I Jornada de innovación educativa Unefista

Los cursantes del Doctorado de Innovaciones Educativas de La UNEFA-Zulia auspiciados por la coordinación de Postgrado de esa casa de estudios, pusieron en el tapete la discusión sobre la situación actual de las innovaciones educativas. Una tarea necesaria en la coyuntura social actual, por la cual es meritorio felicitar a Nerwin, Humberto, Lucy, Mery, Delsy, Alicia, Tarantino, Aurora, Yanely, Luis, Lisseth, Xiomara, entre otro tantos doctorantes; así como a las doctoras Militza, Nancy y Blanca... orientadoras del evento.

En mi condición de ponente esbocé algunas reflexiones sobre Innovaciones Educativas e Ideología, de la cual expondré en adelante parte de la misma a fin de que contribuyan en algo, al urgente debate que sobre esta temática debe darse en los diferentes niveles del ámbito educativo en la actualidad.

Durante el siglo veinte y lo que va de este se sintetizan los grandes aportes que han contribuido crecientemente en la evolución de la humanidad. Es así como nos asaltaron dos guerras mundiales contradictoriamente, posibles gracias a los avances alcanzados hasta el momento, pero también nos abordaron los viajes extraplanetarios, las computadoras, los celulares, el cine, la televisión, la generación del video 3D, por sólo mencionar algunos. Paralelo al desarrollo industrial y tecnológico, los procesos educativos en las sociedades avanzaron incorporando conceptos y estrategias para abordar la masificación y mundialización de la educación. Derivado de ello aparece el término innovación en Estados Unidos en los 60 con la reforma educativa asociada a la incorporación del modelo tecnológico–positivista a los procesos de enseñanza, lo que redundaría en cambio y mejora tecnológica en el sistema educativo.

Por ello, el positivismo es considerado el padre de las innovaciones educativas, por lo cual ha señalado el camino de lo que habrá de hacerse en lo pedagógico, organizacional y tecnológico dentro de los sistemas educativos. No obstante, aparecen dos planteamientos humanistas interesantes que enfrenta tal concepción. En el 70 al fragor de las nuevas pedagogías europeas y latinoamericanas surge el enfoque de adaptación mu |tua, en el cual el cambio en educación depende de lo que los profesores hagan y piensen, y para los 90, la CEPAL y la UNESCO determinan que la innovación educativa se debe orientar hacia la eficacia, equidad e inclusión escolar, la participación de la comunidad y la autonomía de los centros educativos.

Es decir, a partir de los 70 se dan pasos que aparentemente contrarrestan la concepción positivista de innovación educativa: por un lado, son los profesores quienes determinan los cambios, por el otro, se incorporan las categorías eficiencia, equidad, inclusión y autonomía escolar…Tales visiones tocan al Sistema Educativo Venezolano, pero bajo los auspicios de UNESCO, BID y BM. Es así como surge la Educación Básica Integral que pasa por tres períodos de ensayo, 1975 hasta 1985. Todo ello justificado con la premisa de la mundialización de la educación de masas, sustentados en la idea de educación de calidad para todos.

Por lo tanto, el abordaje de la innovación educativa debe hacerse desde una perspectiva más socio-política. En tal sentido, debe entenderse que la innovación educativa es un constructo que se incorpora a un órgano o sistema con el fin de crear alteraciones, las cuales conducen a un cambio o reforma, que paradójicamente puede servir para mantener o preservar la superestructura (en la acepción marxista) de una sociedad determinada o para coadyuvar a modificarla. En consecuencia, en la innovación educativa subyacen postulados que permiten mantener una idea de progreso amparada en un sistema de representación que bien podemos llamar ideología. Esta herramienta, producirá alteraciones modificaciones o cambios de hábitos en la conducta de los sujetos de un colectivo, y no influye en el mediano plazo en los cambios estructurales sustanciales de una sociedad, lo cual le corresponde y ha correspondido a las correlaciones de fuerzas políticas que pugnan en una sociedad.

Desde la óptica de esa definición de innovación educativa que implica permitir mantener una idea de progreso, en el sistema educativo venezolano se introdujeron las tres alteraciones ya mencionadas. Por ello no es casual que estuviesen patrocinadas por la banca internacional, quienes determinaban en primera y última instancia las grandes políticas de Estado. La primera de 1975 a 1978, “Ensayo de Educación Básica Integral”; la segunda de 1980 a 1981, “Proyecto Experimental de Educación Básica”, ésta, el marco de la Ley Orgánica de Educación adecuada a las solicitudes de organismos internacionales; y la tercera, 1983 a 1985, “Evaluación y Reordenación de la Educación Básica”. No obstante, Luis Eduardo Leal (2010) establece que la Educación Básica nace en 1986 pues ese año se sistematizaron experiencias positivas de la educación pública y privada (como es el caso de las escuelas católicas de Fe y Alegría. En ese entorno de reformas se introducen técnicas conductista-positivistas como el método para “Aprender a Pensar” del entonces Ministerio de la Inteligencia.

Los cambios que se empiezan a dar en la Venezuela de hoy que se inician en 1999 con la nueva constitución, suponen un vuelco en el entramado social que abarca casi todas las áreas de la vida nacional. Se revierte la noción de país, nación, patria y la democracia representativa se convierte en participativa y protagónica. En consecuencia, se supone que la ideología emergente deberá cobrar preponderancia en el sistema educativo, por lo cual surgen las escuelas bolivarianas, modificación del reglamento para el ejercicio de la profesión docente, la nueva Ley Orgánica de Educación y recientemente la resolución 058, entre oras alteraciones. Siguiendo la racionalidad que impone la concepción que manejo aquí de innovación educativa, dentro del sistema educativo habrán de propiciarse las alteraciones que conduzcan a un cambio o reforma, que mantenga o preserve la superestructura que políticamente se ha labrado.

Y ello urge, pues bien sabemos que el positivismo con su carga pragmática tecnológica avasallante se sigue imponiendo inexorablemente en la práctica educativa y por ende en la innovación educativa actual. Se ve como el Estado, con un currículo cargado de matrices semánticas como solidaridad, cooperativismo, inclusión, equidad, está haciendo mucho énfasis en la innovación tecnológica (que por demás la industria y su marketing han posesionado y posesionan aceleradamente) soslayando propuestas de prácticas diferentes que potencien las referidas matrices. Aunado a ello hay que decir, que todas las bondades que tienen los proyectos de innovación educativa tecnológica como por ejemplo, las “canaimitas”, pueden solaparse como en efecto ha pasado, si los objetivos concebidos inicialmente para el programa, se desvirtúan en el camino hasta llegar a su implementación. No sólo porque una innovación no sea igual para quien la promueve, para quien la facilita, para quien la lleva a la práctica y para quien la recibe, en razón de los condicionamientos naturales a los que están expuestos en sus diversos contextos, sino porque no se le hace el seguimiento adecuado a estos eslabones para que los objetivos medulares se cumplan. De tal manera que los niños y niñas, los docentes y representantes, en lugar de tener enfrente una herramienta que los emancipe, corren el riesgo de tener enfrente un objeto que los sumerja más en un mundo que los enajena y los hace más consumistas; y en consecuencia dicha situación sea sinónimo de progreso para ellos. Ese es un gran riesgo, puesto que la innovación educativa en el proyecto bolivariano, se impulsa para alcanzar objetivos opuestos a esos, entre los que se destaca la búsqueda del progreso para lograr el hombre nuevo.


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