Acerca de la nueva propuesta comunal

Un sector del gobierno con el presidente Chávez a la cabeza ha vuelto al tema de “la Comuna”. Esto fue suficiente para que la MUD echara a un lado sus mojigaterías sobre el “diálogo nacional” y la democracia, regurgitando el contenido de un plan anticomunista contenido por mucho tiempo, para tranquilidad no sólo del señor Aveledo, sino de los sujetos más vergonzosos de la derecha como el binomio Márquez-Petkoff.

Dice Marx en el Manifiesto Comunista de 1848 (*) “un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el Zar, Meternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes”. 164 años más tarde, sin avanzar un milímetro en la modernidad, la derecha venezolana en pleno hace su propia santa alianza contra las ideas de la Comuna.

(*) V. Manifiesto Comunista. Editorial Tambor de Amalivaca, 2000 p53

En relación a esa santa alianza criolla podríamos decir algunas cosas, que si bien no alcanzan los sucesos europeos del siglo 19, valen para los propósitos de nuestro trabajo. Tomemos el caso de la oposición venezolana y sus aspavientos a propósito de la propuesta nacionalista sobre el poder popular y las comunas. La MUD acusa al plan comunal de Chávez nada menos que de ¡comunista!, desarchivando las tácticas del benemérito Rómulo Betancourt contra el movimiento revolucionario de los años sesenta. Con esa posición los jefes de la “Mesa de la Unidad” demuestran una ignorancia supina sobre el tema comunal, sobretodo parecen ignorar el hecho de que las comunas existen desde hace mucho tiempo en países capitalistas como Chile, Francia, Argentina y otros.

En esa onda confesional, destaca el práctico desenfado del Alcalde Gerardo Blyde. Nuestro Alcalde pierde toda la compostura frente a la moderada propuesta comunal del gobierno. Nervioso el señor Blyde lanza su retahíla contra el Estado y las masas, acusando a ambos de llevar el asunto al “centralismo puro” y dictatorial. De centralista –acusa Blyde- irán al asambleísmo popular, de allí a una odiosa participación de masas incultas y finalmente al alineamiento gubernamental. (V. El Universal 18.11.2012)

Nuestro hombre dándose aires de libre pensador francés, pronuncia en contraste un discurso oscurantista digno de Savonarola, tanto, que sólo excita al dueño de Globovisión y naturalmente a Ismael García, lo cual es suficiente para medir el atraso del pronunciamiento del señor Blyde.

Por su parte García, sin desmerecer su conocida ignorancia teórica, famosa desde su militancia en el MAS, decide asustar a los cuatros asistentes del foro opositor gritando que la comuna “es simplemente la instauración del comunismo”. No fue el único en expresar tal barbaridad. El gobernador del Zulia Pablo Pérez, defendiendo su honor puntofijista, también dio un alerta, indicando la intención del gobierno de eliminar alcaldías y gobernaciones, instituciones a la que tanto esfuerzo dedicaron en sus buenos tiempos AD y Copei. (V. Diario 2001 18 de noviembre 2012)

Otro afectado del Opus Dei de Primero Justicia, el Alcalde del Municipio Sucre Carlos Ocariz, igualmente revela en el reaccionario y pesado Universal, que la idea chavista persigue “controlar a las comunidades”, como si no fuera eso lo que él hace como Alcalde. (El Universal, 18.11.2012)

En el orden final de tanto atraso -pero sólo después del cuestionamiento a las comunas de Botti y Fedecámaras- permite la burguesía que hablen los tarifados del capital. Toca entonces el turno a economistas y panfletistas del sistema. En esa línea el antiguo masista Emeterio Gómez, más reaccionario que la señora Corina Machado, le corrige el discurso advirtiendo que el Estado Comunal no es “una especie de comunismo, es, el comunismo más radical que puedas imaginarte lo que se nos viene encima”. Descubrimiento espectacular que lleva hasta el paroxismo a la panfletista Marta Colomina, quien, de inmediato, pidió el voto de la bancada franquista contra “la barbarie roja del 16 D” (El Universal 18.11.2012)

Como vera el lector, la derecha venezolana y no exclusivamente por terror electoral, ignora y reduce el asunto de las comunas al peor plan marckartista de los años cincuenta. Cualquier lector sensato sabe que se trata de otra cosa. De un tema más que interesante frente al evidente fracaso mundial del capitalismo y de la burocracia del capitalismo de Estado. Ciertamente interesante, aunque ello depende del enfoque conceptual que se haga sobre el sistema comunal.

A la luz de este escenario, los socialistas, las corrientes del marxismo leninismo deben tener perfectamente claro la cuestión comunal. No confundirse con la trajinada filosofía de “cambiar todo” para que nada cambie. Esa conducta llevaría también el plan comunal, al mausoleo de las grandes iniciativas masas asesinadas por burócratas, funcionarios e instituciones calcificadas dentro del proceso, donde yacen desde aquellas remotas Juntas Pro-Mejoras del 58, hasta círculos bolivarianos, comités de planificación, mesas técnicas y otras valiosas creaciones populares enterradas por la derecha y no sólo la de afuera.

Para los marxistas, para el proletariado, la Comuna tiene un carácter histórico de clase. Su primera manifestación, 1871 la conocida Comuna de Paris. Durante la Comuna de Paris la clase obrera, a la cabeza del enardecido pueblo francés, se hizo del poder hastiado de la explotación burguesa que recién instalada en una parte de Europa, le aterraba los avances del proletariado.

La burguesía europea había concluido su revolución burguesa de 1789, en “santa alianza” con la derrotada aristocracia feudal. Contra eso irrumpe la Comuna obrera de 1871. En sus escasos tres meses de poder, el proletariado presenta y aplica un programa de Estado revolucionario, con 13 puntos que pasan el poder directo al pueblo: disuelve el viejo y corrompido ejercito permanente de las clases dominantes; crea las milicias y el poder popular; ocupa las empresas, instaura la elección y revocatoria directa de los funcionarios que no cumpliesen sus funciones, masifica la educación y la salud gratuita etc.

No es pues un simulacro participativo sino un verdadero poder popular directo. Visto desde otro ángulo, sabemos que el sistema comunal en el transcurso histórico ha servido en ciertos períodos a las revoluciones liberadoras para instaurar un sistema de producción enlazado, participativo y colectivo, por ejemplo en Vietnam o Cuba. Pero también ha servido al capitalismo liberal para beneficiarse de cierta forma de desarrollo económico, como los casos comunales de Francia, Argentina, Chile y demás experiencias liberales del capital. Ninguno de esos casos ilustre profesor Emeterio “es comunismo”

Para el Partido Revolucionario del Trabajo (PRT), el debate revolucionario sobre la Comuna -si realmente queremos ligarlo a nuestro programa de octubre e incluso de alguna manera, a las 5 líneas nacionalistas del programa bolivariano de Chávez, particularmente al pronunciamiento anticapitalista del punto 2- debe plantear en firme la demolición final del Estado, cuyas estructuras creadas en el año 58 por el capital monopolista y los partidos del Pacto de Punto Fijo se mantienen en condiciones políticas muy distintas. Abolirlo, proponiendo la creación de un nuevo Estado popular revolucionario, que bien puede iniciarse con la disolución de los monopolios privados y el desarrollo de un plan integral de comunas, y aún así ilustre Profesor, eso tampoco “es comunismo”

Para ello se hace necesario revalorar al papel de la lucha de clases dentro del proceso revolucionario. Sin ese reconocimiento no se podrá aplicar un programa estructural anticapitalista, menos aún disolver los monopolios privados, liquidar el latifundio e imponer la capacidad dirigente del proletariado.

El siguiente señalamiento de V. Lenin viene ahora al caso. En su crítica al renegado alemán K. Kautsky que desconoce la lucha de clase, dice Lenin “…Los demócratas pequeños burgueses, estos seudo socialistas que han sustituido la lucha de clases por sueño sobre la armonía de las clases, se han imaginado la transformación socialista también de un modo soñador, no como el derrocamiento de la dominación de la clase explotadora, sino como la sumisión pacífica de la minoría a la mayoría” (V. Lenin El Estado y la Revolución, ediciones UBV, junio 2006)

El reformismo venezolano y latinoamericano hace otro tanto, nuestros nacional reformistas sueñan imaginando un socialismo de brazos con Fedecámaras. Nada haremos en el debate sobre las comunas, organizando una ruidosa algarabía comunal sobre el socialismo, que desconoce la lucha de clases, que soslaya al movimiento obrero, que se simplifica así misma ignorando la polarización política existente en Venezuela, cuya tendencia se hace mundial a causa de la crisis histórica del capitalismo.

Actuar de esa manera equivale arrojar el proyecto de la Comuna a las garras de la burocracia y del reformismo, camuflado en las alcaldías, gobernaciones y ministerios. Sería condenar el nuevo plan al mausoleo de la buenas intenciones, a proyectos de masas que participativos, hechos de abajo-arriba, embriones de una política revolucionaria de nuevo tipo, terminaron extinguidos, reducidos a gestiones administrativas elementales, al tareismo electoral y muchas otras limitaciones, que si bien valen para ciertas funciones básicas de la comunidad, están muy lejos del sentido político y estratégico que requiere un sistema comunal revolucionario y alternativo a la decadencia capitalista.

La Comuna de organizaciones populares existentes, consejos comunales, mesas técnicas, comités de tierras, misiones y otros, pueden constituirse con una visión distinta en los embriones de un nuevo Estado. Como tal pueden desarrollarse. Las asesinaríamos si reducimos su función solamente a la administración de tal o cual presupuesto reivindicativo, si las condenamos a limpiar escaleras, impermeabilizar techos o a desgastarse en las comidillas y rivalidades dentro del “Partido”.

Para nosotros el desarrollo de la Comuna, como una síntesis de las organizaciones de masas surgidas al calor de la lucha de clases en Venezuela y Latinoamérica, es un antídoto contra la burocracia y el oportunismo de estado. Pero ¡cuidado! con las maniobras de la vieja ideología de ordeno y mando incrustadas dentro del proceso, que hace culto al institucionalismo tradicional, reproduciéndose incesantemente en escuelas, universidades, ministerios, partidos y sindicatos del proceso.

De entrada aparece en las “Leyes del poder popular” una contradicción in situ entre la ley de Comuna (Título II. 2011) y el “Poder Público”, que en general representa la mentalidad del obsoleto Estado que muchos quieren dejar atrás. La experiencia indica que el segundo puede aplastar por recursos y tradición al poder comunal.

Los aportes de la Ley en materia de Parlamento Comunal; Banco Comunal -que no debe auto-bloquearse en función micro financieras-, de seguridad comunal; contralorías; órganos de planificación; incluso de ¡carta magna! o del nuevo orden administrativo, autogobierno etc., indican, aunque en forma no especializada, rudimentaria etc., las base de un nuevo orden de dirección político social, un “Estado en miniatura” participativo y directo que puede perfectamente ser desarrollado a gran escala por el movimiento revolucionario y el pueblo.

Otto Van Der Velde
 


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