Conquistar a la clase media

Un territorio que la revolución no ha logrado conquistar es la clase media a pesar de los grandes esfuerzos en obras, reivindicaciones, conciencia, propaganda y políticas que les beneficien. Paradójicamente este sector de la población parece inclinarse a la veneración y defensa del sector que lo oprime y abusa de él.

Esta forma de pensar apunta a que la revolución y los revolucionarios están haciendo todo bien para conquistar a la clase media pero los medios privados (expertos en manipulación) lo están haciendo mejor y este ingrato sector de la población no se deja enamorar por más bienestar que se le dé. Este pensamiento autocomplaciente ha regido las políticas comunicacionales, prueba de ello es el enorme esfuerzo que se hace en mostrar la obra del gobierno revolucionario mientras el opositor de a pie, lo ignora, lo niega, lo minimiza o peor aún, se beneficia de ellas sin que esto cambie su opinión.

Einstein dijo que no se puede resolver un problema usando la misma forma de pensamiento que se tenía cuando el problema se creó. Así que veamos todo desde otro punto de vista. El gobierno ha conquistado fuertemente a las clases populares tradicionalmente oprimidas no en lo material sino en lo espiritual. Resulta que la casa, el CDI, el colegio, el Mercal, las Canaimitas, y todas las demás misiones, obras y políticas, no son más que formas de decir “Me importas, creo en ti y en tu futuro” a quien tradicionalmente había recibido un mensaje de la sociedad que decía “No encajas, no sirves, no existes”. Este contraste es muy poderoso y logra amor inmediato e irrestricto a Chávez y a la revolución.

Pero la clase media y media alta opositora no vive una realidad similar, no entiende de reivindicaciones pues nunca fue invisibilizada, y siempre aspira a pertenecer a la clase alta o al menos aparentarlo. La gente en esta clase defiende lo que admira, quiere ser o parecerse a sus ídolos, quisiera poseer y ostentar como lo hace el explotador, este es su ideal, por eso lo defienden a pesar de ser explotados.

Pero si miramos más adentro lo que realmente quiere esta clase es simplemente aceptación y reconocimiento. Lo que anhelan es sentirse importantes, ser tomados en cuenta y poder ser reconocidos y admirados, aceptados y respetados por la sociedad que les rodea. Por otro lado nosotros hemos proyectado el paradigma de lo que odian. Cada vez que piensan en un “chavista” imaginan un hombre o mujer de apariencia descuidada, desaseado, flojo, mal hablado, mal educado, acrítico, no pensante, vistiendo símbolos de la revolución a toda hora, ostentando riqueza que no ha trabajado. Por ello los opositores de clase media, prefieren no ver los beneficios de la revolución. Si los aceptan podrían terminar convenciéndose de que la revolución es buena y temen convertirse en algo que repudian, hay mucho de egoísmo en todo esto y por esta razón es que pueden incluso ser beneficiarios discretos de las misiones pero jamás quieren ser determinados “chavistas”. Para ellos la palabra “chavista” es algún tipo de insulto, lo sé por experiencia, me han tratado de insultar de esta manera.

Entonces ¿Cómo se conquistan las clases medias? Debemos reorientar nuestras políticas comunicacionales. Dejar de enfocarnos un poco las obras en sí y más bien mostrar a la gente que las hace posible. Transformar radicalmente el estereotipo del chavista. Mostrar al revolucionario como lo que es; una persona educada, honesta y trabajadora bien alimentada, saludable, joven, aseada, y formada en lo técnico, ético y estético, inteligente, pensante, con un discurso amplio, elocuente y original no consignatario ni caletrero. Tenemos pocos ejemplos de gente así de brillantes. Pues tenemos que formar más y mejores cuadros revolucionarios integrales para hacer y mostrar, tenemos los recursos para hacerlo. Yo estoy seguro de que si le damos a las clases medias algo que puedan respetar y hasta admirar y destruimos definitivamente ese erróneo estereotipo que tienen de nosotros entonces cada vez más opositores manipulados pero de buen corazón empezarán a sentir que ser “chavista” no es tan malo como ellos creían y al mismo tiempo enviará a nuestras bases el mensaje de que para ser chavista hay que ser culto, sano, equilibrado y formarse integralmente y cultivar tanto lo que se es como lo que se proyecta.

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