Vieja y nueva democracia

El domingo /9/12/2012 fue aprobado por unanimidad de los parlamentarios de la Asamblea Nacional de Venezuela tanto de la formación mayoritaria formada por el PSUV como de los miembros de la oposición el permiso indefinido al presidente Hugo Chávez para su tratamiento en Cuba del cáncer que sufre.

 

Entre el apoyo al permiso para que Chávez se tratara el cáncer en Cuba y la algarabía montada posteriormente por la oposición sobre el acto protocolario de asunción de la presidencia del reelecto Hugo Chávez, tuvieron lugar en Venezuela las elecciones a gobernadores y cargos locales. Las elecciones se celebraron el 16/12/12 y la reaparición del cáncer que había sufrido marcó el debate del final de la campaña electoral. La oposición no pudo evitar verse desbordada por el sentimiento humanitario de compasión del pueblo venezolano tanto afines al PSUV como no, a favor de su presidente. En ese contexto la oposición apoyó en la Asamblea Nacional el permiso indefinido para que Chávez se tratara en Cuba del cáncer. Pero, una vez pasadas las elecciones pronto se vio que el gesto humanitario no era tal, sino que fue un voto oportunista que pretendió evitar lo impopular y, por ello, poco electoralista que hubiera sido haber votado en contra.

 

Tras las elecciones, la oposición en la medida que se acercaba el día diez de enero previsto en la constitución venezolana para asumir oficialmente el nuevo mandato presidencial, se fue olvidando del apoyo brindado a Chávez para tratar su dolencia y comenzó a arremeter contra el gobierno venezolano apoyándose en el subterfugio de una presunta vulneración de inconstitucionalidad al no poder estar presente ese día el Presidente en la Asamblea Nacional para asumir protocolariamente su nuevo mandato.

La constitución venezolana deja meridianamente claro que, en caso de causa sobrevenida que le impida al jefe de Estado asumir oficialmente su cargo puede juramentarlo con posterioridad ante el Tribunal Supremo. No obstante, la oposición ha hecho hincapié en la importancia del acto protocolario, olvidando que el jefe de Estado, lo es, por la decisión de la mayoría de la ciudadanía que así lo decidió el 7/10/2012, y que el acto protocolario es una formalidad que puede ser cumplimentada ante el Tribunal Supremo de Justicia, como así lo indica la constitución y como así lo ha refrendado el propio Tribunal Supremo de Justicia.

 

A esta algarabía se han sumado los medios oficialistas occidentales relegando todas las noticias internacionales a un segundo plano para centrarse en su ataque mediático al proyecto del PSUV encarnado en su líder Hugo Chávez. Todos los grandes medios occidentales, como si obedecieran a una consigna, se pusieron de acuerdo en la magnitud de la campaña, titulares y tópicos intoxicadores sobre la vulneración de la constitución venezolana por parte del gobierno,  alimentando el odio contra el proyecto del PSUV entre la ciudadanía occidental acusándolo de todos los males habidos y por haber, pero, sobre todo, en un intento de sembrar el desconcierto en el pueblo de Venezuela y las naciones latinoamericanas. Nada de eso ha sucedido en Venezuela y Latinoamérica, la ciudadanía respalda mayoritaria e inquebrantablemente a las instituciones venezolanas y los gobiernos de los países latinoamericanos apoyan la constitución venezolana y al presidente Hugo Chávez.

 

Occidente a través de sus medios de comunicación oficialistas ha actuado, como el tonto de la fábula china, levantando piedras para dejarla caer a sus pies. Con su campaña mediática, solo ha conseguido crear una espiral de acción reacción, en la que la reacción de la mayoría de la ciudadanía venezolana y latinoamericana ha sido de indignación contra las infamias vertidas contra el gobierno venezolano, lo que ha fortalecido el proyecto bolivariano. La oposición venezolana ha salido debilitada, porque de nuevo se ha visto que sirve a los dictados de las grandes potencias occidentales; esa percepción de la ciudadanía en una sociedad emergente como es la latinoamericana cada vez más comprometida con la dignidad de la soberanía, arrastra a la oposición venezolana a la automarginación de la sociedad y de la corriente dominante en Latinoamérica de caminar con paso propio sin el tutelaje centenario del que ha sido su patrón del Norte. De hecho, a pesar de la campaña mediática contra el gobierno venezolano, ninguna fuerza política de relevancia en Latinoamérica ha respaldado las posiciones de la oposición, pues saben que sumarse a ellas sería socavar su crédito político

 

Pero cabe preguntarse ¿Por qué el proyecto del PSUV, gobernante de una país pequeño con menos de treinta millones habitantes desata la iras foribundas occidentales?

 

¿Cabe pensar que sea por las calificaciones de falta de democracia en Venezuela? Pero las mismas son solo propaganda pues no se sostienen al menor análisis institucional, pues Venezuela cuenta con las instituciones y el sistema electoral tal vez más democrático del mundo, como así llegó a afirmarlo Jimmy Carter  presidente de la poco sospechosa fundación que lleva su nombre para la observación de procesos electorales. Jimmy Carter  con motivo de las elecciones venezolanas presidenciales del 7//10/2012, manifestó su desacuerdo con la política de Hugo Chávez, pero a su vez afirmó "De las 92 elecciones que hemos monitoreado, yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo".

 

¿Cabe pensar que sea porque Venezuela tiene nacionalizadas las mayores reservas demostradas de petróleo del mundo? Esa es una razón de importancia particularmente para las potencias occidentales, que saben que su desaforada sociedad de consumo, aunque es minoritaria en población en el contexto mundial, ante la escasez de recursos deberá tener prioridad en su utilización y evitar que los países en desarrollo se beneficien de los mismos antes de no poder hacerlo los países occidentales. No obstante, es esa una razón no perentoria, pues todavía pueden faltar décadas para llegar a esa situación de escasez y, por ahora, tienen países aliados fieles a sus dictados con grandes reservas y producción petrolera como son las monarquías absolutistas del Antiguo Régimen del Golfo Pérsico.

 

La razón más importante que desata las iras foribundas de los países occidentales contra el proyecto del PSUV hay que situarlo en la emergencia y ejemplo del nuevo tipo de democracia que se está conformando en Venezuela con la constitución de 1999 que se levantó sobre las ruinas del pacto de Punto Fijo de 1958 que hundió a Venezuela en un régimen económico liberal dominado por una oligarquía local uncida al dictado de EEUU. Venezuela con la constitución de 1999 comenzó a transitar el camino de la construcción de una democracia que puso a la mayoría social en el centro del beneficio económico, y la dignificación de la soberanía nacional como baluarte frente a la dependencia de las potencias occidentales, rescatando la memoria y los proyectos del fundador de la patria Simón Bolívar.

 

La democracia de nuevo tipo, lo era porque además de política pretendía ser (como así se ha ido construyendo), una democracia social o inclusiva. El proyecto bolivariano de nueva democracia prendió en el resto de Latinoamérica; la victoria del Partido de los Trabajadores en Brasil con Lula Da Silva; del Movimiento hacia el Socialismo en Bolivia con Evo Morales, y del Movimiento Alianza PAÍS con Rafael Correa, comenzaron a cambiar la faz del continente sudamericano. El proyecto integracionista latinoamericano dio un paso cualitativo con la constitución de la UNASUR, la CELAC, la ALBA, y la ampliación del MERCOSUR. Otros países, como Chile o Colombia a pesar de estar gobernados por partidos de derechas no han podido evitar verse arrastrados por la marea política a favor de la integración regional, de reafirmación de la dignidad de la soberanía y de la promoción de políticas de inclusión social. Venezuela con Hugo Chávez liderando el proyecto político bolivariano abrió las puertas de un proceso latinoamericano que le puede llevar a convertirse en un referente mundial, no solo por su desarrollo económico sino por la política de nueva democracia social que se erige como referencia para los países en desarrollo.

 

Las características de la nueva democracia se basan principalmente en los siguientes postulados:

 

La dignificación de la soberanía nacional frente a las potencias neocoloniales.

La soberanía sobre los recursos naturales de la nación.

La paz y la integración regional de naciones.

La inclusión social como objeto principal del quehacer económico.

La protección de los derechos civiles frente a los grandes poderes económicos y mediáticos.

La instauración de un nuevo tipo de relaciones de producción donde la colaboración prime sobre la competencia, la colectividad sobre el individualismo, en el objetivo de alcanzar un nuevo estadio fraternal de convivencia.

La paz mundial y la instauración de un nuevo orden mundial que ponga fin a la hegemonía institucional de unas pocas naciones en la ONU.

 

Venezuela va consolidando posiciones en este proyecto de nueva democracia, y por ello es combatido con saña por los poderes fácticos occidentales y no descansan en su objetivo de acabar con el mismo, con intentonas golpistas, complots y campañas mundiales mediáticas en su contra. Pero el proyecto del PSUV y el carisma de Hugo Chávez están ya por encima de ellos mismos. Se han insertado en las aspiraciones de los pueblos y naciones en desarrollo y ya no es posible detenerlo.

 

El neoliberalismo, y los poderes fácticos que lo sustentan no temen tanto a la crisis económica mundial como a una crisis política. La crisis económica puede traer sufrimiento pero es llevadera para las oligarquías occidentales beneficiarias del neoliberalismo y neocolonialismo, sino trae un cambio revolucionario que cuestione su poder.

 

No obstante, la crisis económica mundial y la emergencia de los valores de nueva democracia particularmente en Sudamérica están poniendo al desnudo el régimen de la vieja democracia liberal que sigue anclada en sus postulados decimonónicos:

La ambición de someter al dominio neocolonial a las naciones en desarrollo, y la negación de dignificación de la soberanía de estas naciones, por la que deben acatar sus dictados.

 

Las amenazas, los complots y la guerra contra otras naciones cuando es necesario en función de sus intereses.

 

La consideración del beneficio económico de minoritarios grupos de poder particularmente financieros como fundamento principal del quehacer económico.

 

La limitación de los derechos civiles con el control de los medios de información / formación, por los poderes financieros, y cuando no es posible con la represión policial.

 

El individualismo como meta social.

 

La manipulación, control y dominio de las instituciones internacionales para mantener su hegemonía política y económica mundial.

 

La ciudadanía occidental inmersa en la burbuja mediática oficialista del régimen de vieja democracia liberal, a pesar de sufrir acentuadamente la crisis económica como sucede en los países del sur de Europa, donde los índices de desempleo baten sistemáticamente record, no se preguntan por qué la democracia no sirve para solucionar el principal recurso con el que las personas construyen su libertad y su vida: el trabajo.

 

El neoliberalismo como modelo económico se presenta por los medios de comunicación de masas como sino fuera una construcción socioeconómica humana, sino cuasi-divina, donde nada se puede hacer para detener las fuerzas del mercado.

 

El Estado neoliberal carente de poderes competenciales ante los grupos financieros carece de capacidad transformadora, demostrándose en tiempos de crisis que es un adorno donde las constituciones neoliberales solo permiten cambiar el color político del mismo, pero las políticas en todos los casos son continuistas unas de otras, consistentes en salvaguardar los intereses de la oligarquía financiera, dejando a la ciudadanía a merced de las fuerzas anárquicas de los mercados que le arrastra al desempleo, al progresivo empobrecimiento y la disminución de los derechos sociales alcanzados en las tres décadas posteriores a la posguerra mundial cuando el movimiento obrero alcanzó una fuerte pujanza social y política y el sector empresarial ante el temor de una socialización de los medios de producción pactó el Estado del Bienestar.

 

Los intelectuales occidentales que debieran conformar las fuerzas avanzadas de la sociedad, se han quedado anclados y petrificados, cual estatuas de sal, en el tiempo de la desintegración de la URSS en 1989-1991. Incapaces de imaginar un modelo de nueva democracia en la que la economía esté al servicio de los ciudadanos, y de considerar la paz y la no injerencia como la base de las relaciones internacionales, siguen en la ensoñación de los años noventa del siglo XX de pensar que siguen viviendo el mejor mundo posible, sobre el que se justifica el poder omnímodo de la clase financiera internacional, el desmesurado armamento de Occidente y las intromisiones contra otras naciones

Pero el mundo se mueve, la historia no acabó en 1989 con el final del régimen totalitario soviético. Los valores de la nueva democracia en Latinoamérica se fraguaron, tras el desplome de la URSS, en el foro de Sao Paulo. Si en el pasado el viejo Régimen Absolutista sucumbió ante la democracia liberal, en la que revolución e independencia en 1776 de EEUU marco el punto de partida, ahora los valores de la nueva democracia política plural y socialmente inclusiva, amante de la paz y el respeto entre naciones se forjan en Venezuela y marcan una luz de futuro frente a la todavía vigente pero vieja ya democracia neoliberal.

 

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