El dueño de mi razón, soy yo

EL DUEÑO DE MI RAZÓN, SOY YO.



Quisiera ser dueño de la razón, pero como no puedo serlo de toda, soy poseedor de un pedacito, el que me corresponde, el que es mío. Y ese mendrugo de mi conciencia lo expongo de tal manera que pueda generar no simpatía, sino que me entiendan. Es decir, que la solidaridad no sea la respuesta a mis razonamientos, pero tampoco un desmedido embate. Por lo menos uno siempre espera que exista un rebate, que permita una sana discusión.

Nuestro portal Aporrea se ha convertido últimamente en un hervidero de opiniones y replicas, de sentencias y defensas, de medias verdades y mentiras (creo que no existe la media mentira). Es un desiderátum en que todos participan en búsqueda de la preeminente veracidad. Pero, ¿Quién la tiene? Creo que todos y ninguno. Y este barullo ha sido en gran manera, no por el hecho de confrontarnos si la autocrítica (o crítica endógena) es beneficiosa o no, sino por quien la emite y cuando emitirla.

De mi parte, por si acaso soy del pensar y decir que la autocrítica se debe emitir y cualquiera puede hacerlo. ¿Y la moralidad? Bueno, todos tenemos piedras en las manos y cada quien la lanzará sensatamente, pero no se debe denostar a los que emiten su parecer en Aporrea o cualquier sitio revolucionario en la red, cayéndole a palo a la conciencia moral del autor en vez de juzgar si su razonamiento es acertado o no.

Si el Camarada Chávez públicamente dice que tenemos fallas en el proceso, que hay que enmendar, que hemos cometido errores entre otras cosas y que en su nuevo gobierno se van a corregir los desaciertos, salen dos posiciones en procura de exponer su parecer. Una posición plantea que el Camarada Presidente ha dicho una gran verdad, que gracias a su capacidad de análisis autocrítico hemos depurado nuestro inédito proceso y que a pesar de los yerros nuestra causa marcha bien. En fin, una adhesión total al mensaje de nuestro líder revolucionario. La otra posición opina, que el Camarada Chávez tuvo oportunidad de corregir antes estos traspiés porque ya estaba al tanto, que eso ha costado a la causa revolucionaria fuerza popular, que debe en verdad en esta nueva etapa oír mas al pueblo y no su entorno y que de esa manera tendremos Chávez y Gobierno Revolucionario para rato con talante socialista. Después de estas exposiciones de camaradas con todo el derecho de hacerlo, sean valederas o no para quien las recibe, viene una andanada de dimes y diretes, no confrontando comedidamente y juiciosamente lo escrito o dicho, sino atacando la moral de las autoras o autores.

A los primeros o primeras (aquí si es verdad que hay igualdad de género) los tratan desde borregos o borregas, babiecas o babiecos hasta nuestra lapidaría y soez sentencia de jalabolas. A los segundos de infiltrados, quintacolumnas o contrarrevolucionarios. Y a partir de ese momento se va hilvanando una suerte de cadena de respuestas y contra-respuestas que caen en el ataque personal, más que en el aporte colectivo que promueva realmente la aglutinante dialéctica y no la diáspora. Es por eso, que este corto razonar que expongo va con mi condición autocrítica al decir que este ínterin previo a nuestras elecciones regionales, nuestras posiciones sean respetadas aunque no dejen de ser criticadas, para que no busquen en nuestras apreciaciones los esqueletos que cada uno tienen en sus armarios, sino el valor de decir las cosas sin cortapisas, pero sin desconcertar de manera insana. Hoy escribo poco, para ahórrales el tamaño de las respuestas que mi parecer pueda generar.

Les dejó una genialidad de Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. ¡Que vaina tan buena!

Sin Chávez no hay Revolución, porque Chávez es la Revolución.

Ingeniero

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Carlos J. Contreras


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