Un hombre

Un continente, un país, un llano, una familia, uno de varios hijos, una infancia, un llamado, un uniforme, una vocación de servicio, tres patrias que le duelen (un planeta, un continente latinoamericano, un caribe joropero), una ideología no rígida, una fe profunda desprovista de oropeles ni fanfarria, un amor repartido entre millones, una decisión corajuda, dos palabras convertidas en santo seña (por ahora) una cárcel enriquecedora, más que una intuición, una llamarada popular, una universidad para las masas, millones de adeptos, millones de palabras y de gestos sembrados por doquier, una consecuencia revolucionaria, muchos obstáculos (de fuera y de adentro) un reguero de conciencias que se esparce por una patria grande, una profunda lealtad a un antecesor tan leal y todavía más visionario que él , un milagro representado por un enriquecimiento cultural palpable en medio del poder, un partido político instrumental, un partido político definitivo, una conciencia unitaria, un jefe de estado que nunca dejó de ser un hombre de pueblo, un enemigo de frente, sin problemas para mañana estrechar la mano al adversario, un amigo leal, a veces en exceso, una ausencia de dobleces, una alegría y un fervor contagioso, un cazador de ideas, sólo para repartirlas a los demás, muchos maestros: Jesús, Bolivar Miranda, Sucre, Zamora, Lenin, Fidel, El Che, Mandela, Allende, otros que mi memoria no atrapa, dos manos generosas, limpias de sangre y de mugre, un ser colmado de realidad y esperanza, una sonrisa infantil ( por su capacidad de asombro), un optimismo contagioso y porfiado, un atrapador de oportunidades y no obstante una falta de sentido del tiempo, un presidente con el agua hasta el ombligo en medio de la inundación, un hombre a quien Fidel enseñó a dormir muy poco, un padre cariñoso y un abuelo chocho, un demócrata profundo que acepta sus derrotas, un raro estadista, comprometido primero con los pobres y después con los pobres, un mandatario cuyos éxitos a corto plazo se encuentran sustentados por una fe a largo plazo, un enfermo con dignidad, dueño exclusivo de los secretos de su organismo, un grito de dolor por la tumoración mil veces reprimido, una señal de honda confianza a quien, también de madura sien, siempre le demuestra lealtad y desapego por el poder, un soldado y un revolucionario a cabalidad, que no avanza al vaivén de las olas, siempre dueño de su destino y esclavo de su deber, quien otro que HUGO RAFAEL CHÁVEZ FRÍAS.


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