Rupturas y secuencias

A cerrar filas en defensa del proceso revolucionario bolivariano

La coyuntura política actual nos obliga a todos los revolucionarios a cerrar filas en defensa del proceso revolucionario bolivariano, de manera que éste pueda mantenerse y profundizarse en beneficio del pueblo venezolano. Este es el momento en que debemos declinar posiciones sectarias o personalistas y demostrar hasta qué punto somos realmente revolucionarios, puesto que el proyecto bolivariano liderado por Hugo Chávez requiere de una acción unitaria y de una mayor responsabilidad de parte de todos, independientemente de todas las fallas, deficiencias y omisiones observadas desde el momento en que éste se pusiera en práctica, lo cual debe reflejarse en los resultados electorales de este 16 de diciembre.

Resaltamos, por tanto, que los hombres y las mujeres que han apoyado al Presidente Chávez y al proceso revolucionario tienen ante sí la tarea de trabajar por una unidad orgánica en torno a lo que aún esté pendiente por hacerse para alcanzar la transición hacia el socialismo bolivariano, teniendo como principal soporte al poder popular. De ahí que cada uno debe recapacitar respecto a si es revolucionario o no continuar con posiciones personales que contradicen el propósito fundamental de la revolución socialista y, en consecuencia, hacer posible cada día esa unidad orgánica que hará irreversibles los cambios habidos en nuestro país bajo el liderazgo de Hugo Chávez. Este sería entonces el mejor momento para que todos nos hermanemos en profundizar dichos cambios, enarbolando la bandera de la unidad revolucionaria y generando espacios de mayor organización, participación y protagonismo del pueblo venezolano en vez de continuar con los viejos esquemas políticos del pasado. Esto último tiene que orientarse a la conformación de un Estado de tipo comunal que sustituya en todas sus expresiones al viejo Estado burgués-liberal institucionalizado por la democracia representativa durante cuatro décadas consecutivas, cuestión ésta que no podrá hacerse si se continúa eludiendo un debate serio y permanente junto con los sectores populares.

De igual forma, se necesita que haya una revisión objetiva y exhaustiva de las distintas gestiones de gobierno y cuál ha sido -hasta ahora- su contribución real para adelantar esa transición hacia el socialismo revolucionario que muchos invocan y alaban, pero que todavía se mantiene en un estado larvario, lo cual debiera preocupar a toda la gente revolucionaria y progresista, ya que pudiera facilitar el retorno al poder de quienes adversan abiertamente el proceso revolucionario bolivariano. De esta forma, podremos implementar medidas conjuntas que permitan obtener una mayor eficiencia y calidad revolucionaria en las instituciones públicas, sin las alcabalas burocráticas que todavía sobreviven en ellas y que restringen enormemente la acción del poder popular.
Asimismo, la actual coyuntura política exige la mayor movilización posible de los revolucionarios para evitar que todo este proceso revolucionario caiga en el vacío, desperdiciándose así catorce años de protagonismo popular y de confrontación abierta con las clases dominantes y el imperialismo yanqui. De ahí que se necesite (con sentido de urgencia) la producción de propuestas revolucionarias de alto contenido popular y socialista, ya que no podemos ni debemos actuar en razón de antipatías o simpatías que estarían contribuyendo así a la victoria final de los grupos contrarrevolucionarios.-

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