CRBZ ante el difícil y complejo escenario

¡A Chávez amor y lealtad! ¡Con el pueblo luchar y luchar!

Los tiempos que vive la Revolución bolivariana en Venezuela, corren raudos y en medio de fuertes torbellinos. Una vez logrado el triunfo electoral presidencial el día 7 de octubre pasado, se despejaba un momento crítico de confrontación con el bloque contrarrevolucionario, colocando a las fuerzas del bloque bolivariano en condiciones favorables para avanzar en la profundización y radicalización del emprendimiento histórico trasformador que lidera el Comandante Hugo Chávez.

La situación política se centraba entonces en dos objetivos inmediatos: el cerco y neutralización de los enclaves de poder contrarrevolucionarios regionales, mediante la conquista del triunfo electoral en las gobernaciones el día 16 de diciembre próximos (principalmente las “joyas de la corona”, es decir Miranda, Zulia y Carabobo) y en la apertura de una disputa más enconada el interior de las filas del chavismo, con el reposicionamiento de las corrientes internas en función de la direccionalidad inmediata de los ritmos y formas que debía adquirir la disputa por el Poder en Venezuela. Específicamente, la disputa reformismo/revolución y la lucha en contra de los cinco molinos, ubicadas en torno a los temas que se había logrado posicionar como los principales, la transición hacia el estado comunal, la lucha por la eficiencia y la eficacia, y el impulso de la democracia participativa.

Sin embargo, la historia nos hizo una mala jugada. El elemento de la salud del Comandante Hugo Chávez, que ha estado latente desde hace casi dos años como un fantasma que se percibe al acecho, se agravó repentinamente y a tal grado, que se ha convertido hoy en el único tema político nacional prioritario. Para nosotros los chavistas, no es sólo un elemento emocional duro, trágico que nos acongoja, sino que, su presencia física es aún hoy día la única garantía en la direccionalidad estratégica y la centralidad táctica del proceso. Chávez es el líder, jefe y conductor de esta revolución, de talante ético e ideológico nuestro americano, continental e internacional. Es el resumen histórico de todas nuestras luchas, es la columna vertebral unificadora de un proyecto de unidad nacional e internacional. Es el cemento que articula las subjetividades de millones de pobres, de ciudadanos dignos, nacionalistas, progresistas y revolucionarios, de diversidades multinacionales y multiétnicas, es la síntesis de las aspiraciones y esperanzas de millones que se lanzaron a “tomar el cielo por asalto”.

Muchos compañeros y amigos insistirán en la fragilidad que supone construir revoluciones basadas en liderazgos unipersonales y en la mentada y cuestionada carencia de una dirección colectiva que garantice la continuidad de las luchas, todo eso es muy cierto, pero son asuntos que no se decretan ni se definen teóricamente. Son construcciones históricas concretas, que no obedecen sólo al reconocimiento de tal necesidad, sino a procesos concretos de acumulación y construcción de fuerzas, que trascurren según la realidad específica y aún en Venezuela y en Nuestra América, nos queda un largo trecho para avanzar en la conformación de las mismas.

Chávez es elemento unificador de los revolucionarios, pero también el único elemento unificador de la contrarrevolución, vaya paradoja, la incertidumbre nos golpea a los revolucionarios y deja huérfanos a los contrarrevolucionarios.

En estos días aciagos, tristes, grises debemos tener la suficiente cabeza fría para pensar con racionalidad, y en ese entendido, podemos visualizar hoy dos grandes escenarios. El primero, con el Comandante derrotando a la muerte, aunque sea “por ahora”, lo que le permitiría a la Revolución bolivariana asegurar su unidad de dirección y conducción, su coherencia y despliegue acelerado en la profundización y radicalización del proceso. Sabemos que el Comandante no podrá estar públicamente a la vanguardia. Chávez hombre, necesita descanso, necesita tiempo para sí, para la vida. Que hombre es capaz de soportar cuatro cirugías oncológicas en un año y medio y continuar a la vanguardia? No hemos sido lo suficientemente revolucionarios para exigirle al Jefe, al Comandante que descanse, que se recupere. Le hemos visto como una figura sobrehumana a quien le exigimos por el contrario, que agote su vida para darnos lo que nosotros debemos hacer.

Con Chávez recuperado, en un necesario proceso de repliegue que asegure su rol de dirección y conducción estratégico-moral del proceso, podemos ganar el tiempo que permita asegurar las bases políticas y organizativas para el futuro inmediato y mediato.

El segundo escenario es la ausencia definitiva del Comandante, en este caso, los riegos y amenazas que se asoman son de consecuencias imprevisibles. Entraríamos en un momento de suma fragilidad que obligaría a “hacer de tripas corazón” y medir con mucha cautela los pasos a dar, siempre en el entendido que la revolución bolivariana hay que defenderla hasta con las uñas, porque aquí se juegan los destinos de Nuestra América.

Más allá de estos dos escenarios, los revolucionarios debemos pasar a la vanguardia. Entender que la unidad es un patrimonio construido a lo largo de 20 años, que no se trata sólo de la unidad política, sino de la unidad nacional, para lograr la construcción, la liberación nacional y el socialismo. En éstos 20 años el avance en la conciencia política de nuestro pueblo ha sido enorme. Hemos aprendido a ser libres, soberanos, hemos conquistado derechos y hemos logrado hacer del socialismo una consigna unificadora. Nos hemos resituado luego de 200 años en una empresa nuestro americana, espacio territorial, demográfico, cultural identitario. Lo acumulado y construido tiene un carácter histórico. Se trata entonces de continuar avanzando, de obstruirle el paso a reformismo y al defensismo que ya aparece en los discursos que hablan de “defender lo conquistado”. Nosotros debemos erigirnos en los continuadores del discurso del Comandante, no se trata sólo de defender y consolidar lo conquistado, se trata de proseguir el avance hacia el socialismo, en lo ideológico, en lo político, en lo económico, en lo cultural, en lo organizativo, en lo militar.

Esto pasa por enfrentar la realidad con madurez, concibiendo la Revolución como el arte de sumar y sumar fuerzas, evitando a toda costa el vanguardismo infantil que tienda a la ruptura interna de las fuerzas del proceso o al aislamiento suicida. Debemos aprender a lidiar con las particularidades (rentismo y sus efectos) y diversidades que son propias de nuestro proceso, incluidas en ellas, las corrientes burocráticas y reformistas. El enemigo se encuentra en la otra acera, es el bloque oligárquico-burgués, es la contrarrevolución y el Imperio. No podemos perder la visión estratégica y el análisis detallado y correcto de nuestra realidad.

La unidad construida por el Comandante Chávez es un patrimonio colectivo de la Revolución bolivariana, más allá de errores y deficiencias, de contradicciones y sectarismos. La revolución es un proceso histórico, por lo tanto no existe el determinismo, ni el avance lineal. Son las contradicciones las que permiten el desarrollo, y está en el arte de los revolucionarios determinar correctamente sus cualidades.

Nuestro camino está señalado. Nuestro Sur, es la revolución socialista en el marco de Nuestra América. Es la construcción del Poder Popular socialista como piedra angular de este y que se manifiesta en el desarrollo del Estado comunal. Más que nunca los revolucionarios debemos desarrollar nuestra vocación de poder y abandonar el conformismo con lo constituido. Es desde abajo y ascendiendo, ocupando todas las trincheras y colinas posibles, que le iremos dando forma y desarrollo al Poder Popular Socialista. Espacios públicos y no públicos, institucionales y de hecho, es la constante acumulación y construcción de fuerzas sociales concretas, en los espacios campesino, de trabajadores, estudiantiles, culturales, en los espacios geográfico-territoriales comunales, todo ello con un discurso cada vez más nacional articulado desde los frentes específicos.

Estamos obligados a un enorme salto cualitativo, a emprender la revolución entre nosotros para cristalizar la Revolución en Venezuela. Esta “revolución entre nosotros” nos obliga a combatir la flojera y el comodismo, a rebelarnos ante la administración de lo cotidiano, a impulsar el estudio, la audacia, el trabajo colectivo, la iniciativa, la creatividad. A concebir el proyecto histórico que encarnamos con profunda vocación de poder.



La vocación de poder no implica enloquecerse por puestos en la administración formal, se trata de concebir al Poder Popular socialista como el espacio de ejecución de las políticas revolucionarias y desarrollar iniciativas de conquista de espacios formales funcionales a este diseño. Se trata de concebir la política como instrumento para la disputa del poder, de desarrollar el discurso, el lenguaje como una narrativa cada vez más nacional, se trata de convertirnos en actores políticos protagónicos, en representación de los sujetos sociales de los cuales estamos hechos.

Tenemos la acumulación y construcción de fuerzas para ello. No nos falta la decisión, sino la elaboración de una táctica política que permita desatar todas las potencialidades y energías en función de claros objetivos. Nos falta la coherencia colectiva para impulsar desde todos los frentes las políticas definidas con contundencia y radicalidad.

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A Chávez: amor y más amor, lealtad y mas lealtad.

Con el Pueblo luchar y luchar para avanzar.

Seamos como CHÁVEZ CARAJO.

CHÁVEZ es Comuna o Nada.

CHÁVEZ VIVIRÁ, LUCHARA Y TRIUNFARA CON EL PUEBLO

Ahora más que nunca: no podemos optar entre vencer o morir, necesario en Vencer



CORRIENTE REVOLUCIONARIA BOLÍVAR Y ZAMORA

CRBZ

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