ocultar ya que cada vez que daba un paso en el baile con el príncipe las zapatillas hacían “juiquijuiqui”. Y tenia que hacerlo a esa hora , no porque “su pai” la estuviera esperando para echarle cuero si se pasaba del permiso otorgado, sino porque cada vez que llegaba tarde le tocaba coletear todo el castillo de las hermanastras, aunque ya estuviera embargado por los usureros.

El Silbón si, la Sayona si, la Chinigua si; porque esos si tienen su hora menguada y si no aparecen justo en ese sitio, justo a esa hora y justo a esa victima, es porque no existen. En fin hay una cantidad de sujetos a los que si se les puede reclamar o castigar por no llegar a la cita, pero, ¿a un paciente “enclinao”?¿al presidente de la república? ¡Carajo!. Yo quisiera ver cuando alguno de ellos le diga a su jefe. “Bueno patrón, usted está planchado porque ayer me lo quedé esperando para la reunión que teníamos y no apareció ni en propaganda, así que búsquese otro empleo”.

El único día que está fijo en el calendario, inamovible en el rutinario e inmancable en el horario, es el día en que la pelona nos va a tocar la puerta. Y ese lo tienen asignado hasta los diputados que aprendieron a leer sin signos de puntuación, como la sifrina de “Cuando quiero llorar no lloro” que estuvo hablando dos horas sin siquiera respirar y con un teléfono en la mano, un chicle en la boca y una ausencia de pausas, es decir, sin puntos ni comas . A ese día si tenemos que asistir aunque nos pelemos coco raspao.



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