Mis Manos

A propósito de honrar con dignidad lo que le es encomendado a quienes ejercen cargos en el Poder Público Nacional:

MIS MANOS

¡Había llegado la hora!
Siempre en el fondo se supo,
pero se pensaba que nunca ocurriría,
se suponía que al menos tardaría.

Sin embargo, no había nada que hacer,
según resultara el proceso,
estaría en juego el descanso eterno,
florescer renaciendo o perecer en el infierno.

Un tanto nervioso el interpelador
cruzaba miradas con las acusadas,
quienes desnudas ante su inquisidor,
sabían que no podrían ocultar nada.

¿Qué recuerdan haber hecho
ante la angustia de vuestros hermanos?
¿Acaso habéis cultivado un buen fruto,
que haya alimentado algún ser humano?
¿O quizás le arrebatasteis la escasa provisión con que contaba tu hermano?

En temporadas de frío,
¿Cubristeis a los vuestros con buen abrigo?
¿O desnudos los abandonasteis,
a la intemperie y al asecho de sus enemigos?
¿Hambre, dolor, sueños destruidos?

¿Acaso abrazasteis aquel huérfano que sufría,
para darle el consuelo de una mano amiga?
¿O hurtasteis su dignidad y honor,
que era lo único que aún él tenía?
¿Inocencia, confianza, darle valor a la vida?

Largo ha sido vuestro recorrido,
¿Cuánto habéis acumulado en el tiempo?
¿Será que encendisteis luces en muchas conciencias,
que iluminen todo el firmamento?
¿O mas bien fuisteis derribando estrellas dejando a vuestro paso,
tinieblas, dolor y sufrimiento?

¿Cuál creéis que ha sido vuestro balance?
¿Habrá arrojado saldo a vuestro favor?
¿O quizás la deuda acumulada,
ha sido de un monto mucho mayor?

¿Habréis sido constructoras de sueños?
¿Levantando rascacielos de ternura, esperanza y pasión?
¿O habéis elevado monumentos,
para destruir la inocencia y enarbolar la perversión?

Sois vosotras mismas quienes elegirán vuestra absolución,
con orgullo por los frutos que habéis presentado
ante la presencia de vuestra conciencia;

O en todo caso,
seréis quienes impongan la pena que merecéis
por no haber cumplido en honrar
con dignidad lo que se os había confiado.

Yo me limito a ser un juez justo
e imparcial ante mis hermanos,
pues al fin y al cabo,
¡Vosotras sois como mis propias manos!

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Miguel Ángel Carbajal T.


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