Satyagraha

El Inmortal Paro de diciembre de 2002 y enero de 2003 provocó pérdidas difíciles de calcular. Hay quienes señalan que las petroleras alcanzan los $ 20 millardos. Pero hay que añadir la cantidad de pequeños negocios clausurados, por amenazas violentas o porque los centros comerciales cerraron sin consulta con los locales afectados, que perdieron la mercancía adquirida para esas Navidades, los alquileres (que no les eximieron), los salarios, los impuestos, etc. Muchos quebraron y proliferaron tabiques ornamentales que enmascararon los locales vacíos. Pocos años después nos propinaron la famosa cuña de la carnicería. El dineral represado por los bancos, especialmente el Venezolano de Crédito, que cerró durante todo ese tiempo, incautando la propiedad privada de su clientela. Las horas y horas que no se trabajaron en las empresas que cerraron, porque no fue la clase obrera la que las paró; fue lo que llaman un lock-out, es decir, una huelga empresarial, o sea, terrorismo gerencial.

Lo que hubo que importar en gasolina, alimentos, medicinas. Las horas y horas perdidas en colas para conseguir bombonas de gas doméstico, gasolina, alimentos. Las personas afectadas y fallecidas por falta de atención médica, algunas atascadas con su ambulancia en una urbanización arbitrariamente sitiada o por falta de gasolina. Las pérdidas de las emisoras golpistas por la suspensión de comerciales y lo que tuvieron que pagar por la «donación» de las cuñas golpistas. La gente que fue despedida ante el descalabro económico por una apuesta política pésimamente calculada. Las reparaciones que hubo que hacer a las instalaciones petroleras destrozadas. El desorden macroeconómico causado por esta perturbación inútil: oportunidades económicas fallidas, desempleo, inflación, baja del PIB, etc.

Y el daño moral y emocional. Todas las tardes un parte de guerra transmitido en cadena y la zozobra causada por la difusión de mensajes de violencia durante 24 horas diarias. O, como diría Manuel Rosales: «Las 24 horas y de noche también». El estrés, el insomnio, las personas con alguna afección emocional que perdieron la razón o cayeron en depresión profunda, porque lo del llamado «estrés postraumático electoral» no es nuevo. ¿Lo volverán a causar el 16 de diciembre? Denunciar fffRRRaude e invitar a votar es como convidar a ver un juego arreglado. Pero divago.

Todo eso y más que se me escapa o no cabe aquí causó la oposición en esos dos meses.

¿Cómo lo enfrentó la nación? Como siempre, con paciencia, que también puedes llamar resistencia pasiva si quieres, la de Henry David Thoreau, la de Mohandas Gandhi, la de Martin Luther King. Gandhi la llamó satyagraha, que es también el nombre de una larga ópera del gran minimalista estadounidense Philip Glass.

Nadie asaltó Plaza Altamira, salvo un enajenado mental desconectado de toda realidad. Nadie tomó por violencia las instalaciones petroleras saboteadas. La recuperación de los tanqueros pirateados se hizo en orden y paz, como todo.

Así como la Unesco declaró a los Diablos Danzantes patrimonio cultural mundial, así debiera ponernos en la lista de pueblos que han aplicado con éxito la resistencia civil pacífica.

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