Chávez, claves paraganar en diciembre

Un proceso que implica cambios ideológicos y de paradigmas, no se puede hacer de la noche a la mañana, ni siquiera tratando de imponer un sistema de pensamiento en forma violenta. El caso venezolano se debate entre la violencia hasta ahora eminentemente verbal y la violencia física armada.

El gobierno en un país católico, que ha sufrido los embates de la transculturización capitalista durante toda su historia, no puede cambiar la forma de pensar a  una parte importante de la población en forma abrupta. Hay que buscar generar la masa critica.  Es necesario un reacomodo del pensamiento colectivo para poder lograr este cambio en forma pacífica.

En los últimos 14 años se han hecho avances en el cambio de sistema pero no en el cambio de mentalidades, todo lo contrario, la intimidación verbal y física, lo que ha hecho es radicalizar a los que creen ciegamente en el capitalismo o neoliberalismo como único sistema aceptable de vida creándose un círculo vicioso.  Esta situación hace que aún la revolución dependa de un solo hombre, Hugo Chávez. No hay generación de liderazgos socialistas ni remotamente parecidos a los que el Presidente tiene.

Por el lado de los oposicionistas, han centrado su estrategia en la negación de todo y en el odio a una persona, Hugo Chávez.  Hugo Chávez es simultáneamente, líder de la oposición y del oficialismo.  El radicalismo es la doctrina política imperante en los dos bandos en que está dividida Venezuela. Son solo dos millones de personas las que separan un sector del otro en un país con treinta millones de habitantes.  Esto crea inestabilidad social y política. Los perdedores se creen ganadores y los ganadores de las últimas elecciones creen que fallaron solo en la intensidad de la presencia del líder en las calles. Craso error.

Los oficialistas deben centrar su campaña a captar sobre todo a la clase media, que es la clase que en todos los países desarrollados, es la fundamental para el crecimiento equitativo de las naciones.

Una política que inspire confianza a los inversionistas privados, una política de seguridad personal y patrimonial, una política comunicacional adecuada al mundo moderno y un PODER JUDICIAL que imparta JUSTICIA  con los ojos vendados,  serian pasos indispensables e impostergables para que el gobierno se consolide ideológicamente.

Las amenazas producen una reacción de defensa que puede tornarse en violenta y pasar a ser agresiva. Esto hay que pararlo. Esperemos que el llamado al diálogo y a la reconciliación nacional del Presidente, logre sus objetivos.

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Miguel Antonio Osío Sandoval


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