Reinventar el Gobierno desde las nuevas tecnologías

Ante los retos que demanda la realidad y organización política reciente, referidos a elevar la eficiencia y eficacia de la gestión pública revolucionaria para el nuevo período gubernamental, es bueno que hagamos algunas consideraciones al respecto.

Para ello debemos reflexionar acerca del poder de la política, la opinión pública y como puede desatarse un enorme potencial de organización valiéndonos de las plataformas virtuales.

La irrupción de las plataformas tecnológicas y redes sociales en la vida moderna, abre nuevas oportunidades para una nueva forma de participación política de los ciudadanos; en el pasado estas estructuras de gobierno y el diálogo entre los políticos/funcionarios públicos y los ciudadanos estaba fragmentado y por lo general, se encontraba incomunicado; ello por la falta de interés y la visión que desde las élites políticas se tenía y que estaba referida a la participación ciudadana –lucha entre el paradigma de la democracia representativa vs. democracia participativa-. Con la adopción masiva de las nuevas tecnologías de la información se rompe este esquema y comienza a hacerse posible un nuevo tipo de comunicación a una escala nunca antes imaginada, una comunicación más accesible, instantánea y globalizada.

Esta incursión en la vida política de los ciudadanos, puede convertirse -y así lo creemos- en una herramienta vital para hacer y ejercer la política: organizarnos, protestar, alimentar conversaciones, intercambios e incluso y más importante aún, ejercer la contraloría social de la gestión pública, haciéndola más transparente, eficaz y eficiente. Este crecimiento de las nuevas tecnologías de la información debe ser tomada como la fuente más importante de crecimiento e innovación, con respecto a la gestión pública ya que este ensanchamiento se debe entre otras razones, a una política decidida por parte del gobierno revolucionario que ha permitido el crecimiento exponencial de usuarios de la red, un incremento de la organización ciudadana y con ello, de la participación política.

En términos de contraloría de la gestión pública el impacto es y puede llegar a ser revolucionario. Para ello es indispensable que aprendamos a adaptar el mundo político “offline con el online” (Beas 2007); pues mediante estas plataformas seremos capaces de involucrar al usuario en tiempo real y hacer uso de sus conocimientos, para corregir sobre la marcha fallas en la gestión, ejecución de obras, denuncias y demás trámites administrativos. Imaginémonos por un instante, miles y millones de contralores sociales tomando fotografías de obras inconclusas o defectos en las mismas, levantando y enviando información en tiempo real, a los fines de detectar -a tiempo-, fallas; sería un ejército de contralores sociales organizados –la inspectoría social popular, la llamaría yo- que permitiría a instancias decisorias tomar y recuperar el rumbo de cualquier programa, servicio, obra, en tiempo casi inmediato.

Esta nueva y transformadora forma de organización política: más amplia, más eficaz y más económica en recursos humanos y económicos, es la posibilidad cierta de integrar y organizar a comunidades políticas a nivel nacional, que unidas, por primera vez, en torno a intereses comunes y no a fronteras estatales o nacionales, logran impactar en los sistemas políticos.

Ahora bien, ¿cómo utilizando estas plataformas tecnológicas podemos implementar esta nueva forma de contraloría social para la gestión pública? Por una parte, con una infraestructura técnica cada vez más sofisticada (banda ancha principalmente) que permita el incremento sostenido de la velocidad a que se accede a la red; por otra, con un aumento exponencial del número de usuarios –en Venezuela en la actualidad mas del 32% tiene acceso a Internet-; pero además requerimos del aprendizaje digital, mediante la incorporación de nuevos alfabetos digitales (aprendizaje en uso de las redes sociales y nuevas tecnologías), para avanzar hacia el uso de Internet, más allá de los simples usos y funciones elementales.

Para ello es imprescindible crear además, un verdadero esfuerzo de base, un esfuerzo colectivo desde el nivel local, comunitario, que apunte a la organización comunal. El reto es ir por los millones de personas que no participan habitualmente en política –a excepción de ir a votar-, y convencerlos de que la única forma de cambiar el status quo del Estado burgués, es involucrándose directamente en la gestión pública, bien sea supervisando la ejecución de obras, o bien mediante otros instrumentos de participación tales como: la elaboración de los presupuestos locales y la gestión de recursos y obras para los consejos comunales, entre otros. Se trata pues de llegar y organizar a cientos de miles o millones de personas de manera eficaz; cómo convertir su apoyo en un multiplicador viral que se extienda y reproduzca por sí solo. Mediante sencillas herramientas video chat, videos colgados en páginas Web abiertas especialmente para estos fines –reunir y organizar a la gente en torno a intereses comunales, políticos y sociales-; se agilizaría de manera definitiva la difusión de información y se evita por completo los filtros que desde los medios de comunicación tradicionales se nos imponen y desde las propias instancias de poder, muchas veces con la finalidad de evitar seguimiento en la gestión pública.

Con ello se crearía un vínculo cercano, íntimo entre los ciudadanos y sus gobernantes -como ejecutores de políticas públicas que afectan su vida-; asimismo esta tarea tendría el propósito de romper el modelo mediático/político tradicional, pues los nuevos canales de comunicación podrían ciertamente prescindir de los mass medias tradicionales y de las estructuras de poder tradicionales. Esto crearía un balance necesario entre la nueva forma de comunicarnos y ejercer la gestión pública, mediante el uso estratégico e inteligente de los nuevos medios, utilizándolos de manera novedosa con el objetivo de involucrar a millones de personas a que generen sus propios contenidos y nuevas formas de ejercicio de contraloría social, según sus intereses colectivos y los de su comunidad y zafarse así de la trampa de los medios y de las instituciones que sujetan como una tenaza a la opinión pública y a la propia actividad contralora de la ciudadanía.

A decir de Marc Cooper “la posibilidad de que millones de personas generaran sus propios contenidos y formas de ejercer la política y evitaran los filtros de los medios tradicionales y de la vieja institucionalidad” Se trata pues de un nuevo tipo de discurso político y una novedosa estrategia de ejercicio participativo que nos permitirá adaptar esquemas de la participación ciudadana, sobre la base de las particularidades e intereses colectivos, para ponerlos a disposición y en beneficio de un ejercicio eficaz y eficiente de la gestión pública.

El objetivo final es crear comunidades, seguidores, lealtades y buscar nuevas formas de adaptar y mantener viva la comunicación y la participación ciudadana, en el gran número de plataformas que han surgido en los últimos años. Esto acabaría por desplazar finalmente la credibilidad del viejo Estado y de los medios tradicionales; éstos últimos convertidos en los últimos años, en caja de resonancia de sectarismos partidistas e intereses financieros y comerciales, generando un ruido mediático y evitando estructurar

Significaría darle un golpe al proceso y partirlo para eliminar la mayor cantidad posible de barreras y encontrar fórmulas para convertir los nuevos canales en puntos de acceso a la conversación política, a los asuntos públicos, en fin a la gestión pública. Cuanto menos jerárquica y vertical se construya esta visión, mejor se adaptará al nuevo modelo. Se trata de creer en la apertura política como valor político y estar dispuesto a ponerla en práctica a pesar de perder control de partes fundamentales del proceso: en resumen es creer en la gente y en la posibilidad maravillosa de organización de los ciudadanos para mejorar la eficacia de la gestión pública.

Venimos de un modelo democrático fundamentado en el Estado liberal burgués, de escasa información en la gestión pública; con estas nuevas tecnologías pasaríamos a un modelo social fundamentado en lo comunal/comunicacional y con ello a la sobreabundación de información; pasaríamos por tanto de la “centralización del modelo liberal a la fragmentación y caotización en el tratamiento de la información que provocaría ponerla al alcance de todos, rompiendo con los estrechos canales unidireccionales, para dirigirnos a las amplias autopistas bidireccionales”. (Beas 2005) Tenderíamos por tanto a mutar de un modelo altamente jerarquizado y vertical, a uno horizontal en el que se puede pasar del anonimato a la atención nacional y planetaria en cuestión de horas.

El próximo reto a vencer es, cómo el Estado reforma las estrategias comunicacionales de las instituciones de gobierno para incorporarlas a los nuevos tiempos digitales. Debemos repensar las propias instituciones de gobierno para que funcionen óptimamente en estos nuevos escenarios: sobreabundancia de información, mecanismos de participación en línea y redes sociales que rápidamente se convierten en la nueva plaza o esfera pública. Las decisiones giran entonces en torno a qué tecnología adoptaremos, como la implementaremos, y cómo hacerla parte del plan de desarrollo económico y social de largo plazo que se trazó el gobierno, en el Programa de la Patria 2013-2019, para la construcción del nuevo modelo de Estado Social de Derecho y de justicia, basado en la visión comunitaria del Estado.


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María Alejandra Díaz


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