¿Luchar contra la Clase Media o por la Clase Media? Una respuesta al radicalismo rojo

En Venezuela, el tema de las clases sociales es uno de los elementos más complejos y peor utilizados dentro de la política activa del país. Mientras en otros países la clase empresarial se diferencia con total claridad de la clase media, y ésta a su vez se desmarca de las clases pobres, en Venezuela el único estrato social que parece estar bien definido es el que corresponde a los sectores A-B de la población, es decir, al 3% correspondiente a la clase alta y casi alta del país.

Según varias encuestadoras y empresas de datos estadísticos, en Venezuela la población puede estratificarse someramente de la siguiente forma: un 42% del sector E: población pobre o de escasos recursos, con viviendas humildes o precarias; un 38% del sector D: población llamada “Clase media baja”, la cual puede cubrir todas sus necesidades básicas con esfuerzo y trabajo; un 18% del sector C: conformado por la clase denominada “Clase media alta/media”, que además de cubrir sus necesidades básicas lográ, también en base al esfuerzo y trabajo, comodidad y cierta seguridad económica; y un 2% de la llamada “Clase alta”, que esta conformada por empresarios y altos ejecutivos.

Como vemos, la clase media en Venezuela puede decirse sin exagerar que atraviesa al menos un 60% de los estratos sociales del país. Podría considerarse fácilmente a un habitante del 23 de enero como parte del sector “D” de la población, exactamente el mismo sector en el que se podría encontrar un habitante de las parroquias San José, Altagracia, Sucre, etc. Solo por mencionar los sectores de la ciudad capital.

Ahora bien, ¿cuál es el problema de la política y la clase media en Venezuela? Por un lado, el sector opositor con una fuerte presencia en el sector “C” de la población, ataca de forma despiadada a los sectores populares de la nación, sin notar que buena parte del grueso de la clase media luchadora correspondiente al sector “D” de la población, se maneja, convive y comparte su día a día con esos sectores populares. Palabras como “Ignorantes, marginales, brutos, etc.”, son comunes en un grupo de opositores de la clase media acomodada del país, al igual que comentarios de prensa y televisión de “connotados analistas” que manifiestan sin el más mínimo reparo que “ganó la ignorancia en Venezuela” y otras frases que denotan un profundo desconocimiento de nuestra sociedad. ¿Cómo ganar una elección despreciando, no sólo al 42% de la población de los sectores populares, sino también a buena parte de los sectores de clase media y clase media baja que han logrado surgir de la pobreza, pero a su vez la han vivido y aún conviven con ella? ¿Pueden los políticos de oposición deslastrar de sus seguidores ese odio a lo popular, al barrio, a las zonas humildes, al campesino?

Esas interrogantes parecen no tener respuesta en los sectores de oposición, al parecer la dirigencia política opositora ha fracasado en su intento de aclarar que la pobreza no es sinónimo de ignorancia ni mucho menos de vandalismo.

Ahora bien, la razón de este artículo no es resolver las dudas existenciales de la oposición, sino abrir los ojos a los nuestros, a todos los partidarios del gobierno, sobre el acto subnormal de seguir creyendo que casi el 60% de la población que puede considerarse de clase media son los rivales a vencer. Mientras los sectores de oposición se afanan en perder a los sectores más humildes de la Clase media, los partidarios del gobierno del presidente Chávez parecen esforzarse en evitar que la Clase media estable del país apoye al proceso bolivariano.

Se puede decir, que al igual que la oposición, también hemos fracasado durante todos estos años. Permitimos que menos de un 10% del país convenciera a algunos sectores de los estratos “D” y “E” de la sociedad, que la lucha del presidente Chávez es en su contra. Lejos de aclarar que la clase media es protagonista del proceso político que se vive en el país, oscurecemos con discursos llenos del mismo odio que nos emanan los opositores. Personas de sectores populares, de sectores de clase media luchadora, y demás espacios que pudieran ser pro-oficialistas, se niegan a apoyar a un proceso que en boca de sus partidarios (no así de sus líderes) los acusan de fascistas y disociados.

Claro está que una parte de la clase media venezolana, pudiera considerarse sin ninguna duda como irrecuperable: personas divorciadas de cualquier acercamiento al gobierno, que sencillamente odian todo lo que tenga que ver con el Socialismo, racistas y clasistas que jamás apoyarán un proceso político que tenga como prioridad a los sectores populares, personas con claros indicios de alienación mediática que de igual forma nunca aceptarían un gobierno de Chávez, e incluso y por obvias razones, personas de clase media alta a las que no les conviene económicamente un gobierno de corte socialista.

Pero por ese grupo muy fácil de reconocer como minoritario dentro de la clase media, hemos descuidado al grueso de este sector que sencillamente se opone al gobierno por nuestra omisión y culpa.

Incluso nuestro fracaso, y el pronombre NUESTRO no es en vano, ha sido tal, que muchos de los que promocionan la alienación de la clase media opositora son los propios partidarios del gobierno del presidente Chávez. Es tal nuestro fracaso, que muchos de los que critican a la clase media pueden ser catalogados precisamente dentro de este sector, y no son los que más han luchado por aclarar la realidad del país. No es Chávez el que generaliza, somos nosotros en nuestro afán de ser igual de torpes que la oposición.

No nos sentamos a meditar sobre la amplitud de la clase media venezolana, y lanzamos el dardo venenoso tanto a los verdaderos opositores disociados, como a los opositores de la clase media luchadora. Lanza el dardo, no importa a quien le caiga.

Criticamos férreamente la generalización racista y clasista de la oposición, que confunde la pobreza con la humillación, el vandalismo y demás locuras, pero al mismo tiempo generalizamos y catalogamos a toda la clase media como disociada. El afán de los radicales de ambos sectores, ha convertido a Venezuela en un país en el que, o se es “malandro de barrio” o se es “sifrino flojo”.

No podemos seguir gastando energía en el descredito de un sector que nos hace falta, en palabras del propio presidente Chávez, para avanzar en el desarrollo del país. No debemos seguir recriminando a una clase media que por razones casi absolutamente mediáticas, no apoya al proceso bolivariano. El rescate de este sector para que integre el proceso de desarrollo y avance del país pasa por evitar encasillar a toda una clase dentro de un grupo radical, que con seguridad no debe ser más del 15% de la población opositora del país.

El presidente Chávez, quien sin lugar a dudas es nuestro patrón a seguir, ha abierto innumerables veces las manos al sector opositor. Siempre ha sabido diferenciar entre el Burgués explotador y la Clase Media explotada, por ello hoy no existen los créditos indexados, existen los planes de financiamiento de micro-créditos, existen los programas educativos, de alimentación, salud, para todos los sectores, entre otros beneficios que buscan consolidar a la clase media del país.

Ahora toca a la mayoría, a ese casi 60% del país, convencer a aquella minoría, de que el Burgués no es precisamente un aliado de los sectores medios del país, es un buen momento para aclarar a todos, que el socialismo democrático es inclusión social y redistribución equitativa de la riqueza nacional. Llegó la hora de reevaluar nuestra campaña comunicacional hacia la Clase media en Venezuela y al mismo tiempo olvidar el absurdo clasismo a la inversa que algunos radicales de rojo promueven.

[email protected]

Esta nota ha sido leída aproximadamente 686 veces.

Comparte en las redes sociales