María Corina: He renunciado a ti. No fue posible



Nadie está exento de emitir y articular algunos ruidos para decir una estupidez. Ni siquiera yo, que hay que ver cómo me cuido para no decirlas. ¡Meso mis chicharrones cuando me veo cerca de la frontera de alguna estupidez! ¡Y sin embargo las digo, coño! Eso me ha obligado a pensar, y muy seriamente sin haber concluido aún, que la estupidez resulta inevitable en el humano; y más todavía, en algunos otros humanos, como creía que era el terrible y exclusivo caso mío. Pero siquiera me cuido de decirlas, como enfatizo; hago lo imposible por no decirlas. Y me avergüenzo. En cambio hay algunos ilustres opositores (otros muy exagerados se lo endilgan a la totalidad) que por el contrario se sienten orgullosos de decirlas. Y mientras más patéticas son, se les ve el profundo orgullo, mucho más evidente, que se refleja en sus rostros. ¡Y hasta se ríen, coño! Es desesperante. Algunos dicen que es por inconsciencia. ¡Qué va! Es por desvergüenza, digo yo, cansado de escribirlas, y de avergonzarme. Y no me explico por cierto de quién sacaría Dios la costilla para crear la estupidez. A los investigadores que por favor traten de explicar este enigma de la creación. En fin.

Hay un cargo en la ilustre burocracia de la MUD, denominado: “Coordinador de apoyo a los comicios regionales de la Mesa de la Unidad Democrática”. ¿No les resulta tan rimbombante como estéril, dicha denominación? ¿Y saben quién es el flamante director? Nada más y nada menos que el inefable Antonio Ledesma. Bueno, que para ser justo es de los que, dentro de la MUD, dice menos estupideces empatado creo con esa eminencia que es Julio Borges, quien a lo mejor rectificó su partida para modificar su original apellido de abolengo: ¡Borgia! Por Cesare, y físicamente hasta se parecen. Pues, este director se apareció en Ciudad Bolívar, con el propósito de impugnar las elecciones, junto con Ismael García y Pablo Medina (¡cómo olvidarlos!) para apoyar al candidato presuntamente birlado –electoralmente- que es otro de los grandes: Andrés Velásquez. (Ay, dios mío, qué pléyade”, como decía La Topoya). Gritaron allá a todo pulmón que Rangel Gómez había ganado porque el gobierno dizque había utilizado “chantajes morales”… Bueno, y qué pretendían, ¿que fueran “inmorales” como los chantajes que utilizan ellos? Fíjense el nivel de esta estupidez: ellos han debido decir, que el gobierno utilizaba “chantajes inmorales” para que los electores pudieran entender, que los ”morales”, son siempre los de ellos. ¿Ven? ¿Cómo no van a perder? También que Rangel Gómez era un “gobernador chimbo”, sin reparar en que, lo que resulta chimba, es justamente su esperanza electoral. Ellos no pueden decir esas estupideces, porque se les revierte. Eso no lo recomendaba Maquiavelo. Lo recomiendo yo, y muy humildemente.

Luego sale por allí un abate en Lara, apellidado López Castillo flanqueado por dos “abaticos” con cara de chavistas (fíjense en la manipulación), diciendo cosas mucho más graves: Estupideces falsas, grado superlativo de la estupidez. A saber. Que en Lara se pudo vencer el ventajismo y el dinero, la presión y el odio, cuando hasta en el cielo saben que, el chavismo pretendió sin éxito (por ahora) sacar a un gobernador cuyas características son justamente esas a que hace referencia el abate de marras. Aseveró que los comunistas no creen en Cristo, cuando la verdad revelada es que era Cristo quien no creía en los comunistas; y quizás, porque no los conocía… Que hay por ahí un pergamino del Mar Muerto que dice que Cristo fue el creador del fascismo y que luego de dos mil años se sabe, al leerse en correcto arameo, que el nombre de ese partido, en Venezuela, sería Primero Justicia. Y los “abaticos”, con cara de chavistas que acompañaban al abate, se pusieron de pie, se persignaron, e hicieron una genuflexión ante una bandera amarilla que, si no fuera porque eran de “pelo quieto”, los hubiera despeinado con su flamear… Por último el abate convidó a mirar a los pobres, a destinarle recursos y a estar pendiente de su salud, pero en esta oportunidad los “abaticos” con cara de chavistas no pudieron contener una bulliciosa e indiscreta carcajada, y el abate se arrechó.

Y ahora María Corina esta vez con un rostro dulcísimo, realmente mariano, donde su mirada hablaba de un alma atestada de compasión con el que sufre, y con una paradójica sonrisa de sexísima mona lisa, no dejó desgraciadamente de decir las suyas. Helas aquí: No debe culparse a la gente por las elecciones regionales, porque la responsabilidad es de la dirigencia. ¡Por fin alguien de la oposición asume una responsabilidad! (Aunque no dijo ella, sino la dirigencia, en realidad. Pero en fin, démosle el beneficio de la duda). Y declamó este oxitócico oxímoron: “El silencio del domingo es un grito que tenemos que escuchar, interpretar y honrar”. ¡Qué bárbara! Pero a renglón seguido clama por una salida democrática ya que en este país, mi país y no sé si su país, hay un sistema complejo y perverso que debe enfrentarse, entre lo que se encuentra un pueblo que, por no votar por ellos, resulta lo más perverso de todo. Que debe elaborarse un nuevo memorándum de nuevas condiciones de lucha para no obtener los mismos resultados electorales y para no acudir en los mismos términos… Aquí percibí como un fuerte hedor a guarimba. Que el hecho de que el gobierno hubiera ganado veinte de las veintitrés gobernaciones, no era una demostración de fuerza. Y no hay duda que es así: en vez de una demostración de fuerza, porque este un gobierno ultra democrático, es más bien una demostración de votos… Que los resultados del domingo no podían sorprender porque el sistema electoral es perverso. Y María Corina no gusta de los sinónimos. Es evidente. ¡Y dale con lo perverso! ¡Ni siquiera con malévolo! ¡Qué fijación tan burguesa, coño! En cualquier paso de luna dirá que Chávez es un perverso perverso… Por último expresó que unos resultados tan perversamente rojos-rojitos lo que hacen en exacerbar la crisis política y que por tanto llamaba a la resistencia, a la rebelión y a mantener la esperanza con Andrés Velásquez. Se confirmaba así la agenda guarimbera.

Pero no hay duda que padecen todos de la misma e inútil rimbombancia de lo estéril.

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Raúl Betancourt López


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