Acabemos con el PCV

El Partido Comunista de Venezuela, actuando de manera soberana, tomó la decisión de no prestar su apoyo a las candidaturas a gobernadores de los estados Bolívar (Rangel Gómez); Amazonas (Nicia Maldonado); Portuguesa, (Wilmar Castro Soteldo); y Mérida (Alexis Ramírez) por ética y moral revolucionaria, según informó el Secretario General, y anunció candidaturas distintas en esos estados, candidaturas que según el PCV permiten la construcción del socialismo. Señaló que están abiertas las posibilidades de la unificación, siempre y cuando el pueblo decida quién será el candidato, en una clara alusión, así lo entendemos, a la elección a dedo que hiciera la alta directiva del PSUV de los candidatos y candidatas a gobernadores y gobernadoras.

Es bien conocido que después de casi cuarenta años de militancia en el PCV me separé de la organización por diferencias con algunos dirigentes, especialmente con Oscar Figueras, por la forma de ejercer la dirección de los órganos superiores, pero me traje conmigo mi ideología marxista leninista, mi convicción revolucionaria y la integridad y decoro en el trato con los y las camaradas. Por eso luce a mis ojos como un extravío que personajes que se proclaman revolucionarios diriman un asunto político con la pobreza intelectual y la bajeza moral como lo hicieron algunos de ellos. Al PCV, como a todos los partidos y factores que militan en la revolución, se les debe respeto y no son precisamente los actores políticos que dicen ser revolucionarios quienes pueden vulnerar esta regla de oro.

No es mi intención dirimir si el PCV actuó en forma equivocada o si lo hizo en forma correcta. Tampoco me corresponde atacarlo o defenderlo. Eso no está planteado en este debate pues algunas de las personas que han hecho pública su posición la han materializado sin criterio político, pero si con vulgares enfoques que parecieran buscar la destrucción del PCV, su aniquilamiento. Ha sido una brutal reacción anticomunista del aquelarre mediático, un intento por ridiculizar lo no ridiculizable, de solicitarle al Partido, a grito pelado y con una histeria digna de siquiatras, su desaparición, similar a aquel famoso grito estrepitoso de la meritocracia de la PDVSA del año 2002 “Chávez vete ya”. Su consigna parece ser Acabemos con el PCV.

Hay casos dramáticos, como el de quienes fueron militantes del PCV “hasta ayer” y hoy utilizan un lenguaje indigno para referirse al PCV, y luego pregonan su condición de docente y de escritor. Otros aprovechan el aquelarre para atacar a la ex Unión Soviética y a la misma revolución rusa y, de paso, a la heroica República de Cuba. No faltaron quienes, incluso, llegaron a negar a Carlos Marx como líder ideológico de los procesos revolucionarios del mundo. Hasta hubo un caricaturista que quiso ser humorista y se puso cómico, al mejor estilo de un cómico de los medios privados, porque pintó a un ave de rapiña devorando al gallito del PCV. Se retrató a si mismo y a sus compañeros de faena. Le salió el tiro por la culata.

Josefina Cedeño
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