La UNESR y el desencanto

Desde que se instaló en la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR) la actual Rectora Balestrini e impuso los actuales equipos directivos –o mejor dicho, lo que queda de ellos- ha recrudecido una suerte de desencanto académico y administrativo que se materializa en todos los órdenes de la vida universitaria. En un comienzo, pensaba que era por mi culpa -dada la exigencia académica- que aumentaba la deserción de participantes en las cátedras que trabajaba y trabajo, lo que me conducía a pensar que no lo estaba haciendo bien, y me asesoraba con algun@s colegas. La sorpresa fue que también la deserción ocurría en todos los casos que fueron consultados, el hecho era de magnitudes importantes en el orden del 60% o 70% de participantes. Otra dimensión del desencanto se devela en la vida cotidiana de nuestros núcleos ante la ausencia de actividades, foros, discusiones relativas al acontecer humano y mundano que alimenta el espíritu universitario y complementa las actividades formales a las cuales nos debemos en el ejercicio docente, correspondiéndose esta anomia con la ausencia de planes y de dirección en la cual se ha sumido nuestra institución. La mayoría de nuestros núcleos se han convertido en un sitio de paso por el cual transitan –de vez en cuando- facilitador@s a dedicación exclusiva que sólo acuden a impartir “clases” y a retirar el bono de alimentación. Nada más.

La actividad política, en su sentido amplio, se ha invisibilizado por no decir diluido, en una suerte de corrillos de poca monta que reflejan nuestra frágil capacidad de crear espacios y mecanismos colectivos, donde el debate político-ideológico esté a la orden del día en aras de constituir la universidad crítica y transformadora –con tod@s adentro y afuera- que permita formar ciudadanía y profesionales responsables con su ser y hacer como generaciones de cambio en una Venezuela que se ha dispuesto a construir el Socialismo.

Este desencanto refleja los que ahora somos, individuos sin el menor sentido colectivo, sin compromisos institucionales ni nacionales, alienados de un proceso político que se alimenta de la vida real a la cual nuestra institución se ha cerrado, convirtiéndose en distante y no permeable a los procesos que la revolución bolivariana vitaliza como: la participación, el protagonismo, la democratización, la crítica, la autocrítica y el ejercicio constructivo de la acción revolucionaria. Vivimos una institución que se niega, temerosa de cambiar.

El desencanto se repite en cada uno de nuestros núcleos a nivel nacional en un efecto cascada, que desde los niveles rectorales inunda y constituye una cultura organizacional dañina, que es como el aire; no podemos verla pero existe y determina los comportamientos personales y la vida institucional. Convidamos a la ministra Yadira Córdova a evaluar la actual gestión, eso sí, empezando en los núcleos que es donde vive la verdadera universidad.

morrocoynos[email protected]

(*) Sociólogo


Facilitador núcleo Valera.



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