Los Consejos Comunales

Los Consejos Comunales son una asociación libre, revolucionaria nacida de la organización espontánea del pueblo y formando, por su existencia misma, la más categórica protesta contra la burguesía explotadora. Sería absurdo esperar que los partidarios de la autonomía de las colectividades del pueblo abdicaran de sus sentimientos y de sus ideas para aceptar la tiranía de la burguesía explotadora fascista imperialista. Los venezolanos estamos por la libertad y no consentiremos jamás ver en el Poder a otro representante que no sea el Comandante Chávez al frente del Estado dirigiendo la Revolución Bolivariana.

Desde que el Comandante Chávez ordenó al pueblo organizarse en comunas para discutir el Segundo Plan socialista de la Nación 2013-2019 y convertirse en defensores de sus propios intereses haciéndose solidario de sus actos y reivindicando para la clase trabajadora la gloria de aquel llamamiento de carácter social, la burguesía de todo el país y sus representantes políticos, declararon abiertamente la guerra al Comandante y a la Revolución, guerra que antes se hacia de una manera sigilosa, embozada. Esta guerra se acentuó de una manera notable al tomar el pueblo masivamente la citada discusión para integrarse y participar con sus propuestas en la conducción del Estado. Se tramó entonces una conjuración con el objetivo de combatir al Comandante acusándolo de autoritario y violador de la Constitución, pero en realidad, para destruir la organización amenazadora de los Consejos Comunales. En esta conjuración entraron desde los chavistas sin Chávez, la quinta columna, los célebres puntofijistas y sus derivados, hijos predilectos de la “libertad” y del imperialismo, hasta los medios comerciales de comunicación escritos, radio, Tv. y opinadores de oficio. Conjuración alentada y protegida por la burguesía imperialista y sus servidores, que ven en la nueva marcha emprendida por el pueblo y la Revolución el fin de su dominación y la perdida de sus privilegios de clase.

El Comandante alertó a los revolucionarios del propósito que animan a los enemigos declarados y encubiertos de la Revolución; pero poco a poco, y a merced de toda clase de intrigas, buscan introducir el desorden entre los revolucionarios, pretendiendo los conjurados intrigantes destruir una admirable organización, hecha para la lucha por la emancipación del pueblo y fiel expresión de las necesidades de esta lucha, con la abstención de las masas en materia política, la autonomía de las instituciones, el antiautoritarismo, la anarquía y demás zarandajas burguesas, tratando de lograr dividir al pueblo en dos fracciones distintas y paralizar el movimiento más grandioso que hasta hoy se ha conocido en Venezuela, posterior a la Independencia.

En su lucha contra el Gobierno Bolivariano, de la burguesía y el imperialismo; el pueblo no puede obrar como clase si no se constituye en comunas propios, distinto, opuesto a todos los viejos partidos políticos formados por las clases poseedoras. Esta constitución del pueblo en Consejos Comunales es indispensable para asegurar el triunfo de la revolución y de su objetivo supremo, la abolición de las clases. La coalición de estas fuerzas ya obtenidas por las luchas económicas debe servir también de palanca en las manos del pueblo en la lucha contra el poder político de sus explotadores. Los señores de la tierra, los banqueros y el capital se sirven siempre de sus privilegios políticos para defender y perpetuar sus monopolios económicos y sojuzgar el trabajo, por lo cual la conquista del poder político es el gran deber de los venezolanos…

Las aspiraciones del pueblo no pueden tener más objeto que el establecimiento de una organización económica absolutamente libre, fundado en el trabajo y la igualdad de todos y absolutamente independientes de la burguesía y que esta organización en consejos comunales no pueden ser más que el resultado de la acción espontánea de los trabajadores, de los cuerpos profesionales y de las comunas autónomas. Consideramos que toda organización política burguesa no puede ser más que la organización de la dominación en provecho de la clase explotadora en detrimento de las masas.

La libertad y el trabajo comunal son la base de la moral, de la fuerza, de la vida y de la riqueza del porvenir. Más el trabajo, si no está libremente organizado, se vuelve opresivo e improductivo para el trabajador, y por eso la organización del trabajo en consejos comunales es la condición indispensable de la verdadera y completa emancipación de la clase trabajadora. Sin embargo, el trabajo no puede ejercerse libremente sin la posesión de las materias primas y de todo el capital social necesario y no puede organizarse sin el apoyo económico del Gobierno Revolucionario, para emanciparse de la tiranía política y económica, para conquistar el derecho de desarrollarse completamente dentro de todas sus facultades.

Todo Estado, es decir, todo gobierno y toda administración de las masas populares, de arriba a bajo, estando necesariamente fundado en el burocratismo, en el capitalismo burgués y en el clero, nunca podrá establecer la sociedad organizada sobre el trabajo y la justicia, ya que por la naturaleza misma de su organismo está empujado fatalmente a oprimir y a negar ésta. Según el socialismo, el trabajador nunca podrá emanciparse de la opresión secular si no se sustituye a ese cuerpo absorbente y desmoralizador, la libre organización de todos los grupos productores en Consejos Comunales fundados en la solidaridad y la igualdad.

En efecto, en varios lugares se ha intentado organizar el trabajo para mejorar la condición de los trabajadores, pero la menor mejora pronto ha sido absorbida por la clase privilegiada que intenta, sin freno y sin límite, explotar a la clase obrera. Sin embargo, la ventaja de esta organización en consejos comunales es tal que, hasta el estado de cosas actual, no se podría renunciar a ella. Ella hace fraternizar cada vez más a las masas en la comunidad de intereses, le acostumbra a la vida colectiva, le prepara para la lucha suprema. A un más, la organización libre y espontánea del trabajo es la que debe substituir al organismo privilegiado y autoritario de la burguesía, una vez establecida la garantía permanente del mantenimiento del organismo económico de las comunas contra el organismo burgués.

Por consiguiente, dejando la dirección y la práctica al Comandante los detalles de la organización positiva, entendemos organizar y solidarizar la resistencia en gran escala. La aceptamos como un producto del antagonismo entre el trabajo y el capital, teniendo necesariamente como consecuencia hacer que los trabajadores sean cada vez más conscientes del abismo que existe entre la burguesía y el pueblo, de fortificar la organización y de preparar, por el hecho de las simples luchas económicas, para la gran lucha revolucionaria y definitiva, la cual, destruyendo todo privilegio y toda distinción de clase, dará al trabajador el derecho de gozar del producto integro de su trabajo y, con eso, los medios de desarrollar dentro de los consejos comunales toda su fuerza intelectual, material y moral.

—El capital no es, pues una fuerza personal; es una fuerza social. En consecuencia, si el capital es transformado en propiedad comunal, perteneciente a todos los miembros de la sociedad, no es la propiedad personal la que se transforma en propiedad común. Sólo habrá cambiado el carácter social de la propiedad. Perderá su carácter de clase.

¡Pa’lante Comandante! Lucharemos. Viviremos y Venceremos.

Hasta la victoria siempre y Patria socialista.

¡Gringos Go Home! Libertad para los cinco cubanos héroes de la Humanidad.

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