El 16-D se decidirá por la abstención y el voto castigo

La abstención y el voto castigo derrotadas el 7-0, por la aprobación contundente del país a la gestión presidencial de Hugo Chávez, serán los fantasmas decisivos el 16-D, sin lugar a dudas.

La nación votó por la reelección del Jefe del Estado de un país signado históricamente por el presidencialismo, hoy más que nunca, presente en la figura carismática y popular del líder político-militar del 4 de febrero.

Trasladar el escenario político del 7-0 al que se presentará el 16D es un craso error porque en esta fecha no se estará refrendando la obra cumplida por Chávez sino evaluando la gestión del administrador regional de turno, sea quien sea, en unas elecciones burguesas que siguen siendo más representativas que participativas porque el estado burocrático, capitalista e ineficiente no ha dejado de torcerle el cuello a un vapuleado poder popular que sólo existe en el papel de una buena ley adormecida o en el slogan que acompaña al nombre de los excluyentes y arrogantes ministerios. Los candidatos designados por Chávez para remplazar a los gobernadores socialistas tendrán que sacudirse ese plomo en el ala para poder remontar un vuelo exitoso. El drama de la oposición es peor porque todos sus gobernadores aspiran a la reelección sin haber ganado méritos para ello.

Claro que la abstención y el voto castigo en las regiones no serán las únicas variables políticas que estarán presentes el 16-D, hay muchas más, sólo que yo opino que estas dos serán las decisivas si el voto es más pragmático que teórico. Y por qué no ha de ser así, si el PSUV es un gran aparato electoral sin el hábito de la discusión ideológica.

Pero no sólo el PSUV tiene su carga de pragmatismo, también hay que endosarle su parte de responsabilidad a ciertas políticas del gobierno que lejos de crear conciencia socialista estimulan el consumismo, vale decir los vicios del capitalismo, la viveza corrupta del venezolano que lo induce a votar por quién le da más o por quién le ofrece más. Chávez afincándose en su obra cumplida le rompió el espinazo a la demagogia de la burguesía al convencer a la mayoría del electorado nacional el 7-0 sobre la necesidad de continuar con la alternativa revolucionaria encabezada por el líder supremo en quien confían las masas. Ahora para el 16-D esa credibilidad ganada por Chávez se diluye en 24 regiones cada una con particularidades y demandas propias. Si Chávez puede lograr que el mapa de Venezuela vuelva a ser rojo el 16-D, sería más por el desbarajuste de la oposición que debido a las fortalezas ideológicas de la revolución.

La abstención y el voto castigo van a producir estragos a la oposición en Miranda, Zulia, Nueva Esparta, Táchira, Amazonas, Carabobo, Lara y Monagas pero lo que es bueno para el pavo también es bueno para la pava y estas dos variables van a ser decisivas en los estados donde la gestión de la revolución ha sido poco convincente para decir lo menos.

Sinceramente creo que la metódica utilizada para la selección de los candidatos y candidatas a las gobernaciones es una decisión política correcta que incidirá más a favor que en contra del proceso, pues se trata de un mensaje directo del Presidente a las masas para que su comportamiento sea igual a las elecciones nacionales. El líder máximo está diciéndole a las regiones que por encima de los problemas menores de la patria chica está el interés nacional, el triunfo político de la revolución y el objetivo del socialismo. Chávez está haciendo lo que tiene que hacer para volver a ganar el 16D y ha puesto una carta sobre la mesa que a mi juicio puede cambiar radicalmente lo que pasará en las elecciones regionales pero no siento que la misma haya tenido la resonancia que se merece y más bien al parecer ha sido subestimada por su propia gente, ojalá me equivoque. Me refiero al tema de las Micromisiones que podrían liberar la fuerza del poder popular maniatado por el Estado burocrático, capitalista e ineficiente.

Chávez tiene claridad conceptual sobre esta problemática y también algunos líderes del PSUV a quienes hemos oído hablar brillantemente sobre el tema como a Aristóbulo Istúriz y seguramente hay otros más, pero el pragmatismo del Estado burocrático, capitalista e ineficiente aplasta su buena voluntad, parodiando a Martí, como el gigante de las siete leguas que le pone la bota encima.

El Estado capitalista burocrático vs el Estado comunal es la pelea social que puede cambiar las cargas a favor del pueblo.

Hasta ahora ese combate se está dando en el plano teórico y no ha pasado más allá de las vanguardias. ¿Será el escenario de la campaña electoral por las gobernaciones propicio para esa batalla social? Yo creo que sí, porque sólo el conjunto de la lucha de clases en todo el país permitirá avanzar a la revolución hacia el planteamiento socialista ¿Cuántos de los candidatos de la revolución a las gobernaciones, gestionadas o no hoy por chavistas, emprenderán una campaña electoral insurgente frente al Estado burocrático, capitalista e ineficiente, capaz enfrentar con éxito a los fantasmas de la abstención y el voto castigo? Saquen sus propias conclusiones.

*Profesor Universitario Jubilado
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Sergio Briceño García


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