Hoy amanecí con ganas de maldecir a unos cuantos

1

Sentado estoy en silencio. Mis ojos fijos frente a una superficie blanca que espera por mí, por mis ideas, por mis palabras. Es duro pensar que en el instante preciso cuando se intenta tejer algunas frases, algunas imágenes con qué expresar un estremecimiento, en ese justo momento, hay niños, hay madres que sucumben bajo un fuego asesino que desciende sobre la tierra de sus ancestros. Al momento de escribir estas líneas, son más de cien los palestinos que han fallecido producto del bombardeo israelí. Una “operación de defensa”, aluden las voces del cinismo. La muerte es un instrumento de los sionistas, solo una de las herramientas del Estado israelí, que mantiene con crueldad un sometimiento, una laceración que destruye las esperanzas palestinas de una vida digna.

Un pueblo prisionero e indefenso, sometido al horror de uno de los sistemas militares más poderosos del planeta, alimentado por el aparato tecnológico-armamentista estadounidense y protegido por la diplomacia de la Unión Europea, vetusta burocracia que ostenta el Nóbel de la Paz.

2

El rey de España, Juan Carlos de Borbón, es monarca del patetismo. Lo demuestran sus palabras decadentes como los anhelos imperiales. Su majestad se arropó con la constitución de 1812, como si aquella hubiese sido una carta de libertad para ambas orillas del Atlántico; nostálgico y manso, el rey no habló con su arrogancia rezagada, mucho menos mandó a callar a ningún Presidente, su abolengo solo le alcanzó para una lisonjera parodia, aterciopeladas palabras como manto que cubre las roturas de las vestimentas reales. “Nuestras miradas se vuelven hacia vosotros”, dijo el monarca, “necesitamos más Iberoamérica”. Solo que un pequeño descuido atacó a su majestad, olvidó el detalle de mencionar a los 6 millones de desempleados que dejó la vorágine capitalista en su reino, el estado amnésico fue más allá, no mencionó en sus embadurnadas palabras que el gobierno de Rajoy navega en la falacia de ayudar a los banqueros a salir de la crisis que ellos mismos construyeron, a costa de los ciudadanos y sin alterar ni una coma de los dictados neoliberales que llevaron a España a la debacle económica. Tal parece que la sensatez y la realeza no están de moda en el viejo continente.

3

El Socialismo es en esencia sublimar lo humano por sobre todas las cosas. Reconocer el derecho a la vida de todo ser, el derecho a la existencia digna. Es doloroso e insoportable todo cuanto niega o empobrece el derecho de vivir en paz. Se me dirá que en Venezuela hay todavía muchos ladrillos por colocar, aun padecemos secuelas del sistema inhumano del capital, cierto es, pero también es verdad que existe en nuestra tierra un impulso transformador. Camus habló de “El hombre rebelde”, aquel que al hacerse consciente de la realidad injusta, la juzga y se rebela contra ella, como una potencia de lo humano se estremece y trata de estremecer a cuantos lo oigan. Por eso, en lugar de maldecir, prefiero decir la verdad ante las ambiciones vetustas, lo que envilece la existencia, unas veces a través de la economía, otras por medio de bombas; todo para mantener o expandir el dominio y privilegios de una vieja casta o abrogarse derechos divinos por encima del inconmensurable dolor de un pueblo.

Héctor Padrón
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