Chávez, la historia te absolverá

Todos esperamos su regreso, ojalá que habiendo finalmente exorcizado ese mal tan característico de la era industrial. De hecho, el cáncer ha progresado exponencialmente durante el siglo XX y se estima que los casos de cáncer deberían aumentar en un 75% a escala mundial de aquí al año 2030. Pero lo sustantivo, aún con todo lo que podamos valorar a nuestro líder, no es precisamente el afecto que le profesamos por su abnegación, incorruptibilidad y arrollador carisma, sino su magnánima contribución al salto cualitativo que ha dado Venezuela en todos los ámbitos durante los años en que ha ejercido la máxima jefatura y, correlativamente, al avance sin precedentes del proceso de independencia e integración de Latinoamérica. En efecto, fue su profundo amor por Venezuela y en particular su inquebrantable solidaridad con sus desheredados, como diría Frantz Fanon, lo que natural e inexorablemente le proyectó como líder latinoamericano y más allá como personalidad de renombre internacional. En lo que representa un itinerario muy poco común, el niño inquieto de Sabaneta superó el estigma de la pobreza y la exclusión para convertirse en un gran líder, pero al mismo tiempo en un verdadero filósofo social, capaz de analizar las contradicciones de su tiempo y proponer a la humanidad en su conjunto un camino viable hacia otro mundo posible.

Quien suscribe tiene suficiente edad para afirmar que Venezuela era un país desconocido para la mayoría de los habitantes de la tierra. Para los escasos autores extranjeros que escribían sobre Venezuela, se trataba de un folklórico petropaís, donde coexistían insolentes oligarcas, políticos corrompidos, sofisticados consumidores improductivos y una gran masa inculta y amorfa, obligada a urbanizarse abruptamente para escapar a la pobreza. Ahora Venezuela se perfila como una potencia emergente, sobretodo en el plano ético y moral.

Salvando las distancias, Chávez es una suerte de Sócrates moderno, cuya contribución al desarrollo del espíritu humano ha consistido en ser un guía, un fiel acompañante de sus discípulos y de los desposeídos, dispuesto a sacrificar la vida por sus ideas y convicciones. Al igual que Sócrates, Chávez no dejará a la posteridad, en la infortunada hipótesis de que desaparezca, una exhaustiva obra escrita. Su obra es de naturaleza testimonial, como lo ha sido también la de Fidel, Che Guevara, Martin Luther King, Patricio Lumumba, Nelson Mandela y Malcom X, entre otros. No sabemos qué le deparará el porvenir a nuestro presidente-comandante, porque los infinitesimales azares de la biología siempre podrán terminar dándonos la fatal bofetada de la selección natural. Aunque todos ansiamos su pronto retorno y recuperación, el momento es oportuno para detenernos y reflexionar un instante sobre la inmensidad de Chávez. Cuando en un futuro no muy lejano los historiadores hagan el balance de estos años de voluntad de independencia y desarrollo en Latinoamérica, todos se darán inevitablemente cuenta que Chávez habrá marcado las ondas largas de la historia, las mismas que subyacen a lo aparente y ordinario, las mismas que provocan la iridiscencia de los océanos, las mismas que prefiguran un mundo de justicia y libertad para la humanidad.

Larga vida entonces para Chávez, quien a pesar de este difícil trance de su accidentada y fructífera trayectoria ya se ha convertido en una conciencia universal. Nos ha salvado de la mediocridad y la funesta inercia que nos había mantenido encadenados. Parafraseando al camarada Fidel, podemos afirmar sin ambages que ya la historia lo ha absuelto, consagrándolo como un hito en la gran batalla por un mundo alternativo.

Fausto Fernández Borge
Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Jordania
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