Sathya Sai Baba, Maestro espiritual de la India a los 87 de su nacimiento, dejó una huella inmensa en la humanidad

Hablar de Sathya Sai Baba luego de su fallecimiento hace año y medio en un mundo dominado por el materialismo, los intereses, el escepticismo, el miedo y lleno de contradicciones, cuesta. Más cuando es un mundo donde la verdad espiritual está fragmentada y el camino al conocimiento es dominado por corrientes, para las cuales, lo único que existe es lo que se puede ver y medir. Donde, además, se desconfía de los valores humanos pensando que estos no dan dividendos. Y, si a esto añadimos que las certezas se han echado a un cesto de basura porque todo es relativo, podremos imaginar lo difícil que puede ser hablar de un Ser que durante ochenta y cinco años sembró Amor desinteresado, invitándonos a conocer la Verdad que representaba Su nombre mientras estuvo en su cuerpo físico y desde que lo dejó hace más de un año, sigue con nosotros extendiéndonos su amor en todos los terrenos.
Ciertamente en medio de esta complejidad, que aparenta un caos, existió en esta tierra este Ser que atrajo a millones de hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos desde que El tenía 14 años. De chico se cuenta que ya comenzaba a materializar objetos, entre ellos caramelos y pequeñas figuras, para jugar con sus compañeros. También que cuando nació, instrumentos musicales se escucharon tocar solos y una inmensa cobra apareció en su aposento. En la India este animal es considerado sagrado, como un símbolo de sabiduría.

El lugar donde vivió y recibió a todos sus devotos, que se conoce como Prasanthy Nilayam, fue construido gracias a donaciones de todas partes del mundo. Está ubicado en un pueblecito llamado Puttaparthy, que en su inicio era una pequeña aldea y ha crecido estimulado por la afluencia de millones de personas que van en peregrinación durante todo el año. Allí se pueden ver rostros de todas las latitudes y de todos los rincones de ese inmenso país, llamado también Barat por su nombre antiguo.

Sathya Sai Baba impulsó la creación de más de cien escuelas gratuitas en todas partes del mundo donde se imparte una educación inspirada en un programa creado por El, basado en valores humanos, a través de técnicas como el teatro, la meditación y el silencio, herramientas para la formación de hombres y mujeres íntegros, que no teman mirar hacia dentro y que al mismo tiempo estén en capacidad de devolverle a la sociedad lo que han recibido a través del servicio.

Podríamos decir que a través de este programa educativo se comienza a resolver la contradicción entre el bienestar individual y el colectivo, falsa creencia que tanto dolor de cabeza ha traído a la humanidad. En Venezuela se encuentra una de ella, en Abejales, edo. Táchira y sus más de un centenar de estudiantes pueden dar fe de ello.

Además de esta inmensa obra, en la India Sai Baba, como cariñosamente le llamaron sus seguidores, promovió la edificación de hospitales, universidades, escuelas primarias y secundarias, todos gratuitos y algo aún quizás más novedoso, una inmensa construcción hidráulica para el tratamiento de las aguas dirigida a buena parte del sur de la India, donde centenares de aldeas, las más humildes fueron beneficiadas, salvando miles de vidas gracias a que ya no deberán  consumir agua contaminada.

Y si esto fuera poco, el Avatar de la Era Dorada, como también se le conoce, despertó a través de sus milagros, la fe dormida en millones de seres humanos, que al estar sólo en su Presencia y al ser testigos de miles de testimonios, comienzan a aceptar la existencia de otras realidades no tangibles, a obtener respuestas para la pregunta ancestral de quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos. Sai nos habló con gran franqueza, de forma sencilla y nos señaló el camino ya abierto por Jesús de Nazareth, cuando nos dijo que no vino a fundar una religión sino a recordarnos lo que es el Amor.

En el párrafo siguiente podremos leer directamente una pequeña muestra de su mensaje:

“La vida es un mosaico de placer y dolor — la pena es un intervalo entre dos momentos de alegría. (…) No hay rosa sin espinas; el recolector diligente evita las espinas y recoge las flores. No hay abeja sin aguijón; lo ingenioso es cosechar la miel de todos modos. Los problemas y trabajos te perseguirán. Pero no debes permitir que te desvíen del camino del deber y la entrega. Hoy el mundo está afligido por la ansiedad, el miedo, la depresión, el odio, la codicia y la sospecha. La única manera en que se puede arreglar el mundo es que el ser humano se dé cuenta de su elevado destino; ya que todo hombre anhela dos bienes: alcanzar la alegría y huir del pesar” .

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