Venciendo Batallas

Es indudable que la enfermedad del comandante presidente ha desenmascarado a la fauna necrofilia de una perdedora oposición, ve al eterno rival que siempre le ha ganado la batalla, lo ve herido y se mofa de el, pretende minimizarlo. Nosotros nos preguntamos humildemente ¿alguien pretende minimizar un pueblo que ha conquistado una mirada al futuro potencia? Pues si, es la idea de siempre, minimizar, adulterar, destruir, tergiversar, especular, per sobre todas las cosas, mentir. Es cierto la oposición transforma la realidad en una ficción psicótica y pretende imprimirla en los lavados cerebros de Globovisiòn y sus usuarios consuetudinarios.

Nosotros vemos en Chávez nuestro rostro sorprendido de tanto amor que rodea esta revolución socialista y bolivariana, un amor que ha roto las fronteras políticas y se derrama en solidaridad mundial con un proyecto de vida, con un mundo otro posible, una demostración de amor mundial por el pueblo venezolano que decidió transformarse al ritmo de una visión chavista de la realidad. Nosotros soñamos con los sueños de Chávez porque son nuestros propios sueños y lloramos el dolor de Chávez porque esa carne que duele somos también nosotros.

Es incomprensible la muestra de inmoralidad y bajeza sin fin que manifiesta la derecha venezolana apoyada por la infraestructura mediática española (Grupo Prisa-Moisés Naìm y su lobby antichavista) y sus hermanas europeas, israelitas, británicas y gringa. Todas avocadas a volver un aquelarre satánico del siglo XXI el combate que realizamos los que hemos votado por el amor contra los que generan el odio.

Pero esta batalla metafísica y orgánica forma parte ineludible de un proceso revolucionario y socialista y bolivariano que como venimos diciendo sobrepasa los límites geográficos nacionales y se proyecta al globo como una respuesta colectiva al caos que han producido los màs ricos contra los mas pobres. Este impacto electromagnético afecta la conciencia de millones de personas que durante 14 años hemos visto gestionar y administrar por primera vez en la historia nacional un gobierno que ha despertado la conciencia solidaria entre nosotros mismos y como consecuencia lógica con nuestros semejantes. Es asì que el egoísmo patológico de un ínfimo sector social cercado por sus propios miedos y temores, arremete contra el fantasma que ha estado durante tanto tiempo arrebatándole el sueño, y convirtiendo en pesadilla su insaciable codicia, y su desenfrenado deseo de servir al amo del norte.

Nosotros confiamos en Chávez porque confiamos en nosotros mismos, no tenemos amos del norte, ni servimos al capital, servimos al trabajo de un colectivo unificado con su líder y convertido en bandera revolucionaria luchamos, batallamos y vencemos unidos a nuestro comandante y camarada presidente, siempre conducidos hacia la victoria. Ellos sólo conocen el amargo y seco sabor de una cadena de derrota tras derrota, en su propio terreno, bajo sus propias premisas y artes electorales, allì donde durante mas de un siglo la oligarquía criolla (cipaya de los intereses gringos y europeos) ejerció un poder omnímodo, ahí mismo Chávez les dio durísimo con la zurda en el hígado mil veces, hasta pulverizar para siempre a la clase mentirosa y vendepatria.

Nosotros no necesitamos informes médicos ni explicaciones de nadie para saber de Chávez y de sus dolencias porque son las nuestras y Chávez es nosotros, y nosotros somos Chávez. De tal manera que toda la guerra mediática desatada para desestabilizar y conspirar a favor del caos no va a dar resultados, ese amarillismo forma parte de una estrategia de guerra psicológica para amedrentar y subvertir el orden fomentando salidas extremas. La guerra mediática obedece a intereses de una guerra mayor que usa estos mecanismos beligerantes para producir golpes y debilitar al enemigo: por eso nuestro comandante presidente nos ordeno mantenernos unidos. Nuestra es la responsabilidad de poner en práctica lo que aceptamos en teoría. La consecuencia, la coherencia entre nuestros pensamientos y acciones van a demostrar una tendencia, un horizonte, una senda por la que vamos venciendo batallas.

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