Comunicación y lucha de clases.

Para muchos analistas políticos el gran vencedor y protagonista de las elecciones pasadas fue el pueblo venezolano y la democracia en general. No solo por el nivel de participación demostrada (más del 80% del padrón electoral), sino por la transparencia del proceso y el reconocimiento inmediato de los resultados. Desde el Poder Electoral (CNE) primero, y las direcciones de los Partidos (Psuv, partidos aliados y de la oposición a la Revolución), después, se proclamó la misma verdad. Se trató de una “fiesta” democrática. Tan rotunda que, en determinado sectores, parece crecer la convicción de que lo único que falta al proceso Bolivariano, para completar la obra de nuestra regeneración, es una “oposición democrática, responsable y nacionalista”.

Pasadas las salutaciones y exaltaciones al Pueblo y su democracia en general, cada quien ha ido tomando debida nota de los rasgos que van delineando su fisionomía política actual. Las generalidades van cediendo el paso a determinaciones más concretas, y estas, a su vez, van descubriendo un abigarrado campo de lucha social y política a lo largo y ancho de nuestra sociedad.

En el seno de esa totalidad llamada Pueblo, se escenifica una aguda confrontación. Su desenlace, en una u otra dirección, no puede cantarse de antemano. Tan compleja y difícil es, que en el seno mismo de las fuerzas que marchan bajo las banderas del Socialismo del siglo XXI, se reproducen contradicciones y choques no menos agudos, develando intereses y perspectivas de clases distintas en las bases de la revolución, que la afiliación a denominaciones o categorías comunes no alcanzan a suprimir.

El intento de explicar la presencia de un “buen y hasta abultado número de pobres del lado opositor al proyecto revolucionario”, como resultado de la manipulación mediática capitalista y/o una falta de explicación y divulgación suficiente de la obra de la Revolución, no alcanza a explicar el fenómeno. Puede servir para lo electoral, para demostrar lo realizado y, también, para alentar cierta mentalidad policiaca en quienes, tras cada cuestionamiento al papel de tal o cual funcionario, de tal o cual “dirigente”, en tal o cual reclamo o reivindicación, no alcanzan a ver sino una conspiración contra el “proceso” y una prueba suficiente para linchar a diestra y siniestra en nombre de la Revolución. Pero no para explicar la angustiosa “paradoja”.

La influencia del bombardeo propagandístico burgués en la conciencia de importantes sectores de masas es un factor indiscutible, sin embargo, no puede ni debe valorarse al margen del papel que han venido cumpliendo los medios de comunicación del Estado (prensa, Tv, Radio, etc) en ese campo de batalla social y política en el que la cabeza y el corazón de las masas está en disputa.

La cuestión no puede ni debe quedar reducida a lo que los medios burgueses dicen al pueblo en contra del proceso revolucionario. Se trata de apreciar también lo que los propios medios del Estado dicen y dejan de decir sobre problemas y luchas concretas que suceden en el seno de las fuerzas revolucionarias, al calor de la construcción de una nueva sociedad. Las vicisitudes de esa grandiosa experiencia (con sus inconsistencias, errores y contradicciones), han quedado relegadas por un enfoque reduccionista de una lucha contra la “oposición capitalista” que muestra logros trascendentes, pero silencia problemáticas socio políticas asociadas a una dinámica revolucionaria, no menos importante.

El “Debate Socialista” que se ha mostrado en la tv estadal, dista de ser una confrontación honesta de ideas sobre nuestras propias limitaciones –y no solo de denuncia de la oposición capitalista-, cayendo en monólogos o disertaciones intelectuales afirmadas en un mismo parecer interminablemente repetido, en el que la cruda y compleja experiencia social no se encuentra reflejada. ¿Cuándo el Ministro de la Electricidad moderara un “debate Socialista” con los dirigentes de Fetraelec en los que se discuta la compleja problemática de la industria eléctrica invitando a camaradas como David Paravisini? ¿Cuándo se atreverá el gobierno revolucionario a debatir (en un “Debate Socialista” por supuesto) con los trabajadores Cementeros la problemática existente en este sector Industrial, en lugar de limitarse a silenciar o desmentir los puntos de vistas de estos? ¿Cuándo hará lo propio con el problema de la demarcación de tierras correspondientes a la etnia indígena Yukpa, en la que han sido asesinados más de 6 personas y silenciada y estigmatizada la lucha de uno de sus cacique?

Existe una coincidencia terrible y criminal en esto.

La critica social que desde los medios estadales se calla, termina divulgándola la derecha, no para librar a la Revolución de escorias, sino para destruirla alentando la confusión, el desaliento y la desmovilización en la gente. Dando por descontada esa gran ventana que es Aporrea, es mucho más seguro conseguir información (y análisis) en la prensa burguesa sobre el problema de los trabajadores Cementeros, los de las industrias Básicas de Guayana, Pdvsa, Corpoelec, etc., que en la del Estado Bolivariano (Tv y periódicos). ¿No será un poco ridículo acusar a otro de divulgar información manipulada sobre hechos que callamos y no somos capaces de denunciar?

No se trata de los hombres y mujeres que, con su esfuerzo diario, hacen posible la salida al aire, la transmisión y publicación del material que se divulga en los medios de comunicaciones del Estado. En ese material humano residen todas las capacidades. ¿Qué culpa tiene la periodista que entrevista a 3 Caciques mayores de la etnia Yukpa, los cuales le cuentan al país una versión diametralmente distinta de la realidad, si ella no decide la invitación de los mismos? ¿Dependerá de ella conceder o no el derecho a réplica solicitado por los que han sido agredidos por tan altas dignidades? ¿Acaso no han sido silenciados, también, los reclamos y las denuncias de estos trabajadores, a los que, incluso, se les ha condenado públicamente sin formula de juicio ni derecho a réplica?

El silenciamiento y ocultamiento de las contradicciones internas, reduciendo la versión de las mismas a una vocería “oficial”, a cargo de funcionarios de Estado o de burócratas sindicales (devenidos en funcionarios del Estado), ha terminado sirviendo, objetivamente, para legitimar la practica despótica que, en nombre del “socialismo”, están sufriendo más de un trabajador y trabajadora dentro de las empresas e instituciones del Estado. Una tenaza mortal que, lenta pero indefectiblemente, va ahogando las tendencias más revolucionarias en el seno de las clases no capitalistas, lanzándolas a los oscuros rincones del egoísmo, la división y la sobrevivencia.

Con cada fase que pasa, se va haciendo más visible el choque objetivo existente entre esa maquinaria burocrática del Estado (burgués por definición) y las clases que tienen necesidad de una mayor transformación revolucionaria de la sociedad.

El desafío de la nueva etapa es impedir a todo trance que el silenciamiento y ocultamiento de las agudas contradicciones que anidan en nuestras fuerzas, terminen barriendo la energía revolucionaria de las clases explotadas, y consoliden a una camarilla Burocrática (obsesionada hoy con el deseo de controlar todos “los espacios de poder”), aliada, de manera abierta o encubierta, directa o indirecta, con los señores del capital, de ahora y de siempre.



Antonio Lopez [email protected]

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