La “Pobre ciencia” de Fuenmayor

En su escrito el ex-Rector no se pregunta porqué y para qué Venezuela debe perseguir el mito del desarrollo, ese mito que ha convertido en basureros nuestros océanos y que se logra con base en la pobreza y miseria de las mayorías excluidas del mundo. Tampoco valora que en la Revolución Bolivariana se debata un modelo socioeconómico alternativo al del saqueo y la opresión de determinadas potencias sobre pueblos y naciones. Antes que reflexionar con la profundidad que amerita el tema, se queda enredado en relatos que se aproximan a rumores, sin fechas, pruebas, datos...

Pasajes como “parece ser que el nuevo satélite Francisco de Miranda es incompatible con los equipos de recepción del Centro Venezolano de Percepción Remota (CVPR)” demuestran que se trata de un ataque sin ideas a unos funcionarios. No existe un “para qué” de nada, mucho menos de los proyectos que menciona como olvidados.

Para esta gente que monopoliza la verdad, que parte de lo comprobable, que profesa neutralidad, el problema radica en funcionarios y en medias verdades. Y tales funcionarios seguramente responderán con más mitos y el peloteo dejará, como siempre, a la gente de a pie en medio.

No hace falta ser un letrado para saber que intentar hablar de ciencia en Venezuela es un asunto serio. Lo es porque “proyectos que realmente propongan una salida del subdesarrollo y la dependencia” no se proponen a partir de chismes y conjeturas, sino poniéndose a la altura que el actual cambio de época exige. Seguramente en su imaginario esta patria superará la dependencia manteniendo la misma estructura vertical y feudal de la universidad europea o norteamericana, eso sí, los referentes no deberán ser extranjeros sino el mantuanaje impregnado de esos mismos modelos privativos, acumuladores y elitescos de generación y acceso al conocimiento. El mismo imaginario de desarrollo que propone energías alternativas pero no reducir la energivoría en la que se fundamenta el crecimiento que queremos mantener.

El problema planteado es en manos de quién marcha la ciencia en Venezuela, habla de “graves limitaciones de conocimientos” pero no dice cuáles son esos conocimientos, ojalá no fueran los que eficientemente convierten el alimento, agua y aire en porquería y mercancía, esos conocimientos que, disfrazados de neutrales, sirven a las corporaciones que quiebran bancos, lanzan gente a la calle, financian guerras y se mean en el alma de cualquier nación que se proponga ser digna. Pudiéramos decir que “dignidad” es lo que él llama “complejos y resentimientos académicos y sociales” o “ideologizaciones absurdas”

Se refiere a una institución "insignia de los gobiernos adecocopeyanos" sin cuestionar cómo ésta apuntala la reproducción del modelo capitalista, que él mismo tilda de “agonizante”, ni cómo nuestra ciencia dedica sus esfuerzos a combatir las consecuencias de la crisis sistémica mas no las causas de la misma .

Pone en juego su seriedad al mencionar hechos que no puede probar o cuantificar, menciona al poder popular solo para decir que desconoce un proyecto internacional que no ha comenzado, sin preguntarse si ese mismo poder popular conoce los proyectos o instituciones existentes y que también son financiadas por el Estado, o al menos lo que él mismo hace. Sería interesante que quienes informan al Profesor Titular sobre tal desmantelamiento institucional convocaran al debate a las autoridades encargadas del tema, pero sus puntos de agenda giran en torno a los proyectos que no son seleccionados en las convocatorias a proyectos PEII.

Cual autoridad universitaria de antes y ahora, el autor no debate, no pregunta, no inquiere, solo juzga y dicta sentencia.

Así como el capitalismo dilapida y destruye el portentoso potencial de conocimiento de las mayorías humanas, así como sólo emplea una parte muy reducida, aquella que le interesa para asegurar su acumulación, así mismo las universidades alineadas a ese sistema devastan la parte restante al darles la espalda. El imaginario tipo Fuenmayor obvia a los analfabetos absolutos y funcionales (que han de ser pocos en la Venezuela bolivariana) y a quienes esa “actividad envidiable en cualquier parte del mundo” permite saber lo básico para mantener su capacitación laboral, abandonándolos a la ignorancia y/o enfermedad una vez expulsados del mercado de trabajo. Tal imaginario le teme a que se popularice el poder emancipador del conocimiento , no por odio social, quizás, sino porque no lo ve y como no lo ve no existe.

Diría Ramón Mendoza: “Que los briosos músculos de la invención colectiva se disparen para que nazca el asombro que nos haga enterrar para siempre el hambre, el miedo y la ignorancia, santa trinidad que nos acompaña desde los inicios en este planeta.”

Un artículo que es una excusa para insultar a políticos que manejan instituciones, en las que él con sus “conocimientos” desearía dar órdenes y directrices, es algo que casi nadie lee, a algunos nos queda algo de tiempo para hacerlo...

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