Impudicia y desnudez



Los profundos cambios promovidos por el Presidente Chávez desde su asunción al poder en 1999, han producido drásticos efectos en todos los órdenes de la vida. No escapa el plano afectivo, el territorio de los sentimientos que parece signar el juego político imperante en Venezuela estos últimos años. Suerte de laberinto político-afectivo que nos tiene atrapados en la intolerancia y la confrontación entre actores dominados por la arrogancia y la prepotencia de poseer la "verdad" hegemónica y, por lo demás, incapaces de entender las razones y los derechos del “otro. Y es desde el plano político, específicamente desde la trinchera política, que percibimos, conocemos, evaluamos, sufrimos, amamos, odiamos y muchas cosas más.



Es a partir del 2000-2001, cuando se consolida la propuesta política de Chávez y también cuando se inicia el fin de la luna de miel. Medidas tales como las Leyes habilitantes y el Decreto con Fuerza de Ley Orgánica de Hidrocarburos, marcan la ruptura política definitiva y de allí en adelante, parafraseando a Marina y López (Diccionario de los Sentimientos), la historia es “en gran parte la historia de los fueros y desafueros de las pasiones”. Y no se trata de pasión contemplativa, es pasión destructiva lo que signa el juego político. Se legitiman, en ciertos sectores de oposición, prácticas que expresan la creencia en la eliminación física del "adversario" como única vía posible de "solventar" las diferencias entre los grupos.



Entre 2002 y 2003 se produce “la reacción del viejo orden” y la oposición transita rutas no democráticas -sucesos de abril, huelga y paro petrolero-en la intención de suprimir al adversario, Chávez y su proyecto. Ante las sucesivas derrotas, se producen los primero casos de impudicia y desnudez política en el país. La oposición queda desnuda en sus miserias humanas tal como lo recogen los medios de comunicación social. Derrotada en sus intentos de derrotar, incluyendo la vía electoral, invoca la irracionalidad y fuerzas sobrenaturales. Derrotada también en el terreno mágico-religioso apuesta, amparada en sentimientos inexpresables, a la salud de Hugo Chávez.



Amanece el domingo 9 de diciembre con la noticia de la reaparición de células malignas y la inminente intervención quirúrgica. Se desatan las pasiones y se celebra en la oposición. Asistimos atónitas a la impudicia, la miserable desnudez y la ausencia de grandeza.

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Maryclen Stelling


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