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El gran fraude cultural
Por: Edgar Martínez
Fecha de publicación: 25/07/05
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La CIA, organismo estadounidense al servicio del capitalismo mas perverso desde su fundación el 26 de julio de 1947 cuando Harry Truman, presidente de los Estados Unidos, firmó el Acta de Seguridad Nacional que dio vida a la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Comenzó a funcionar el 20 de septiembre de ese mismo año y desde entonces ha estado involucrada en operaciones encubiertas para desestabilizar gobiernos y asesinar dirigentes en países que han pretendido llevar a cabo transformaciones en favor de sus pueblos y en contra de los intereses norteamericanos. Pues hoy, se debate ante una singular disposición de los movimientos intelectuales de nuestra región, en un firme e intenso cuestionamiento, desde el advenimiento a la presidencia de los EEUU de G. W. Bush, tras el descongelamiento de la intelectualidad latinoamericana y por supuesto con la idea de conformar la cristalización del discurso moderno. Hoy, discurso contemporáneo ayudado por una intelectualidad que se desborda luego de la idea de crear una verdadera plataforma regional de una intelectualidad antineoliberal. Para colmo, Bush y sus secuaces han visto el nacimiento de una auténtica gama de criterios, de una verdadera fuerza significativa imbuidos por los ideales liberadores de Bolívar, Martí, Rodó o Vasconselos, quienes soñaron en una América Latina integrada, ilustrada. Ha renacido la energía nativa, de la que tanto habló Pedro Henríquez Ureña en su libro "Seis ensayos en busca de nuestra expresión" (1928).

En octubre de año 2001, luego de una larga investigación histórica relacionada con la influencia de la CIA sobre la cultura a partir de la Segunda Guerra Mundial, sale a la luz pública el libro de Frances Stonor Saunders, denominado “La CIA y la Guerra fría cultural”. En él enjuicia la mitología de la libertad de expresión al demostrar la existencia de campañas secretas de la esta agencia del terror en el campo de la cultura. Este trabajo desenmascara la retórica de la sociedad abierta detrás de la cual comprueba la estafa moral, el engaño, la manipulación y el control informativo y la compra sistemática de los intelectuales, de sus plumas, sus voces y sus conciencias.

Los datos que ofrece el texto, aporta una cantidad enormes de información, sobre los millones de dólares que la CIA ha invertido en sobornos, pensiones políticas, becas y subsidios a congresos, editoriales y revistas independientes, destinados a neutralizar o inducir el quiebre de los intelectuales críticos. Es como una especie de guerra ganada sin disparar un fusil, una guerra pacífica desastrosa y terrorífica contra el surgimiento de una intelectualidad dispuesta a acabar con el imperio de cultural de la globalización. “Es una tercera guerra mundial sin combatir.

Cuando el "New York Times" y otros periódicos airearon públicamente en 1966 el origen de la financiación de aquellos "congresos", empresas periodísticas y promociones editoriales, muchos de los intelectuales "reclutados" pretendieron excusar su participación en las operaciones de la CIA, alegando su ignorancia acerca de la identidad de quienes movían los hilos de esas iniciativas. Resulta difícil entender, sin embargo, que en una época en la que la escasez dominaba hasta en el último rincón de Europa, los intelectuales favorecidos por las preferencias de la CIA no se preguntaran nunca por el origen de la financiación de tanto "festín cultural". Todos los datos ayudan a pensar que la mayor parte de los participantes en la ofensiva ideológica conservadora de la "guerra fría" tenían plena conciencia de quién era el dueño del caballo por el que apostaban. Escritores, filósofos o científicos sociales como Hannah Arendt, Daniel Bell, Isaiah Berlin, Mary McCarty, Sydney Hook, André Gide, Irving Kristoll, Freddie Ayer, André Malraux, Nicolás Nabokov, Jacques Maritain, T.S.Elliot, Benedetto Croce, Arthur Koestler, Raymond Aron, Salvador de Madariaga y Karl Jaspers defendían los "valores de la libertad" de acuerdo con los parámetros anticomunistas definidos por sus benefactores de la CIA Resulta revelador que ninguno de ellos cuestionara con su rúbrica las intervenciones de los Estados Unidos en Irán, Guatemala, Corea, la caza de brujas emprendida por el Senado estadounidense contra intelectuales norteamericanos, las matanzas masivas en la Indochina colonial y Argelia o los linchamientos de negros por el Ku Klux Klan, en el Sur de los Estados Unidos. Hoy, intelectuales latinoamericanos, también gozan de este festín de privilegios dolarizados.

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Edgar Martínez


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