A propósito del debate electoral

Patria Altanera

Mi rojo, lo llevo en las venas, no necesito vestirme de él, para demostrar o sentir la fuerza viva de su tono. Además, de que como mujer, se añade un ímpetu, una energía adicional que me hace contestaría por naturaleza. Nací y me crié en el combativo y glorioso 23 de Enero, como algunos lo mientan, pero hace casi 3 décadas vivo en Los Andes, específicamente Mérida. A pesar de estas distancias geográficas, mi formación ideológica y política adquirida en ese entorno, con luchas sociales y locales (La Cañada y La Central) sigue viva y madurando cada día más.

Haber vivido en la ciudad y en la provincia, me ha permitido tener una visión, una óptica bastante amplia del desarrollo de las políticas de estado en ambos espacios. Más concretamente en el hecho electoral, me atrevo a compartir unos criterios para el debate.

Hace poco, un amigo, me comentaba vía móvil, qué carajo había pasado en Mérida, a propósito de los nefastos resultados en este estado, donde cabe destacar, que en algunos municipios y alcaldías gerenciadas por nuestros militantes, se había perdido con más del 30% de la fuerza del voto rojo. Ejemplo, en el Municipio Alberto Adriani (el Vigía) obtuvimos solo 7 mil de los 12 mil obtenidos en los comicios pasados y en Campo Elías ganó la oposición con una ventaja de 300 votos. Esa data específica la tiene el CNE. En la conversa, el amigo desestimaba esa derrota, por cuanto son ciudades de menor importancia, no cambian el escrutinio, en fin no cuentan. No le respondí con altanería como debía, porque aun disfrutaba de la euforia y la pasión del triunfo del 7 –O.  Pero todos sabemos que eso no es así, perder cientos de votos en municipios tradicionalmente rojos y ganadas precisamente atacando las pésimas gestiones de la cuarta, es tener que admitir con tristeza y arrechera, que nuestros dirigentes locales no solo no lo están haciendo bien, sino que se sienten pequeños reyes, intocables y sordos.

No es suficiente haber sido VISUALIZADOS por el gobierno central, ahora se impone ser OIDOS por todas las instancias de poder. Urge, entonces, escuchar a la provincia abandonada por el nepotismo, la ineficiencia y la heredada, pero bien perfeccionada, corrupción de la administración de los últimos años. Estos líderes, si así se les puede llamar, no entienden la responsabilidad histórica, el compromiso con un proyecto país y sobretodo subestiman la capacidad de la PATRIA ALTANERA.  Con Sus pésimas y mediocres gestiones, juegan a desgastar la paciencia, la vocación democrática y la disposición de cambio de los habitantes de esos alejados municipios. Y por supuesto no imaginan que en cualquier momento esa paciencia se agota y entonces, van a correr cabezas como en la monarquía francesa. Serán muchos las Antonietas. En virtud de ello, es prioritario, y en consonancia con el petitorio del Presidente una vez reelecto, tener como tarea primaria y obligatoria, REVISAR, SUPERVISAR, ACOMPANAR, JUZGAR Y SANCIONAR a tiempo esas gestiones, esos gobiernos locales, a través de los mecanismos que se consideren acordes, ayudando y actuando ante las denuncias, las quejas, las molestias de todos los ciudadanos, sin menoscabo alguno, pues este fenómeno, no solo se produce en estas alejadas y remotas zonas, esto está ocurriendo desde Tucupita hasta Chacantá.

Es tiempo de OIR esa voz que se alzó, no contra el PRESIDENTE, sino contra la desidia, el abandono y la escasa o nula aplicación de los programas sociales que tanto han beneficiado a nuestro pueblo. Si queremos retomar esos espacios políticos en los próximos comicios del 16 D, aunque estén en el último rincón del país, es el momento propicio de atender ese clamor, esa voz emanada a través del voto y no solo conformarnos con el análisis de la encuestadora Hinterlaces de Oscar Schemel, a propósito primo mio y nacido también en mi parroquia, que describe los resultados como un VOTO CASTIGO.   NO es suficiente, hay que patear la calle, ir a los mercados, montarse en busetas (como le llaman aquí) y medir el impacto de las políticas públicas in situ. La responsabilidad de un gobernador, un alcalde o concejal de nuestras filas, es suya y de nadie más, son muchos los problemas irresueltos por estos personajes.  No es un castigo para Chávez que Mérida ciudad y destino turístico por excelencia, este hundida hasta el cuello de basura por la gestión de un alcalde incompetente como Lester Rodríguez, como tampoco es castigo que el gobernador Marcos Díaz Orellana destine un montón de dinero a inaugurar una manga de coleo (sin menoscabar los valores culturales intrínsecos en esta actividad) en vez de construir o habilitar un comedor para los deportistas de todas las categorías que entrenan en el complejo deportivo cinco Águilas Blancas.

Me perdonan, pero... y parafraseando al Presidente el próximo 16 de diciembre: Desamor con desamor se paga.

*Docente de Educación Especial con 29 aòos de servicio.
[email protected]

Esta nota ha sido leída aproximadamente 578 veces.