Oración y acción

Me detengo en el rostro de Nicolás, en las ojeras de Nicolás, en los dedos tensos de Nicolás. Escucho la voz de Nicolás, de barítono a bajo, con esfuerzo visible para no quebrarse.

Me detengo en los rostros de quienes tienen la responsabilidad de conducir la nave en medio de la incertidumbre, doblegando las propias para ahuyentar espantos.

Me detengo en el esfuerzo ejemplar del presidente. La palabra dolor aflorando por primera vez en sus labios para referirse a sí mismo. Nunca antes, salvo para las circunstancias nacionales.

Me detengo en la visión de la noche que lo eleva por los aires, y lo devuelve de madrugada para que de madrugada parta otra vez a encontrar la oscuridad de la anestesia. Me detengo en el rostro desencajado de García Carneiro, con las venas del cuello a punto de estallar por la emoción contenida.

Me detengo en las ocho estrellas de ese avión en el que quisiéramos estar millones de venezolanos y latinoamericanos, y ciudadanos de buena voluntad de todo el mundo, para atender, con los cuidados heredados de nuestros padres y abuelos.

Me detengo en el Cimeq, frente al cual varias veces hemos pasado, en nuestras andanzas habaneras, camino de Jaimanitas.

Me detengo precisamente en La Habana. Allí están concentrados los pensamientos de todos: Los de quienes queremos al presidente Chávez y los de quienes no también. La Habana, de tan abierta al mar, los recoge todos para que Oyá haga viento sobre los adversos y los disuelva, como los difíciles nudos que se soplan en su nombre, y para que Yemayá, la madre de las madres, acoja los buenos y los acune, bañándolos con el agua del mar en el que habita junto a Olokun, dueño de las profundidades marinas y dador de salud en situación extrema.
Me detengo en mi creencia, en esa fusión fértil de santos y de orishas, de mi adorada Virgen del Valle y de Obatalá, sabio y recto, trabajando para preservar la vida como el todavía no suficientemente valorado Albert Schweitzer, el Oganga de Gabón.

Me detengo en la lectura de los mil artículos concentrados, emotivos, racionales, apasionados, desafiantes y hasta llorosos en Aporrea.org. Me detengo en el llanto y el coraje de un pueblo bueno por naturaleza. Me detengo en mi propia historia, en mi propio llanto y en mi propio coraje.

Y vuelvo al inicio. Vuelvo hacia el rostro de Nicolás Maduro para constatar la entereza de su compromiso.
“Duro y complejo” dijo. Duro y complejo el proceso post operatorio del presidente. Duro y complejo el proceso de asimilación por parte de la grey.

“Oración y acción”, también dijo. Cabeza fría y corazón ardiendo, como enseñó Guevara, el heroico
Me detengo en mi madre y su corte de estampitas: Mano Poderosa, José Gregorio, el Corazón Sagrado de Jesús, las Tres Divinas Personas y, claro, la amada patrona marinera Virgen del Valle. Mi madre siempre nos enseñó que a las situaciones difíciles había que mirarlas de frente, que la esperanza entrañaba otras posibilidades y que era mejor, siempre, la fe.

Por eso estas líneas hoy andan por el me detengo en la plegaria. Mil disculpas si esperaban otras letras.

Decía el Buen Pastor, al que me siga nada le faltará

Decía Alí: La Patria es el hombre

Dijo Nicolás: Oración y acción, conjugando las circunstancias.

Me detengo a mirar el horizonte. Espero con fe: Fe comandante.


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