Caricaturas e imaginarios en la Propuesta para el Plan Socialista 2013-2019: ¿vamos en realidad hacia un modelo post-rentista?

La lucha por el poder en Venezuela, así como en el resto del moderno sistema-mundo capitalista, supone no sólo un control sobre los medios de producción material y sobre los cuerpos, sino también sobre los campos de representación, sobre la producción de discurso legítimo, de los regímenes de verdad, de los imaginarios sociales, y por ende la capacidad de ejercer un dominio en la producción de subjetividad.

El cuadro de Juan Lovera, "19 de abril de 1810", pintado en 1835, es una expresión de la cartografía social colonial, que no sólo representa los códigos y símbolos predominantes en esta sociedad, sino su ordenamiento en el espacio imaginario, en el mapa de poder. En el centro del cuadro, se ubica el Gobernador y Capitán General de Venezuela, Vicente Emparán, rodeado de funcionarios de las máximas instancias políticas y del «pueblo» de Caracas, una ciudadanía significada fundamentalmente en torno a los hombres blancos y propietarios. La escena se lleva a cabo en las inmediaciones de la Catedral de Caracas, lugar céntrico y simbólico, no sólo para la ciudad capital, sino para toda la Capitanía General. Y en los márgenes de la pintura, pardos, negros y mestizos, como expresión de la marginalización social y geográfica de la colonialidad del poder (haga click aquí para ver "19 de abril de 1810", Juan Lovera).

Este tipo de cartografía social, que construía y/o reproducía los códigos de valor en torno a las figuras y sujetos que portaban los símbolos de la modernidad eurocentrada, o bien que eran los encargados de llevar a cabo la misión civilizatoria moderna, y que a su vez subordinaba o invisibilizaba lo "salvaje" del Proyecto Nacional venezolano ?básicamente el trabajador y la trabajadora no-blancos, explotados por el sistema extractivo-colonial y neocolonial? fue una tradición en el campo de las representaciones oficiales, que constantemente mitificaba la figura de los mitos-hombre ?con Bolívar como el ícono constitutivo de la venezolanidad?, creando un imaginario social que constituye al «pueblo» como una identidad subalterna al Estado paternalista y sus líderes, quienes tienen la misión de llevarlo al «progreso» y la «civilización». Algunas figuras en el siglo XX intentaron sin éxito romper con esta hegemonía cultural oficial, tales como César Rengifo, quien colocaba al sujeto marginalizado, y al barrio, en el centro del campo de representaciones ("Apamates de Mayo", César Rengifo - 1973).

La Revolución Bolivariana coloca por primera vez en la historia nacional, a los excluidos y excluidas históricos de nuestro sistema neocolonial, de nuestro capitalismo rentístico, en el centro del campo de representaciones ?es un «pueblo» potencia a diferencia del «pueblo» "salvaje" y "pre-civilizado" de las primeras etapas republicanas, y del «pueblo» sindicado de la época del Pacto de Punto Fijo. No obstante, debemos observar cómo las carencias y evidentes contradicciones de la Revolución Bolivariana en la actualidad, se enraizan precisamente en la reformulación y reedición de imaginarios desarrollistas, profundamente mitificados, que funcionan como correlatos de la histórica misión civilizatoria de llevar a Venezuela hacia el camino del «progreso» de la mano del Petro-Estado nacional, lo cual supone una situación sumamente problemática en los términos de una producción cultural rentista, que más que abrir el camino hacia un nuevo modelo de sociedad, puede estar profundizando el disciplinamiento del imaginario colectivo venezolano en torno al sueño del «desarrollo» por medio de la extracción petrolera.

La Propuesta del Candidato de la Patria Comandante Hugo Chávez para la gestión Bolivariana socialista 2013-2019, plan de gobierno que se encuentra actualmente en debate nacional para nuevos aportes por parte del pueblo, y que ha declarado que tiene como meta impulsar una economía post-rentista y post-capitalista[1], expresa no sólo un conjunto ordenado de ideas y propuestas, sino que intenta representar imaginarios por medio de caricaturas que hacen alusión a los diversos códigos y símbolos de valor, propios del discurso oficial. Estas caricaturas son significativas debido a que logran representar y sintetizar las cartografías políticas nacionales, las formas en las cuales se proyecta la ordenación del discurso del Gobierno Bolivariano, de las subjetividades y del «pueblo», del espacio/naturaleza, y de los valores sociales que posibilitan el funcionamiento del tipo de modelo específico que rige la sociedad venezolana.

La caricatura que mostramos aquí (Caricatura 1), que hace parte del documento de la propuesta de candidatura del presidente Chávez 2013-2019, refleja la forma cómo opera el imaginario desarrollista en la Revolución Bolivariana: la implantación de infraestructura en el espacio/naturaleza para materializar la modernidad y la civilización, o como planteara Marcos Pérez Jiménez, una "transformación racional del medio físico". Esta vez, los excluidos y excluidas del capitalismo rentístico nacional ?el indígena, el campesino, una mujer de la tercera edad discapacitada, los niños, niñas y adolescentes, la mujer? aparecen en un plano principal, se integran al campo de visibilidad, a la representación, pero en una actitud pasiva: por un lado, bajo el manto paternal de Bolívar ?el Bolívar-padre toma de la mano al niño-porvenir?, mito y estandarte del inconcluso proyecto emancipatorio de modernizar a Venezuela; por otro lado, los excluidos y excluidas son espectadores de cómo el socialismo se transforma en equivalencia de «desarrollo», paradigma social global determinado por la división internacional del trabajo que rige la economía-mundo capitalista (haga click aquí para ver la Caricatura 1 de la Propuesta del Plan de la Patria 2013-2019).

Lo nuevo y lo viejo se entremezclan. El proceso de transformaciones políticas y culturales que se ha dado en la Revolución Bolivariana reconfigura el orden de las representaciones haciendo signo fundamental al «pueblo» excluido y marginalizado; pero este no se produce en un nuevo imaginario, sino que se incorpora en la vieja cosmovisión del Petro-Estado desarrollista. Cuando Guzmán Blanco se proponía "modernizar" a Venezuela intentando convertir a Caracas en una "pequeña Paris", con sus obras de infraestructura bajo la estética de la burguesía europea, inauguraba un período que con el posterior surgimiento del Petro-Estado venezolano, intentaría traducir el «progreso» en importantes obras de infraestructura. Marcos Pérez Jiménez y Carlos Andrés Pérez fueron íconos de esta tradición, tratando de conectar un discurso grandilocuente acerca de la "Grandeza de Venezuela", con las grandes entradas de petrodólares provenientes de la renta, que se proyectaban proporcionalmente en grandes edificaciones y construcciones. La modernidad como supuesto proyecto emancipador se hace visible en monumentos, y por ende, puede hacerse una promesa creíble.

La caricatura hace evidente cómo el Socialismo Petrolero (con un enorme y desproporcionado título en la misma, incrustado transversalmente en su espacio) se expresa en la "grandeza" de los nuevos proyectos de construcción, recreando la modernidad a partir del modelo rentista petrolero ?la grandeza nacional se hace espectáculo?, que ahora pretende, al puro estilo patriarcal-nacionalista, convertir a Venezuela en una «Potencia Energética Mundial», intensificando así los males provenientes de nuestro modelo dependiente, e insuflando los sentimientos de la venezolanidad a partir la combinación de nuestros mitos históricos con el esquema extractivista nacional ?extraer más petróleo es casi un designio de la providencia bolivariana. La concepción instrumental del "ambiente" se hace evidente en la caricatura: la naturaleza no aparece, o aparece aplanada por esta implantación del «progreso» en el medio físico, se representa como objeto de extracción motorizado por nuestro «desarrollo» antropocéntrico, expandiendo la colonización de la misma y desplegando un tipo de sociedad que es totalmente insostenible con respecto a la reproducción de la vida natural en el planeta[2]. El campo de representaciones del socialismo petrolero venezolano parece decirnos que nuestro destino de felicidad social se posa sobre un horizonte deforestado, sobre un espacio que sólo tiene sentido en tanto es conquistado, dominado y esquilmado por nuestro afán de modernidad.

En otra caricatura (Caricatura 2) muy significativa del imaginario desarrollista del Gobierno Bolivariano, vemos una exacta representación de lo que Fernando Coronil llamó el "Estado Mágico". El barril de petróleo de la imagen asemeja a un sombrero de mago del cual se puede obtener cualquier cosa por la vía de la prestidigitación. La resignificación que se da en la Revolución Bolivariana del viejo concepto de "sembrar el petróleo" se expresa en esta imagen, que da una idea de la transferencia directa que se da de la renta a los programas sociales, siendo que los procesos de inclusión económicos y políticos que se han llevado a cabo en este proceso de transformación social en el país, se han posibilitado sobre la base de la profundización del modelo rentista que ha causado gran parte de los males que sufrimos como nación (haga click aquí para ver la Caricatura 2 de la Propuesta del Plan de la Patria 2013-2019).

Parece que en la propuesta del Gobierno Bolivariano no está planteado renunciar a la tradición ni a los imaginarios culturales del "Estado Mágico", que al ser determinado por los factores exógenos propios del mercado mundial capitalista, dista mucho de poder lograr el objetivo 1 de hacer de Venezuela una nación "Independiente", el objetivo 2 de crear una alternativa socialista al capitalismo depredador, y ni hablar del objetivo 5 de contribuir a preservar la vida en el planeta y salvar a la especie humana.

Por último, pero no menos significativa, la siguiente caricatura (Caricatura 3), que expresa el fetiche capitalista de crecimiento sostenido del PIB, propio de los imaginarios desarrollistas. Nuevamente, se representa la paradoja de la Revolución Bolivariana: una familia, representante del pueblo y beneficiaria de la renta petrolera, montada sobre una flecha de crecimiento que expresaría la tendencia de la economía venezolana. En nuestros imaginarios de «progreso» ?relacionado primordialmente con la capacidad de adquisición de bienes materiales vinculados la noción de bienestar del american way of life?, la gestión cortoplacista para la satisfacción de necesidades y deseos de los ciudadanos y ciudadanas por medio de la recreación social que permiten los petrodólares, intenta compensar los propios males que produce este modelo, que con un crecimiento sostenido genera la llamada "paradoja de la abundancia", o la denominada "enfermedad holandesa", lo cual hace que, tal y como lo advierte Asdrubal Baptista, "mientras más rentista la política relativa al petróleo, y mientras mayor el influjo posible de la renta, mayor terminará por ser la incapacidad de la economía para crecer y desarrollarse de una manera sostenida[3]Pero sobre todo, oculta que ese afán fetichista de crecimiento sin fin que impulsa la dinámica depredadora del capital, es totalmente incongruente con la capacidad de carga del planeta ?nada físico crece indefinidamente. ¿Y quién sino los pueblos pueden activar el freno de emergencia al desbocado tren del «progreso»? (haga click aquí para ver la Caricatura 3 de la Propuesta del Plan de la Patria 2013-2019).

Existen severas inconsistencias entre la pretensión de ir hacia un modelo post-rentista y post-capitalista y el hecho de querer ser una "Potencia Energética Mundial" a partir de la extracción de más y más petróleo y la apertura a las reservas mineras vía empresas mixtas. Si expresáramos la sociedad venezolana en un modelo de análisis, tendríamos que la variable "Renta Petrolera" es en sí misma una "supervariable" que sobredetermina la realidad social nacional. Constituye ésta un poderoso estímulo a los grandes males que aquejan a Venezuela, a su vez que desestimula toda la producción de alternativas al modelo rentista histórico. Es necesario comprender que el avance de la Revolución Bolivariana sobre la base de este modelo histórico rentista, el avance de nuevos imaginarios, de formas de producción comunitaria y endógena, se enfrenta a un modelo que tiende a la monopolización económica, política y cultural. No hay revolución sin transición post-rentista construida desde la soberanía popular-territorial.

 El autor es: investigador del CELARG, sociólogo de la Universidad Central de Venezuela y hace parte dej eje de Ecología Social del Foro Social Mundial Temático Venezuela

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Notas

[1] PROPUESTA del Candidato de la Patria Comandante Hugo Chávez Para la gestión Bolivariana socialista 2013-2019. 11 de junio de 2012. p.24

[2] El propio Ministerio del Ambiente reconoce que "Los imperativos de sustentabilidad determinan que el modelo, basado fundamentalmente en la explotación de recursos, resulte sencillamente inviable en el mediano plazo". MINISTERIO del Poder Popular para el Ambiente. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Instituto Forestal Latinoamericano (IFLA). GeoVenezuela. Perspectivas del Ambiente en Venezuela. p.75

[3] BAPTISTA, Asdrúbal. «La inviabilidad económica del capitalismo-rentístico», en: El relevo del capitalismo rentístico: hacia un nuevo balance de poder. p.299

FUENTES  consultadas

- BAPTISTA, Asdrúbal. El relevo del capitalismo rentístico: hacia un nuevo balance de poder. Fundación Polar. Caracas, 2004.

- MINISTERIO del Poder Popular para el Ambiente. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Instituto Forestal Latinoamericano (IFLA). GeoVenezuela. Perspectivas del Ambiente en Venezuela. Caracas, 2010.

- PROPUESTA del Candidato de la Patria Comandante Hugo Chávez Para la gestión Bolivariana socialista 2013-2019. 11 de junio de 2012. En: http://www.chavez.org.ve/Programa-Patria-2013-2019.pdf. [Consultado: 13/06/2012].

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