El taxista y las “chicas bien”

“No, señora, ya yo no trabajo de noche, la dejo a usted y ya me voy a mi casa. Después de las seis y media, que la gente ya ha salido del trabajo o de clases, los que quieren taxi son más que todo borrachos o esa gente que busca lo que no debe estar buscando. Hay mucho peligro, a los taxistas nos matan, nos cobran vacunas, nos quitan los carros. Mire, le voy a contar algo. Cuando comenzamos en la línea, hace como seis meses, para poder mantenerla, porque comenzamos solamente cuatro socios, hicimos el sacrificio y trabajábamos de noche. En una de esas, todavía temprano, eran como las ocho de la noche, me llaman para hacer una carrerita. Era por los alrededores de la universidad. Cuando llego a la casa, ví que era una “casa bien”, o sea, se veía que ahí viven bien, se montan en el carro dos muchachas que no llegaban a los dieciocho. Por cómo iban vestidas y los blackberries que cargaban, de una vez me dieron mala espina y, le repito, eran muchachas “bien”. Les digo, Buenas noches, ¿A dónde se dirigen las señoritas?, y se me cayó el alma al piso cuando me dijeron: “A la cárcel de Sabaneta”. Bueno, me encomendé a Dios y las llevé para allá. Cuando llegamos, una de ellas se bajó y le dijo a la otra: “esperá aquí”. La muchacha entró por una puertecita de la cárcel y yo me quedé dentro del carro con la otra muchacha. Al ratico sale por la misma puertecita un malandro, en shorts, franelilla, chancletas y un tremendo pistolón en la cintura. Otra vez me encomendé a Dios y me dije “estoy atracao”. El malandro abrió la puerta del carro, se asomó y me dijo con el tumbao de ellos: “buenas noches, ¿cuánto se le debe?, y mire, yo no sabía si cobrarle, al final le dije “tanto”, y el tipo me pagó, agarró a la muchacha, le dio tremendo beso y entraron los dos a la cárcel por la puertecita esa. Yo salí de ahí con mi carro casi que volando. Llegué a mi casa, agarré la Biblia y me puse a llorar y a rezar, ¿sabe por qué señora? Porque yo tengo una hija, y no quisiera que cayera en eso nunca. Además, Dios me protegió”.

¿Verdad que lo que le pasó a ese señor, quien ciertamente fue protegido por Dios, porque por la Ley jamás, no tiene razón de ser? A los de mi edad y más viejitos les deben sonar estas palabras: ¿es eso correcto? ¿es eso lo que tú quieres que continúe? Como dijo un adeco por allá por los años…¿ochenta?. Y eso es lo que quiere que continúe Pablo Pea, alias Washington boy. Da lástima el Zulia. Los dos candidatos dicen que van a construir más cárceles. No estoy de acuerdo. Al contrario, eliminen las cárceles. Les recuerdo que el trabajo y la instrucción matan la delincuencia. Les aseguro que si a esos malandros, pranes, guardias nacionales, policías, abogados y jueces corruptos los pusieran a trabajar con pico y pala desde que amanece hasta que anochece, con un grillo amarrado a las piernas y les aplicaran la Ley de Fuga, hace rato largo que aquí no hubiera delincuencia. Al dar el primer ejemplo de aplicación de la Ley, con toda su fuerza, con toda su EFICIENCIA Y HONESTIDAD, los demás escarmientan rapidito. Pregúntenle a Fidel. Pero mientras vean la impunidad, esto nunca se va a acabar. Por favor, no me digan que tendremos que aplicar la Ley con nuestras propias manos. No nos desarmen entonces. Porque en el Zulia los malandros uniformados de la Policía Regional, algo así como la guardia de honor del Washington boy, están es para proteger a los malandros, no a los ciudadanos decentes e indefensos. Si todo el mundo hace lo que le da la gana, en total impunidad, que es lo que sucede en el Zulia, entonces tendremos que buscar la manera, también ilegal, de defendernos. En los barrios ya empezaron, ahí tienen los linchamientos, por ejemplo. La policía llega es para proteger al malandro, después que la comunidad lo capturó. Por eso el Zulia es conocido como el lejano oeste. Sálvese quien pueda y como mejor puedan.

[email protected]

Esta nota ha sido leída aproximadamente 1100 veces.