El Espejo, No. 3. Contraeditorieando a los medios.
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1. Salvajismo
Tal Cual. Editorial, 31 de julio.
Esos salvajes que agreden a la gente en la llamada "esquina caliente",
en el parlamento, en Puente Llaguno o en el TSJ, son enviados por el gobierno?
¿Sí o no? Este es un asunto que exige una rápida
respuesta. Porque si son organizados, financiados y teledirigidos por
algún funcionario gubernamental, estaríamos en presencia
de una grave, inaceptable e intolerable vulneración de los derechos
ciudadanos. Que en Puente Llaguno se haya instalado una "alcabala"
que decide quién puede o no puede pasar hacia Miraflores es no
sólo un atropello sino una violación del derecho de libre
tránsito por el territorio nacional garantizado por la Constitución.
¿Qué autoridad nacional o municipal ha dado permiso a esos
tipos para impedir el paso de otros ciudadanos por ese sitio? ¿Se
amparan los miembros de esa banda en alguna autoridad legal? ¿Se
sienten guapos porque están apoyados? El gobierno nacional debe
responder sobre esto porque en ningún país democrático
es admisible que el gobierno constituya bandas que usurpan la autoridad
legítima y actúan con violencia contra los ciudadanos. Ningún
gobierno puede utilizar a los fines del orden público organismos
distintos a los policiales. Si lo hace no puede quejarse de que quienes
se sientan agredidos decidan responder en la misma forma y se generalice
la violencia. Si el gobierno cree que apadrinando pandillas de salvajes
asusta a sus opositores, se equivoca de medio a medio. Violencia llama
violencia y si el gobierno, que debe ser el garante del orden público,
propicia la violencia, abdica entonces de una de sus principales atribuciones.
Porque, entre otras vainas, uno paga impuestos para poder caminar relativamente
seguro por las calles, protegido de unas bandas de tonton macoutes como
los de Duvalier, que actúan impunemente porque son del gobierno.
Pero si la respuesta es que esas son bandas fuera de todo control gubernamental
y que operan por su cuenta, pues peor aún, porque ello revelaría
que este gobierno ya no tiene autoridad ni para que sus acólitos
le obedezcan. Si este se ha vuelto un país donde cualquier pandilla
de energúmenos puede actuar impunemente, sin que autoridad alguna
los someta, entonces es que ya no hay ley y cada quien está autorizado
a defenderse por su propia cuenta. El hampa ha impuesto toque de queda
en las barriadas populares, infestadas de cobradores de peaje y otras
delincuencias. Las urbanizaciones tienen todas sus calles cerradas por
casetas de vigilancia. ¿Nos obligarán los delincuentes "bolivarianos"
a desplazarnos por las calles de la ciudad con guardaespaldas, para protegernos
de sus ataques, en vista de que las autoridades constituidas se hacen
las locas? Esta vaina es más grave de lo que parece. Sean o no
dirigidas por el gobierno estas bandas de cayaperos cobardes, a éste
le toca impedir que continúen con sus prácticas agresivas.
Porque el orden público es su asunto y si no puede garantizarlo,
¿para qué lo queremos?
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2. Embusterismo
El Espejo. Contraeditorial, 31 de julio.
Esos periodistas y editores que agreden a la inteligencia de la gente
desde los llamados "medios de comunicación", en sus editoriales,
en los (des)informativos de televisión o en las revistas, son enviados
por los golpistas? ¿Sí o no? Este es un asunto que exige
una rápida respuesta. Porque si son organizados, financiados y
teledirigidos por algún conspirador de turno, estaríamos
en presencia de una grave, inaceptable e intolerable vulneración
de los derechos democráticos. Que en la prensa se haya instalado
una "alcabala" que decide que puede o no puede considerarse
la verdad es no sólo un atropello sino una violación del
derecho de libre acceso a la información y a la libertad de expresión
garantizados por la Constitución. ¿Qué autoridad
moral o jurídica ha dado permiso a esos tipos para impedir la expresión
de otros ciudadanos por esos medios? ¿Se amparan los miembros de
esos medios de manipulación en alguna autoridad legal? ¿Se
sienten guapos porque están apoyados? Los dueños de las
empresas de comunicación deben responder sobre esto porque en ningún
país democrático es admisible que los periodistas y editores
se constituyan en bandas que usurpan la voz legítima de los ciudadanos
y actúan con violencia contra la verdad. Ningún sector social
puede utilizar a los fines de sus intereses políticos medios distintos
a los democráticos. Si lo hace no puede quejarse de que quienes
se sientan agredidos decidan responder en la misma forma y se generalice
la violencia. Si los golpistas creen que apadrinando pandillas de analistas
y periodistas embusteros asusta a sus opositores, se equivoca de medio
a medio. Violencia llama violencia y si los editores, que deben ser los
garantes de la libertad de expresión, propician la mentira y la
violencia, abdican entonces de una de sus principales atribuciones. Porque,
entre otras vainas, uno compra periódicos para poder tener acceso
a una versión relativamente cierta de los hechos, protegido de
unas bandas de propagandistas como los de Goebbels, que actuaron impunemente
porque eran fascistas.
Pero si la respuesta es que esas son bandas fuera de todo control de
los medios y que operan por su cuenta, pues peor aún, porque ello
revelaría que esos medios ya no tienen visión de la verdad
ni autoridad para que sus periodistas y editores obedezcan los mínimos
principios de ética profesional. Si este se ha vuelto un país
donde cualquier pandilla de energúmenos puede inventar la información
impunemente, sin que autoridad alguna los someta, entonces es que ya no
hay comunicación social y cada quien está autorizado a decir
los embustes que le venga en gana por su propia cuenta. Los medios han
impuesto toque de queda en la comunicación social, infestada de
mentirosos y otros manipuladores. Las comunidades tienen todas sus propios
medios de informarse, cerradas por casetas de vigilancia. ¿Nos
obligarán los periodistas "democráticos" a comunicarnos
por las calles de la ciudad sin acudir a los kioskos, para protegernos
de sus ataques, en vista de que las empresas de comunicación constituidas
se hacen las locas? Esta vaina es más grave de lo que parece. Sean
o no dirigidas por los golpistas estas bandas de comunicadores embusteros,
a los dueños y editores les toca impedir que continúen con
sus prácticas agresivas. Porque el ejercicio de la comunicación
social es su asunto y si no pueden garantizar el ejercicio de la libre
expresión y el derecho a la información, ¿para qué
los queremos?
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Editor El Espejo (el-espejo.editor@mail.com)
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