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Un arsenal de medidas utilizadas contra Venezuela
El asedio a Venezuela
Por: Mario Sanoja
Fecha de publicación: 23/12/02
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Cuando el gobierno de alguna nación, sobre todo del tercer mundo, no adopta las políticas económicas, sociales u otras que dicta el bloque de poder transnacional, y decide autodeterminar algunos aspectos básicos de su vida nacional, el castigo puede variar entre el aislamiento político y diplomático básico y su declaración como paria, como paso previo a su derrocamiento.

A Venezuela, donde el Gobierno del Presidente Chávez decidió instaurar reformas sociales que ya existían en los países del primer mundo, el bloque de poder transnacional decidió utilizarla como un campo de pruebas para ensayar nuevos medios de intervención, para neutralizar gobiernos considerados como malos ejemplos. Este campo de pruebas tiene como objetivo no solamente al Gobierno del presidente Chávez sino, principalmente ensayar medidas contra el futuro Gobierno de Lula, ya que la población de Venezuela tiene muchas similitudes sociales, culturales y políticas con la del Brasil.

El arsenal de medidas utilizadas contra Venezuela representa un cocktail de las antiguas intervenciones contra Guatemala, Cuba, Chile y Nicaragua, sazonado con algunas experiencias añosas de la Guerra Civil Española. De esta última, recogieron el concepto y el método de la Cruzada Anticomunista matizada con el fanatismo del Opus Dei y de un sector de la jerarquía eclesiástica católica venezolana. De Nicaragua recuperaron el método de enfrentamiento activo de “La Contra”, incluyendo la formación de grupos paramilitares campesinos y urbanos y el asesinato de líderes campesinos. De Chile, el sistema más sofisticado, recogieron la creación de un frente subversivo integrado por los empresarios y sus aliados sindicalistas, la coalición subversiva de dueños de medios de comunicación nacionales e internacionales, de dueños de bancos y agencias financieras internacionales, de ciertas organizaciones civiles de clase media y, finalmente, la penetración de los mandos militares vía la influencia religiosa, la de los partidos puntofijistas y el soborno, teniendo como última ratio el magnicidio.

El objetivo central de este asedio es desprestigiar a Venezuela y su Gobierno como paso previo al golpe de Estado y la instauración de una dictadura neoliberal apoyada por los gobiernos de Estados Unidos, España, Inglaterra y Colombia, entre otros.

Pocas veces se ha visto en el mundo una intervención tan vergonzosa, ruinosa y cínica contra un país pequeño como Venezuela, con el beneplácito descarado de los cómplices venezolanos. Hasta ahora, los intentos de golpe de Estado han fracasado. La razón es que los planificadores de la intervención, foráneos y nacionales, no actualizaron sus conocimientos sobre al rápido proceso de cambio social que se está dando en Venezuela. Esto les impidió valorar objetivamente la capacidad de organización y movilización política de los sectores populares mayoritarios. Están obnubilados, quizás, por el desprecio racista que sienten por los “monos” de la clase popular venezolana, carentes, según ellos de los más elementales rasgos de civilidad. Basados en esta experiencia negativa, la campaña contra Lula la han orientado más a profundizar la dependencia financiera de Brasil de las agencias financieras transnacionales, bajando el perfil de la intervención directa, sobre todo visto su avasallante triunfo político y la peligrosa configuración de posibles gobiernos reformistas de centro izquierda en Bolivia y Ecuador.

¿Qué pasará en Venezuela?

¿El bloque de poder transnacional propiciará un arreglo político donde se respete la forma de la democracia constitucional, mientras se da a la difícil tarea de organizar una oposición democrática? ¿Triunfará ésta alguna vez? Por la vía electoral quizás, si presentan una propuesta que mejore y haga más efectivo el programa político del Presidente Chávez. Por la vía de la violencia fascista solo lograran acelerar lo que a toda costa han querido reprimir desde hace décadas: la guerra popular y una autentica revolución social.

Este cuadro se hace más complejo, cuando observamos que Venezuela se ha convertido en el campo activo de batalla mundial entre el neoliberalismo neocolonial y la alternativa de países soberanos contrarios a la dominación mundial del gobierno transnacional.

Hasta ahora, el paro empresarial fascista ha servido para estimular en pocos días una conciencia política en la mayoría de la población venezolana, que los partidos de izquierda no pudieron lograr en 60 años de lucha. Por otra parte, ha permitido a la nación venezolana tomar por fin el control, nacionalizar la industria petrolera, cuyos mandos gerenciales estaban en manos de representantes de supuestos venezolanos representantes de las petroleras transnacionales.

El paro empresarial y el sabotaje petrolero están afectando fuertemente a la clase media caraqueña del este de la ciudad, bastión del golpismo fascista. En el resto de Caracas, la vida cotidiana continúa sin los sobresaltos y la angustia que oprime a los que vivimos en los barrios del este de la ciudad. En el resto del país, la vida cotidiana continúa su ritmo normal. Una zona de aproximadamente 100 Km2 del este de Caracas, es el ojo del huracán, realidad particular que la ofensiva mediática, nacional e internacional ha construido como un país virtual.

Ésta es la otra vertiente del golpe: imponer un gobierno mediático que hipnotice la población con un bombardeo de informaciones inconexas y terroríficas, para desarmar su capacidad de raciocinio e implantarle en la mente dos mensajes, dos mantras básicos: Muera Chávez y Fuera Chávez. Ello con el fin de impedir cualquier forma de conciencia crítica entre aquellas personas fanatizadas por el mensaje mediático.

Venezuela es el campo de batalla donde se decide hoy día el futuro del mundo, el futuro de América Latina. Los pueblos lo saben. El imperio lo sabe y - con todo y el poder de su fuerza militar sofisticada - tiene miedo.

Hay que releer a Gibbon, a Toynbee y analizar cómo colapsó el imperio romano: a partir de su periferia. Esta lucha es dura, será dura, pero no estamos solos, no estaremos solos. Estamos viviendo un cambio de Era Universal en la humanidad y le ha tocado a este país y a este pueblo menospreciado, incluso por nosotros mismos, ser la antorcha que encenderá, luego de fieras luchas, el fuego de una nueva sociedad, de una nueva concepción de las relaciones humanas fundamentada en la justicia, la equidad, la libertad y la verdadera democracia.

Amén.
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Mario Sanoja


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