Consumismo Navideño

Relamiéndose los colmillos, los comerciantes están como caimanes en boca de caño esperando que paguen los aguinaldos. Si en su época Jesucristo consideró necesario expulsar a los mercaderes del templo, de vivir hoy día, los hubiera tenido que condenar a vagar eternamente en la masa oscura del universo.

Ni en sus más espectaculares visiones en Getsemaní hubiera podido Cristo sospechar el grado de sofisticación que alcanzarían esos señores en la inmensa porción del mundo regida por el gran capital, a más de 2.000 años después de su muerte. En países que se dicen cristianos, los amos del gran capital han logrado convertir la celebración de su nacimiento en una gigantesca compra - venta de mercancías donde participan muchos y sólo se enriquecen pocos, es decir ellos y sus secuaces.

Menos aún, hubiera podido Cristo visualizar las burdas triquiñuelas de los mercachifles en Venezuela, pequeño pedazo de tierra tropical cuya población ha optado mayoritariamente por liberarse del dominio de ese capital. Aquí la explotación y el mercadeo propios del sistema capitalista van acompañados de perversiones muy particulares. La mayoría de las mercancías “navideñas” proviene del exterior y es importada con dólares CADIVI, con dólares de todos los venezolanos.

Pero ello no obsta para que los precios de venta sean el resultado de sumar el costo del “inexistente” dólar paralelo (cuatro veces superior que el oficial) + una tasa de inflación especulativa + más una mínima ganancia entre el 100 y el 300 % estimada como necesaria para cubrir la inversión y el desgaste que representa sacarle hasta el último centavo a los “clientes”. Por si fuera poco, quienes comercian con productos nacionales, sea o no también importadores, utilizan como referencia para estimar el precio de su mercancía, los fijados por los comerciantes para los productos importados. Así un pan de jamón con mucho pan y poco jamón está costando casi el doble que el año pasado.

La única manera de combatir esta tradicional estafa colectiva a la clase trabajadora es dejar de ser consumistas compulsivos para pasar a ser consumidores. Dejar de ser esclavizados por la burguesía capitalistas y su publicidad engañosa para ser consumidores conscientes y racionales guiados por nuestras propias necesidades e intereses.

Es deber revolucionario pararle el trote a la burguesía explotadora, empezando por obviar la publicidad utilizada para tentarnos y engañar a jóvenes y niños. Ello nos obliga a encontrar como sustituir juegos, muñecos y monstruos alienantes y a preguntarnos cada vez que se nos antoje algo sí de verdad lo necesitamos.

El dinero extra correspondiente al aguinaldo debe servir para pagar deudas y para cubrir necesidades reales cuya satisfacción ha tenido que ser pospuesta. Con lo que quede podemos y debemos darnos un gusto y divertirnos sanamente, sin caer en las garras de los amos del capital.

Mariadela Villanueva
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