Revolución bolivariana ¿Revolución domada?

I Parte

Nos avocaremos aquí a la comunicación como uno de los elementos constitutivos de la conciencia humana, del ser humano, enlazándonos con el Foro realizado el martes 30 de octubre, donde participara el camarada Ernesto Villegas con una postura ejemplarmente humilde y abierta, como debiera asumirlo cualquier ciudadano en funciones de ministro. Ojalá el Estado no lo devore, continúe dando ejemplo y sirva a la construcción del Poder Popular.

No puede hacerse revolución socialista con la racionalidad instaurada por el capitalismo, algo así nos dijo el Che. La teoría y praxis comunicacional en nuestro proceso está domada, signada, enfocada en lo establecido por el poder económico mundial y hasta ahora al parecer a muy poquitos les había interesado. Desde la dirigencia de la Revolución Bolivariana, ínfimamente habíamos escuchado hablar de la necesidad de una teoría crítica de la comunicación. Escuchamos de la necesidad de difundir las obras de gobierno y de hacer menos aburridos los medios estatales, pero de no de una teoría crítica de la comunicación, nueva, útil a la emancipación cultural del pueblo. Al contrario, veníamos reafirmando lo que instauró el poder transnacional acerca de lo mediático. Nuestros principales líderes y lideresas, cuando se refieren a “medios de difusión”, dicen “medios de comunicación” como si fuese una friolera lo que están diciendo.

No puede ser que en acto sumiso de postura doblegada, sometida, legitimemos a los que son medios de difusión, programación o a lo sumo información, como “medios de comunicación”. Primero, el único medio de comunicación es el lenguaje en todas sus formas. Segundo, comunicación en su concepto verdadero y profundo es diálogo, intercambio; relación de compartir, de hallarse en correspondencia, en reciprocidad; derivado del latín communis que es la misma raíz de comunidad o comunión. ¿Cómo entonces podemos reducir todo esto a emisor, vector, receptor? No puede ser que nos prestemos a reducir la comunicación como elemento hacedor de lo humano, al hecho de difundir mensajes a través de una televisora o una radio, poniendo el pescuezo a disposición.

No se trata de un simple problema nominalista o semántico. Se trata de que estemos facilitando el escenario para que el poder industrial transnacional, continúe alienando la conciencia colectiva, disociando el pueblo, aletargándolo con los fetiches-mercancía que lo desconectan de la vida real, manipule las masas con el simbolismo que instaura e imponga el “cuanto tienes cuanto vales”. Deberíamos saber que ese poder mundial es dueño de la inmensa mayoría de los medios e impuso la teoría que ahora nosotros en Revolución continuamos practicando.

Debemos difundir que los propulsores de la expansión de los “medios” fueron los norteamericanos a mediados del siglo XX y al inicio los denominaban “mass media” o medios masivos. Luego en evidente postura imperialista, impusieron una conceptualización que convenía a sus intereses, comenzaron a denominarlos “medios de comunicación social” cosa que nosotros en plena Revolución seguimos legitimando.

Contamos con suficientes fuentes epistémicas para construir una teoría crítica de la comunicación. El mismo Daniel Hernández, camarada que interviniera desde el público en el Foro “Comunicación y Revolución” del martes 30 a solicitud del ministro Ernesto Villegas, ha estado proponiendo una sistematización de este tipo, que estudie lo que nos dejó Bolívar, Miranda, Marx, Bajtin y Ludovico acerca de la comunicación. Pero además entre tantos otros están Kaplun, Capra, Maturana, Buen Abad, el mismo Daniel Hernández, con los que podemos sustentar el impulso de una teoría-praxis liberadora desde lo comunicacional- educativo-cultural.

Transmitir una señal, un mensaje, no es hacer comunicación, no es colocarnos en reciprocidad, en comunidad, no es comunión, no es intercambiar vida, no es comunicación, es simple difusión. No podemos continuar tragándonos como una misma maquinita de casino que se traga las monedas, la práctica alienante de la comunicación mediática útil al dios mercado y mucho menos legitimarla día a día con nuestro hacer-hablar, entendiendo que la práctica de la liberación comienza por la práctica lingüística, por el poder supremo de la palabra-lenguaje. La liberación comienza por llamar las cosas por su nombre. Debemos zafar la Revolución Bolivariana que hasta ahora ha estado domada por la teoría mediática comunicacional. Llevemos a su plano la comunicación y haremos verdadera Revolución.

No nos detendremos en la crítica, en la siguiente entrega vamos con las propuestas. Por ahí nos vemos para el debate.

El autor es: Msc. Trabajador de Misión Sucre y UNERMB en Falcón

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