Carta de un abuelo al niño Jesús: “Que Chávez regrese sano y salvo”

Ya lo sé, Señor…ya lo sé…

Otra vez haciendo el ridículo.

Tú sabes bien que solo soy un pobre viejo, en donde el tiempo de los juguetes pasó para mí…

Con la tercera edad a cuestas, la misma que en estos días tocó mi puerta, y gritándome sin misericordia, que el futuro dejo de existir para mí y solo tengo derecho (y si acaso), a un presente que poco a poco se irá diluyendo.

Difícil etapa de la vivencia humana…

Donde las órdenes se transforman en obediencia, en una extraña metamorfosis, donde el cuerpo también se revela ante nosotros y no queda otra cosa que obedecer…

Si deseamos correr, las piernas no obedecen…

Si queremos leer, nuestros ojos se niegan a dicha tarea y debemos recurrir a externas ayudas…

El sueño…

Ha, el sueño…

Pasa de ser placentero, a llegar cuando a él le da la gana…

Muchas veces se marcha por las noches y nos obliga a sentarnos en la cama suplicando su presencia, para después burlarse de nosotros, cuando representamos el burlesco espectáculo de dormirnos en cualquier lado, por su llegada inesperada………..

Digo yo?…

Si un día nos revelamos, de esas reglas no escritas pero obligados a obedecerlas, seguramente nos tildan de viejos locos…

¿Quién invento la regla que las cartas al niño Jesús, son solo para los niños?

Por qué mejor no nos ocupamos de que lleguen todas, y olvidamos aquello, de que la mayoría de las veces las misivas de los más pobres, no llegan a las manos del que envía los regalos…

Hoy he decidido, mandar todas esas vivencias obligadas, al mismo saco donde habitan la mayoría de las cosas que olvidamos, que nos hacen temer lo que muchos llaman, el principio del Alzheimer…

Y a los que me niegan el derecho de soñar, también los mando pal el infierno…

¡Y en mi delirio, le doy rienda suelta a la alegría!

Y el recuerdo de la vejez, escapa por todos lados…

Y en mis sueños…

Nuestro cacique ancestral Guaicaipuro, lo diviso parado en todo lo alto del Salto Ángel, ordenando a la Pachamama que el fruto de la vida florezca de sus entrañas, para que nuestro Hugo se nutra de la misma…

Y un gigantesco estruendo que seria la envidia del propio Catatumbo, se oye en todo Canaima, cuando nuestras guacamayas intentan el vuelo todas a la vez, como si nuestras aves escucharon el llamado del gran cacique y vuelan todas juntas en ayuda de nuestro compañero.

Y olvidando a lo de “loco”, me veo en la gran sabana cabalgando con Maisanta y Florentino, rodeados de interminables bandadas de turpiales, yendo todos a rendirle tributo al malherido…

Mientras de todos los caseríos salen niños, hombres y mujeres para acompañar al compañero que les dio todo…………

Cuando el amanecer que llega con el sol en el horizonte, intentando volverme a la realidad, con mis lágrimas que surcan mi rostro…

Dos palomas blancas llegan a mi ventana…

Una con un olivo en su pico…

La otra con un mágico mensaje…

“Tienes razón abuelo, no solo los niños pueden escribirme en Navidad”

“Tu comandante será sanado”

Solo me quedo, romper a llorar…

VIVIRAS COMPAÑERO MALHERIDO…

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