Consultores 21 o la muestra de cómo perder en un instante, una vieja reputación ante el desespero electoral

La estadística aplicada es una disciplina de trabajo con métodos formales y numéricos que permite estudiar una población. Como tradicionalmente el tamaño de esa población es grande y el tiempo y los recursos para su evaluación son limitados, se trabaja con una muestra de tamaño reducido de la misma.
 
Entonces, la selección que se hace de la muestra resulta crucial, ya que ella es la que permite establecer que será representativa de la población a considerar. No hay que ser un genio en ciencia para deducir que si la muestra no caracteriza a toda la población, cualquier deducción que se obtenga, a partir de ella, no será válida para a dicha población. Por eso, existen procedimientos establecidos científicamente para asegurarse de que ese tipo de errores no ocurran, tan rigurosos, que se puede establecer el error intrínseco en cada trabajo que se desarrolle. Una cuantificación del error de muestreo facilita además el poder disponer de datos con confianza, dado que un error por encima de los valores numéricos tolerables, es un modo para reconocer que hay que descartar cualquier trabajo estadístico que se haya realizado. En otras palabras, después de aplicar los procedimientos estadísticos, un evaluador sabe con certeza, cuán confiables son sus resultados.
 
La estadística aplicada se convierte así en un instrumento profesional y serio para poder establecer conclusiones acerca de una población como puede ser la intención de voto en un país, la aceptación de una campaña de mercadeo o ventas, o el agrado o rechazo a una ley nueva que se esté proponiendo o que haya sido recientemente promulgada. Ahora bien, desarrollar un trabajo estadístico que pretenda establecer conclusiones acerca de la gente que vive en una nación entera, puede resultar arduo y costoso. Por ello, existen empresas especializadas para realizar tal labor en un tiempo reducido. Su trabajo lo conforma entonces no un individuo, si no un grupo de personas debidamente entrenadas, con experiencia y coordinación suficiente como para poder hacer mediciones y pronósticos electorales. Un resultado que la empresa pronuncie o divulgue entre sus clientes, no es entonces producto de un estadístico solitario que sacó cuentas frente a un computador. Por el contrario, es producto de una secuencia de pasos formales que ha sido desarrollada por numerosos profesionales y que ha incluido esquemas de validación y verificación de cuán precisos y confiables son los manejos numéricos que se han aplicado. En otras palabras, una cadena de especialistas se encarga de evitar que un error se introduzca accidentalmente.
 
La garantía en un resultado no radica únicamente en que dicho personal disponga de más o menos títulos académicos o un mínimo de años de experiencia. No, además de dicha facilidad, la principal garantía sobre la confiabilidad del trabajo se fundamenta en el riguroso y cuidadoso seguimiento de los procedimientos estadísticos, que son además ampliamente establecidos y conocidos desde  numerosas décadas atrás. Si a un matemático se le va una cuenta, otro puede reconocer que eso ocurrió y advertir la necesidad de repetir el paso previo. Pero, si a pesar de eso, una empresa del ramo, consolidada, produce un nuevo resultado estadístico, puede cotejar si el mismo se apega a la tendencia histórica del comportamiento en otros momentos. El estudio de series de tiempos y secuencias históricas se constituye en sí como una forma de validación de los resultados. Es decir, si usted viene estudiando, con regularidad, el desarrollo evolutivo de una campaña electoral y obtiene un valor fuera de lo esperado, lo primero que piensa es si ha cometido una equivocación y procede a revisar con detalles toda la secuencia de pasos ejecutada. En caso de que no parezca ser una falla en el manejo estadístico, puede comparar con los resultados que en forma semejante vienen produciendo otras empresas que estudien el mismo fenómeno.
Esto es tan simple de pensar que desde hace más de un siglo, resulta común ver a estudiantes salir de una prueba y preguntar:" ¿cuánto te dio el resultado de la pregunta número tal?" Si el resto de sus compañeros le indica un valor que se repite ampliamente y difiere del que uno escribió, uno tiende a creer que el error lo produjo nuestro cálculo. Pero si nuestra respuesta encaja con la de la mayoría, entonces ganamos cierta confianza en la misma. De manera que si una empresa sostiene que el candidato X va a la cabeza de una campaña electoral, pero todas las demás, producen un resultado contrario, es porque debe haber revisado numerosamente su trabajo y haber ganado con ello mucha confianza como para contrariar públicamente al resto. Y si esa situación sucede varias veces, durante la campaña, es lógico pensar que alguien está cometiendo un error garrafal, y al no reconocerlo en el debido tiempo y bajo las numerosas formas de verificación de datos que la estadística provee, está también comportándose como un inexperto en el área y un gran desconocedor de los más elemental principios en el tratamiento estadístico moderno.
 
De forma pues que resulta inaceptable escuchar a una empresa con la trayectoria de Consultores 21, expresar públicamente que no sabe por qué razón su pronóstico electoral falló. Y mucho menos que ese desacierto haya tenido más de trece (13) puntos de diferencia con el resultado que si produjo la elección. Es decir, no solamente se equivocó, es que lo hizo repetidamente a lo largo de la campaña, pues no fue que produjo un resultado final que contrariaba a los previos que venía obteniendo. Adicionalmente, fue que indicó un resultado que se oponía al que la mayoría de las otras corporaciones con quien compite en el mercado, divulgaban. Y por si fuera poco, se equivocó no en una elección que estaba cerrada, si no en una que desde hace más de un año, ya se pronosticaba que ganaría Hugo Chávez. Fracasó en su trabajo frente a un panorama bien claro y por más de diez puntos de diferencia. En cualquier país del mundo, tras una falla de semejante magnitud, la empresa estaría despidiendo a la directiva entera y a más de un departamento de empleados de su nómina. Estaría presentando excusas a sus clientes y al país entero. Estaría señalando rápidamente cuál fue la razón de semejante desatino y trataría de recuperar la confianza que perdió y enlodó como si se tratara de un incompetente. Estaría intentando alejar el fantasma de la idea de que su trabajo obedeció al estricto interés político o al innoble pago por un resultado, más que a la seriedad y riguroso apego a la disciplina a la cual se debe.
 
Una empresa de manejo de estadística, con impacto nacional no olvidaría que en su labor aplica aquella vieja cita de Aristóteles "El castigo del embustero es no ser creído aún cuando diga la verdad".

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