¿Resistir? ¡Insurgir!

Acostumbrados a sentirnos parte de un sistema que sin darnos cuenta sigue dominándonos y suprimiendo nuestras iniciativas, la mayor parte de quienes nos sentimos revolucionarios, estamos acostumbrados a accionar desde la resistencia, en una especie de reacción permanente, que nos hace esperar un ataque de quienes nos adversan para tomar las calles y hacer sentir la voz de esa resistencia, que el resto del tiempo espera pasiva sin dar señales de la más mínima existencia.

Esto es generado por todo un sistema educativo, económico, cultural, religioso y político, que desde unan visión occidental nos ha enseñado que la izquierda se ha caracterizado por responder y no por proponer, un modelo que desde la época de la colonia a ocultado la otredad, a sometido a todo aquello que no se parezca a lo blanco, a lo europeo, a lo americano, a lo académicamente válido y aceptado. El mismo sistema que nos ha enseñado a temerle a todo aquel que se asuma revolucionario, comunista y/o socialista y a observarlo como una amenaza, como una persona que se quedó en los planteamientos de aquel experimento social fracasado (como lo consideran algunos) que fue la Unión Soviética.

Si nos concentramos en el caso venezolano, nos encontramos con que a lo largo de la historia hemos sido gobernados por militares y por personas identificadas con las corrientes de derecha, lo que llevó a quienes somos y nos asumimos de izquierda a acostumbrarnos a formar parte de una resistencia que ha tomado distintas formas, desde la lucha armada de los años sesenta y setenta, pasando por una oposición política que ocupó espacios en el antiguo Congreso, hasta llegar a los estallidos sociales y militares de finales de los ochenta y principios de los noventa.

Lo anterior es sólo un recorrido sin detalles de una época que se encuentra contada en los libros de historia utilizados para adoctrinar a nuestros hijos en las escuelas desde la visión del vencedor, de aquel que dominó, que persiguió y hasta llegó a asesinar a quienes se oponían a sus gobiernos y a sus formas de ejercer el poder. Con esto, no debería sorprendernos que la izquierda se encuentre aún del lado de la resistencia, esperando los ataques a los que estamos acostumbrados para activarnos.

La llegada de Chávez a Miraflores representa la primera oportunidad en la historia del país en que la izquierda toma el poder a través de unas elecciones, han pasado casi catorce años desde aquella histórica victoria en la que los puños de nuestro pueblo se alzaron en señal de victoria, el camino recorrido ha sido largo y complicado, lleno de tropiezos, de trampas, de errores, de logros, de aciertos y de triunfos, que han demostrado cada vez más el compromiso del gobierno y del pueblo de avanzar juntos hacia la construcción del socialismo a la venezolana. A partir de esto me pregunto ¿Por qué tras catorce años en el gobierno, seguimos estando parados del lado de la resistencia?.

Es necesario reflexionar sobre nuestro papel como parte de este movimiento que ha sido reconocido en el mundo entero como promotor de cambios y transformaciones a nivel regional, la figura de Chávez ha dado la vuelta al mundo poniendo en el tapete el proyecto venezolano en los escenarios en los que nunca nadie, a excepción de Fidel Castro, se atrevió a identificarse como revolucionario y socialista; ¿acaso no es este el mejor ejemplo de la insurgencia?.

A veces resulta inaceptable, como a estas alturas todos esperamos que Chávez haga el llamado a la movilización para que todos nos activemos y salgamos como fieras a defender nuestra patria y nuestro proceso, sólo en abril de 2002 salimos espontáneamente a las calles a rescatar a nuestro líder y a restaurar los logros que de un plumazo la oligarquía venezolana nos había arrebatado horas antes, en ese momento insurgimos desde los barrios, desde nuestros puestos de trabajo, desde las universidades y desde cualquier trinchera a restablecer la revolución que tanto esfuerzo nos ha costado.

En la actualidad es necesario que nos mantengamos en un abril permanente, que asumamos de una vez por todas que nosotros somos el gobierno, que nosotros tenemos el poder y que fuimos nosotros quienes guiamos a Chávez a la victoria del siete de octubre, fecha a partir de la cuál asumimos el compromiso de garantizar que comience la profundización de un sistema que siga garantizando una mayor felicidad social y una distribución equitativa de los recursos que son del pueblo.

Que sean ellos los que resistan, si pueden, la fuerza de la marea roja, esa que con claridad en sus objetivos nos conduzca a la consolidación del socialismo venezolano, que asumido desde la vanguardia insurgente del poder popular se mantenga en las calles de nuestra patria por siempre, movilizando, agitando y revolucionando a máxima velocidad los más mínimos detalles de esta sociedad.

Insurgencia hoy, mañana y siempre.

Chávez es la garantía de nuestros logros.


Sociólogo

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