Chávez

¡Y que, ante la Sagrada Faz de RAM, toques con tus manos la Palabra de Vida y recibas tanta fuerza, que te conviertas en su testigo hasta los confines de la Tierra! El Maestre levantó en alto mi nueva espada, manteniéndola dentro de la vaina. Las llamas de la hoguera crepitaron, un presagio favorable, indicando que el ritual debía continuar. Entonces me incliné y, con las manos desnudas, comencé a escarbar la tierra delante de mí.

Era la noche del día 2 de enero de 1986 y nos encontrábamos en lo alto de una de las montañas de la Serra do Mar, cerca de la formación conocida como Agulhas Negras. Además de mi Maestre y yo, estaban mi mujer, un discípulo mío, un guía local y un representante de la gran fraternidad que congregaba las órdenes esotéricas de todo el mundo, y que era conocida con el nombre de Tradición.

Los cinco —incluyendo al guía, a quien ya se le había advertido lo que sucedería— participaban de mi ordenación como Maestre de la Orden de RAM. Terminé de escarbar en el suelo un hueco poco profundo, pero largo. Con toda solemnidad toqué la tierra pronunciando las palabras rituales.

Entonces, mi mujer se acercó y me entregó la espada que yo había utilizado durante más de diez años y que tanto me había ayudado en centenares de Obras Extraordinarias en aquel tiempo. Deposité la espada en el hueco.

Luego, le eché la tierra encima y aplané de nuevo el terreno. Mientras lo hacía, recordaba las pruebas por las que había pasado, las cosas que había conocido y los fenómenos que era capaz de provocar, simplemente porque tenía conmigo aquella espada tan antigua y tan amiga mía.

Ahora sería devorada por la tierra: el hierro de su hoja y la madera de su empuñadura servirían nuevamente de alimento al lugar de donde había extraído tanto Poder…” (El Peregrino — Paulo Coelho, Prólogo). Mientras iniciábamos la lectura de esta obra de Coello, llegaban a nuestros pensamientos Coromoto y la misión que le asignara una pareja de compatriotas indígenas, de la Gran Sabana, en una de sus vacaciones por aquellas ancestrales tierras ubicadas en nuestra bella Patria. Dos espadas, que deben ser entregadas a Hugo Rafael Chávez Frías, para ejecutar una misión que sólo él debe cumplir.

Desde que las recibió, nuestra camarada ha tenido eventos y sucesos que la han sacado de su racionalidad, ya, a comienzos de este año, tenía la certeza de la enfermedad del camarada Chávez. Cerramiento de ciclos y apertura de otros, parecieran ser la clave de las espadas y, su razón de entrega al camarada Chávez.

Hasta Miraflores llegó Coromoto, desde inicios de año, la burocracia que todo lo atiende y nada resuelve se encontró con ella y, hasta allí. Coromoto, sigue con la encomienda entre sus manos, en espera de alguien que, en el alto gobierno o algún familiar del camarada hoy enfermo, le haga llegar la encomienda enviada desde nuestra ancestral Gran Sabana.

Chávez ya es historia, como le dijera Fidel un día, “la historia ya te absolvió”. Como bien lo dice el mismo Chávez, “Chávez somos todos/todas”. Aquel debate histórico del siglo XX entre Pléjanov y Trotski: “Así pues, vemos que, gracias a las peculiaridades singulares de su carácter, los individuos pueden influir en los destinos de la sociedad.

A veces, su influencia llega a ser muy considerable, pero tanto la posibilidad misma de esta influencia como sus proporciones son determinadas por la organización de la sociedad, por la correlación de las fuerzas que en ella actúan. El carácter del individuo constituye un `factor’ del desarrollo social sólo allí, sólo entonces y sólo en el grado en que lo permiten las relaciones Se nos puede objetar que el grado de la influencia personal depende asimismo del talento del individuo. Estamos de acuerdo.

Pero el individuo no puede poner de manifiesto su talento sino cuando ocupa en la sociedad la situación necesaria para poderlo hacer.”(Jorge Pléjanov, El papel del individuo en la historia). Trotski en sus Lecciones de Octubre, nos narra el papel excepcional que jugaría Lenin para la toma del poder en la Rusia revolucionaria de octubre de 1917: “¡Ahora o nunca! -repetía Lenin. A lo cual replicaban los derechistas: “Es un profundo error histórico plantear la cuestión del paso del Poder a las manos del partido proletario con el dilema de “ahora o nunca”. Porque el partido del proletariado aumentará, y su programa se tornará cada vez más claro para masas cada vez más numerosas…Tomando la iniciativa de la insurrección en las circunstancias actuales, podría interrumpir la serie de sus éxitos…Os ponemos en guardia contra esta política funesta”. (“Sobre el momento presente”). (…) Por fortuna, el partido, bajo la dirección de Lenin, liquidó con una actitud resuelta tal estado de ánimo en las esferas directivas, y sólo merced a ello fue capaz de llevar la revolución al triunfo…” (Lecciones de Octubre, Trotski, 1924).

Esa idea, de la importancia que jugara Lenin en el desarrollo de los acontecimientos que condujeran a la Revolución Bolchevique de Octubre, la desarrolla con mayor amplitud en su obra Stalin: “Lenin ejercía influencia, no tanto como individuo, sino como encarnación de la influencia de la clase sobre el Partido y del Partido sobre su máquina. En tales circunstancias, quien trataba de resistir perdía pronto pie. Los vacilantes se alineaban con los de enfrente, y los precavidos se unían a la mayoría.

Así, con pérdidas relativamente escasas, Lenin consiguió orientar a tiempo al Partido y prepararlo para la nueva revolución. Cada vez, que los dirigentes del bolchevismo tenían que actuar sin Lenin incurrían en error, inclinándose por lo común a la derecha. Entonces surgía Lenin como un deus ex machina, y señalaba el camino recto. ¿Significa esto que Lenin lo fuese todo dentro del Partido bolchevique, y los demás nada? Tal conclusión, muy extendida en los círculos democráticos, es sumamente parcial, por ello falsa. Lo mismo pudiera decirse de la ciencia.

La mecánica sin Newton y la biología sin Darwin parecieron no ser nada durante muchos años. Esto es a la vez cierto y falso. Represe la labor de miles de hombres de ciencia sencillos al reunir los hechos, agruparlos, plantear los problemas y preparar el terreno para las soluciones inteligentes de un Newton o un Darwin. Y cada solución, a su vez, afectaba a la labor de otros miles de investigadores modestos. Los genios no crean la ciencia; no hacen sino acelerar el proceso de la reflexión colectiva.

El Partido bolchevique tenía un dirigente de genio, y no por accidente. Un revolucionario de la contextura y los arrestos de Lenin sólo podía estar al frente del partido más intrépido, capaz de llevar sus ideas y acciones a su lógica conclusión. Pero el genio en sí es la más rara de las excepciones. Un dirigente genial se orienta más aprisa, aprecia la situación más plenamente, ve más allá que los otros.

Era inevitable que se abriese una ancha sima entre el líder genial y sus más íntimos colaboradores. Hasta puede concederse que en cierto grado la perspicacia de Lenin actuase como freno sobre el desarrollo de la confianza de sus colaboradores en sus propias aptitudes. Sin embargo, esto no significa que Lenin lo fuese “todo y que el Partido sin Lenin no fuese nada. Sin el Partido, Lenin se hubiese visto tan desvalido como Newton y Darwin sin el trabajo científico colectivo.(…) El líder genial es importante porque, al abreviar el plazo de aprendizaje mediante lecciones objetivas, permite al Partido influir en el desarrollo de los acontecimientos en el instante adecuado. Si Lenin no hubiera llegado a primeros de abril, sin duda el Partido habría ido tanteando su ruta hasta coincidir tal vez con la orientación señalada en sus Tesis…” (Stalin, Trotski).

La Revolución Bolivariana y el pueblo venezolano, hace ya catorce años que dilucidaron ese debate, en la misma línea de Trotski, la experiencia nos ha demostrado el rol del individuo Chávez en nuestra Revolución. Su enfermedad y sus padecimientos, forman parte de la cotidianidad de la inmensa mayoría de las y los venezolanos. Se ha vuelto imprescindible su presencia en nuestros hogares. Es uno más de nuestros familiares y amigos. Chávez se ha vuelto pueblo y, el pueblo se ha convertido en Chávez. Este nuevo padecimiento lo ha evidenciado. En cada rincón de nuestra Patria y, más allá, se reza por la pronta recuperación del camarada Chávez. Hasta el “Pepe” Mujica, actual presidente de la República hermana del Uruguay, viejo militante de las causas revolucionarias y ex guerrillero, ateo por convicción, asistió a una misa a orar por su hermano venezolano. Es el sentimiento que reina hoy en el planeta, la unidad espiritual en vocación por la salud y pronta recuperación del presidente venezolano, Hugo Chávez.

Chávez, hoy por hoy, se expresa en las vidas salvadas por la Misión Barrio Adentro, en profesionales egresados de las universidades creadas en esta Revolución; en las miles de viviendas construidas por la Misión Vivienda Venezuela; en las arepas con que cada mañana nos desayunamos en las Areperas Venezuela; en el petróleo que llena de calor a los ciudadanos y ciudadanas estadounidenses, sobre todo, en esta época del año; en las medicinas que, gratuitamente, reciben miles de compatriotas, dado su alto costo y, sin las cuales su vida se vendría a menos; en los niños que, ahora tienen su canaimita y reciben mejor educación; en las pensiones del seguro social que, cada mes, reciben nuestros abuelos y abuelas, para satisfacer sus necesidades básicas de alimentación y compra de medicamentos; en los nuevos medios de transporte (ferrocarriles, metrocables, trolebús y líneas de metro, construidos y, en construcción); en la unión Suramericana y la paz en la hermana República de Colombia, en eso y mucho más, eso es Chávez. Por eso, decimos y afirmamos que, Chávez es la Revolución, es el Socialismo y, Sí, es imprescindible.

Su sola ida, por unos pocos días y, ya tenemos trabajadores y trabajadoras de galletera Carabobo, reprimidos brutalmente por la guardia nacional y hechos presos dirigentes de la Únete; entrega de viviendas sin servicios básicos; entran en conflicto trabajadores de la Misión Vivienda por falta de pagos; la burguesía se envalentona e incrementa los precios de los alimentos de la canasta alimentaria y, empuja los precios del dólar para propiciar una devaluación.

El país se paraliza, en espera de su vuelta al timón de mando. Cada parte médico del camarada Villegas, nos paraliza las emociones en espera de la palabra esperada por todas/todos: “vuelve a su Patria el presidente Chávez, en plenitud de condiciones y buena salud”…

Postdata: "El hombre es el único ser de la naturaleza que tiene conciencia de que va a morir, por eso —y sólo por eso— tengo un profundo respeto por la raza humana, y creo que en un futuro será mucho mejor que en el presente. Aun sabiendo que sus días están contados y que todo acabará cuando menos se lo espera, hace de la vida una lucha digna de un ser eterno. Lo que las personas llaman vanidad —dejar obras, hijos, hacer que su nombre no se olvide— yo lo considero la máxima expresión de la dignidad humana…” (El Peregrino, Paulo Coello).

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