Chávez: “Nos sentimos de todos los tiempos y de todos los lugares” (I)

Era el año 1994. Específicamente 26 de marzo. El comandante Hugo Chávez Frías fue liberado de la cárcel de Yare, lugar donde permaneció casi dos años recluido por haberse alzado en contra de un modelo político y económico que había implosionado hasta los tuétanos de la gente de este país. Un modelo que bofeteó por décadas la dimensión social, que insistía en reacomodar las variables macroeconómicas con la puesta en marcha de medidas que se volvían un efecto boomerang, tanto para la economía como para la sociedad.

Un modelo que no maduró y se pudrió

Ese modelo fue socavando las bases de un país que llegó a tener otro rostro, una forma de relacionamiento ajena, una vida cotidiana distinta. Tan mellada quedó nuestra estructura societaria que, de forma intempestiva, vimos cómo una serie de acciones -nada cónsonas con el verdadero nosotros- se llevaban la vida de compatriotas... Fue común la práctica de la corrupción y se escuchaba hablar de las tribus judiciales como si se tratara de algo natural… Había una total deslegitimación de los partidos políticos. En esa época era común –y hasta normal- que se hablara de que Venezuela firmaría con el FMI, el BM o el BID (lo cual, de paso, debía interpretarse como un hecho deseable), amén de la desazón existente en cada uno de nosotros, pues el porvenir se pintaba borrascoso.

Contra eso, contra la negación deliberada e interesada de la historia por quienes conducían al país o por las llamadas élites intelectuales. Contra lo corroída que estaba la Fuerza Armada Nacional (institución que Chávez conocía –y conoce- con absoluta propiedad), contra la impunidad y la inmoralidad. Contra eso y muchísimo más se rebeló Chávez el 4 de Febrero de 1992. ¡Por ello, pagó cana¡



Con la bonita libertad

Chávez conoció Cuba

Al tener “la bonita libertad”, Hugo Chávez Frías conoció Cuba.

Fue recibido por el mismo Fidel Castro. Y el 14 de diciembre de 1994 dio un discurso en el Aula Magna de la Universidad de la Habana con el cual atrapó la atención de su audiencia. De manera tal que desde los profesores, pasando por los estudiantes hasta llegar a Fidel Castro, quedaron flechados con lo que en Venezuela bautizaron como “el fenómeno Chávez”.

Esa era la primera vez que, de facto, Chávez viajaba a Cuba, pues en sueños ya había viajado a la isla. Ese día, el 14 de diciembre, cobijado de la entereza que siempre lo ha acompañado, del mismo temple y aplomo, dijo que “desde hace años, decidimos entregarle la vida a un Proyecto Revolucionario, a un Proyecto transformador”.

Esa expresión retumbó en muchos que lo oímos ese día. Yo estudiaba Cuarto Semestre en la Escuela de Trabajo Social de la UCV. El cuerpo se me erizó totalmente: ¡Por fin escuchaba a alguien que se hiciera eco de lo que necesitábamos: transformar el orden existente, el nuestro¡ Se trataba del mismo hombre que en el año 1992 había cautivado el corazón de muchos hombres y mujeres en Venezuela.

El pensamiento del Chávez de entonces en poco se diferencia al del Chávez de ahora. Allí se refirió al árbol de las Tres Raíces, argumentó sobre la imperiosa necesidad de unirnos en un bloque, tal como lo había idealizado Bolívar; aludió la necesidad de transformar al país a través de un proceso revolucionario….

Desde entonces nació una hermosa relación de fraternidad con Cuba que se ha mantenido en el tiempo, como se mantienen los grades amores: incólumes. Eso explica la lealtad que los médicos cubanos tienen hacia ese especial ser humano.

Bolívar, Martí y Aquiles Nazoa

Luego, Chávez espetó sus ideas bolivarianas. “Algún día esperamos venir a Cuba en condiciones de extender los brazos, y en condiciones de mutuamente alimentarnos en un Proyecto Revolucionario Latinoamericano, imbuidos como estamos desde hace siglos en la idea de un Continente hispanoamericano, latinoamericano y caribeño, integrado como una sola Nación que somos”. ¡Nada más visionario que eso¡

Ese día citó a Aquiles Nazoa y a José Martí para referirse a una frase lapidaria que se ha mantenido en el tiempo desde la perspectiva de la praxis: “Nos sentimos de todos los tiempos y de todos los lugares”. La historia ha confirmado la validez de esa expresión, pues así es Chávez: un hombre de todos los tiempos y lugares. Hoy añadiría yo: un hombre que en esos tiempos y espacios infinitos ha logrado posarse en los corazones y en la conciencia del pueblo.

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(*) Periodista. Trabajadora Social. Profesora universitaria


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Marbelys Mavárez Laguna (*)


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