Talón de Aquiles en las elecciones del 16-D


Es una constante en la historia política electoral venezolana proyectar resultados bajo los supuestos efectos-fenómenos “cascada”, “dominó” y “porta avión”. Sobre estas premisas se diseñaron campañas que en algún momento dieron “estupendos” resultados a los estrategas políticos-electorales. Pero apoyar una candidatura sobre estas variables en pleno siglo XXI, es una barbarie, difícil de perdonar a los responsables de los comandos de campaña, porque sería negar la madurez y conciencia política que el pueblo venezolano ha adquirido estos últimos 14 años.

Es innegable que los resultados electorales de eventos anteriores sirven como contexto referencial para visualizar el futuro escenario político-electoral, así como tampoco dudamos de que el espíritu del vencido se desploma ante una aparatosa derrota.

Estamos conscientes, además, de que la moral del vencedor se acrecienta por la euforia que emana la victoria. Pero de allí a suponer que el mandado ya está hecho existe demasiado trecho. Es decir, creer que la victoria de un evento electoral (de características muy diferentes) se endosa a otro es un craso error. Sin que esto quiera decir que no sirva como base para apuntalar y reforzar la próxima contienda.

Los comandos deben administrar con muchísimo criterio la agradable sensación que se siente cuando se triunfa. Deben asumir que la creatividad electoral será la que marcará la diferencia el próximo 16-D, de lo contrario se correrá demasiados riesgos. La reforma constitucional del 2007 fue un claro ejemplo, recuérdese que el chavismo obtuvo una ventaja de 26 puntos en las presidenciales de 2006, y un año después, el voto popular no les favoreció.

Por tanto, ninguno de los comandos puede creer que tiene la victoria garantizada solo por tener al candidato de la revolución y del Presidente Hugo Chávez, o que los resultados del 7-O son endosables per se a ellos.

Al contrario, deben interiorizar que el pueblo sabe diferenciar cuando Hugo Chávez es candidato o cuando se está frente a una elección Presidencial.

Ellos deben asumir que el elector está claro que el cargo a elegir es el responsable de atender el día a día en la localidad. Por ello, demostrar que el candidato es capaz de garantizar una gestión eficiente es una tarea perentoria y, a la vez, el talón de Aquiles del 16-D.

El autor es: Politólogo / Especialista en Sistemas y Procesos Electorales  

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