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Entrevista a Morella Jurado
“Cuentas claras”
Por: Roberto Egui
Fecha de publicación: 08/07/05
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R.E. –Hay en éste momento todo un revuelo alrededor de la Mega-exposición y de las evaluaciones que se hacen en torno a cuáles son los verdaderos éxitos o posibles insuficiencias, o por lo menos, aspectos no del todo resueltos desde el punto de vista del sector cultural y del sector de la plástica en el cual tú has venido trabajando desde hace años. En este sentido, ¿dónde ubicas tú el debate?

M.J.- Yo dejé muy clara mi posición en mi artículo publicado en ENcontrARTE. La Mega-exposición ha sido un pretexto que ha permitido inducir al debate, inducir a la reflexión, y activar un poco la voz pública de los artistas. Y, en especial, la de los artistas plásticos que estamos con el proceso, pero que definitivamente tenemos un conjunto de controversias que poner sobre el tapete. En especial en torno a lo que está recientemente ocurriendo con la política cultural en el país.

R.E.- Pero ¿tú no sientes que de alguna manera al hacer tú crítica al proyecto de la Megaexposición, (el cual se ha transformado de algún modo en una bandera la oposición cultural, con todos los vicios que esta ha emblematizado), tú no sientes que al adscribirte a esta polémica, no estás saltando también la talanquera hacia una oposición excesivamente áspera, inoportuna o injusta?

M.J.- Mira, yo tengo la impresión de que hay un complejo generalizado en los dos lados, en los dos bandos, por así decirlo. Hay una matriz de opinión que presume que si los afectos a la oposición aplauden los logros que ha tenido la revolución o que ha tenido este proceso revolucionario, entonces están saltando la talanquera de sus convicciones; y se están tornando rojos. Temen entonces estarse volviendo comunistas. O estar deviniendo chavistas. Lo mismo sucede con los chavistas. Yo no comulgo con ninguna de estas posturas. Sobre todo porque unos y otros necesitamos un proceso de reflexión de lo que estamos haciendo. Y no se puede hacer reflexión si no hay, si no impulsamos la dimensión crítica. Debemos revisar a Simón Rodríguez quien decía: “La verdadera democracia se construye con ciudadanos críticos”. Porque, cómo se gesta la democracia sino es formándose en el uso del criterio. Porque no es sino con reflexión, comparando, y despedazando paradigmas cómo se cimienta un cambio de paradigma. No hay atajos que no presuman el ejercicio de la crítica. Durante la última década colectivamente hemos protagonizado un intenso debate de refundación de las dimensiones política y social del país. Todavía falta mucho, pero es innegable el terremoto de cambios que hemos atravesado. Porque no es sino a través de oponerse a modelos y regímenes establecidos como se va llegando al punto de no retorno hacia un estadium verdaderamente dialéctico de revolución. Por contraste, no resulta gratuito que el CONAC y el Ministerio de la Cultura, y con él todo el ámbito específicamente cultural sea, del conjunto del proceso revolucionario, la parcela que menos haya sufrido o, más bien, protagonizado, cambios estructurales.

R.E.- ¿Es el cultural el menos revolucionario de todos los procesos de cambio en Venezuela?

M.J.- Lo que pasa es que cultura es una cosa y gestión cultural, otra muy diferente. Pareciera obvio pero no lo es tanto, sobre todo en un país profundamente varado en el paternalismo petrolífero, fenómeno al que no escapa el sector oficial de la cultura. Lo diremos discretamente: el Ministerio de la Cultura y el CONAC no son la cultura de este país, Farruco, ni ningún ministro esta llamado a desarrollar la cultura. Los funcionarios públicos del CONAC no son los que de hecho paren la cultura. Es verdad, ellos regentan de alguna manera, recursos que podrían ayudar. Recursos monetarios y no monetarios que podrían coadyuvar a que se precipiten los procesos. Es decir, Julio Montes no es el llamado a hacer las casas; o el Ministro de Producción y Comercio quien deba amasar las arepas, ni a industrializar la harina pan. Tampoco esta llamado a ser quien alimenta a los cochinos, no. El es quien debe que dirigir, es decir canalizar de alguna manera una política coherente, uno de cuyos objetivos es que haya más superficie cultivada, que haya más y mejor producción de cochinos, que haya más y mejores, y más sanas vacas, para que los productores de lácteos bajen los precios del queso y de la leche y para que nosotros, las mayorías podamos estar en condiciones de comprarlos y aprovecharlos, etc.

R.E.- El proyecto neoliberal dice que en la medida que hay menos intervención del Estado hay más mercado, también se desarrolla mejor el campo, en general todos los órdenes. ¿Tú dirías que en cuánto hay menos Estado en el ámbito de la cultura, se propicia un mayor desarrollo cultural?

M.J.- Yo creo que la cultura es parte de toda esa estructura de la que me estás hablando. Es decir, creo que el hombre hace cultura más allá, independientemente y a veces hasta a pesar de la mayoría de los gobiernos. O más precisamente, creo que los gobiernos son paridos en y desde la cultura. Los gobiernos y el Estado son una forma cultural. Formas culturales históricas, además. Es decir, son lo que son porque hubo hombres y mujeres que permitieron que llegaran a ser los que hoy día tenemos. Con sus aspectos excelentes, buenos, regulares y asimos. En este sentido los ministros no hacen la cultura. Más bien, la cultura hace ministros. Y, hay que reconocerlo, esto no habla necesariamente bien de nuestra cultura.

R.E.- Ahora, se dice por ejemplo, que Chávez ha sido un catalizador para una serie de procesos, tanto interno del gobierno como de la oposición. Tú dirías que el Ministerio de la Cultura en los últimos años ha catalizado de alguna manera el proceso cultural, ¿o lo ha restringido?. ¿Cuál es tu evaluación sobre ese proceso?

M.J.- Bueno yo creo que el Ministerio de la Cultura ha hecho muchas cosas, y pocas verdaderamente vertebrales, memorables, claves al proceso. En una palabra, históricas.

R.E.- ¿No eres demasiado injusta? ¿No se ha publicado? El ministerio acaba de publicar y hasta donde se sabe, de repartir una apreciable cantidad de obras del Quijote, el máximo exponente de las letras hispánicas y probablemente uno de nuestro mayores orgullos de todos los hispanohablantes, por decir algo, ¿no?

M.J.- Bueno, vamos a sacar una cuentica. Si yo me meto en Internet, me aparecen por lo menos 15 páginas con el Quijote completo.

R.E.- Pero además del contenido del libro esta la fascinación de poseer en las manos un objeto simbólico culturalmente decisivo para nosotros como hispanohablantes, y que es en sí una obra de arte. Probablemente hay gente que nunca ha tenido un libro, y mucho menos de esos grandes quilates. La pregunta mía es ¿entregar el Quijote no puede ser parte de un éxito de una gestión cultural?

M.J.- No es parte de un éxito de una gestión cultural. Porque no se inscribe en una política de enseñar a leer, no se desprende de una política coherente de apoyo a los escritores, a los nuevos escritores, a la gente que está escribiendo y que no tiene manera de publicar. Más bien se inscribe o al menos coquetea con la vieja política del pan y circo. Es una política de yo Farruco Sesto, yo protagonista, hago esto, protagonizo esto, doy, regalo, doy el donativo cultural este, y entonces me voy a las plazas y obsequio libros del Quijote porque nosotros somos una revolución que tiene dinero. Porque ¿quién le dijo a Farruco que la urgencia en el sector cultura hoy día en Venezuela pasa por repartir, o por leer el Quijote?.
Que alguien me diga a quién le preguntó algún funcionario del Conac o el ministerio, cuál es o debe ser la espina dorsal de la política cultural en este complejísimo contexto de salto adelante, como nos lo exige el Presidente. Muchos amigos y hasta enemigos lo repiten a hurtadillas. El país va por un lado, y el país estatal cultural, por otro. ¿A quien se le consultó si a nosotros o a alguien le parecía o convendría clausurar todas las fundaciones y convertirlas en una sola cosa centralizada? ¿A quién le preguntó Farruco Sesto o algún director del ministerio o el Conac si a nosotros nos interesaba montar un estudio de grabación multimillonario como el que montó en el CONAC, para que, como es costumbre ya, grabaran algunos elegidos?. ¿A quién le preguntó alguien algo? Y esto así habla de algo. Habla de la cultura del no diálogo. La cultura del cacicazgo ministerial.

R.E.- Bueno, pero tengo entendido de quién haya leído el documento del Salto Adelante sabe que Chávez propone en ese documento y se lo sugiere o se lo encomienda al Ministro. Es decir, que se publique masivamente esa obra. Tú no crees que hay una función del líder, en este caso del máximo líder en el sentido de conducir procesos y de imprimir directrices propositivas sobre qué hacer en el ámbito de la cultura. En dos platos, ¿Chávez se equivocó?

M.J.- No. No fue que Chávez se equivocó. Chávez está proponiendo eso más una inmensa cantidad de cosas. Ahora si Chávez quiere ser Ministro de la Cultura entonces que se meta a Ministro de la Cultura. Se supone que uno propone un Ministro de la Cultura para que cree líneas generales, políticas generales. Yo no he visto todavía ni en un libro, ni en una página cultural pagada por el CONAC como la página que acaba de sacar recientemente, el cuadernillo semanal de Ultimas Noticias, que no sé cuánto dinero costó, para hablar sobre la Mega-exposición y poner una cantidad de gente allí pagada para que hiciera críticas blandengues sobre las virtudes de la Mega-exposición.
¿Es que el Ministerio no tienen unos lineamientos políticos medianamente claros que seguir, que cumplir? ¿Dónde están los planes de cultura, cuáles son los indicadores de gestión, de proceso de impacto a partir de los cuales sea imaginable medir, cuantificar o cualificar algo concreto? Mas embarazoso aun, ¿dónde está el plan anual cultura?

R.E.- Bueno, pero yo he leído que hay indicadores de gestión en el plano de la participación, de la integración, de la interrelación, sobre todo de otros sectores que históricamente han estado excluidos del ámbito cultural. ¿Tú no crees que allí hay un avance o por lo menos una invitación a un avance?

M.J.- Bueno, hay varias dimensiones en esto...

R.E.- Te ruego que no seamos apasionados, que no leamos la cultura desde el sueño platónico, porque sabemos que se nos ha criticado a muchos de los que hacemos crítica por formular una crítica más bien venática, lenguaraz, gastrointestinal.

M.J.- Bueno, vamos a comenzar diciendo algo, por ejemplo, en el campo que me compete, que es el de las artes visuales, y específicamente ligado con la ya casi famosa Megaexposición. Con relación a esto es clave que haya un criterio conocido por todos. Tiene que haber un criterio. Después discutimos si se considera bueno o no. Y por qué si o por qué no. Pero tiene que haber al menos mínimos parámetros. Parámetros de aceptabilidad, de participación, de ingreso o no a cierta sala, etc., el criterio de la inclusión en este caso se contradice con el criterio de la calidad curatorial. Un curador existe porque es necesario desarrollar señales que permitan en el espectador indicios con qué poder comprender la puesta en escena. El trabajo curatorial escribe la gramática de lectura de una muestra por definición disímil, polivalente, carente de organicidad.

R.E.- Una narrativa.

M.J.- Una narrativa visual, expositiva, que obedezca a ciertos criterios básicos de observación, de iluminación, de espacio entre obra y obra, de señalización correcta del nombre del artista, del nombre de la obra, de sus dimensiones y la fecha, incluso un texto que nos pueda indicar la época en que se hizo, la muestra o el objetivo de la muestra. Cuando tú presentas por ejemplo una muestra en Dinamarca acerca de la cerámica Wayuu, tienes que explicar de qué se trata. Tienes que contextualizar la obra e instalarla en el contexto de dicha cosmovisión. Para que ese espectador que tal vez nunca ha venido a Venezuela, que tal vez nunca se haya enfrentado con ningún hermano indígena, pueda de alguna manera comprenderlo, y a partir de allí pueda aproximarse a la estructura de la exposición. Entonces, ¿qué es lo que pasa?: Que la Megaexposición carece de curaduría.
Que es como decir que una novela posee miles de bellas palabras. Pero esas dulces palabras están dispuestas de forma tal que carecen de organicidad. Son piezas con un sentido individual, individualista, con un valor auto-referencial que las auto-referencia. Son válidas sólo en sí mismas. Es decir, la novela tiene muchos sustantivos y adjetivos pero carece de conectivos entre ellas, y de verbos que permitan conocer al espectador cuál es el sentido de todas esas palabras juntas. Y el problema no es solo básicamente estético. Estamos en plena revolución y algunos estamos procurando hacer arte en y con y desde la perspectiva de esta, nuestra revolución. Y a esto hay que darle una lógica. El sector cultura no puede darse el lujo de bajarse del esfuerzo de sentido que trata de mil formas imprimirle el torbellino revolucionario.

R.E.- Pero si no sabía cuantos ni qué artistas participarían, ¿cómo hacer una curaduría de lo desconocido?

M.J.- Al principio la Megaexposición no tenía planteado incluir todas las obras que fueron enviadas. Vale decir, en ningún momento se planteó eso. Incluso se designó a un jurado calificador.

R.E.- ¿Y qué pasó con el jurado?

M.J.- Bueno, que por alguna razón alguien se despachó la decisión del jurado, revirtió sus decisiones, y unilateralmente decidió que todas las obras fueran incluidas.

R.E.- ¿Entonces se aceptaron todas las obras presentadas?

M.J.- Bueno eso supuestamente. Eso dice el ministerio. Pero todos los artistas sabemos, por comentarios pasillo, que no todas fueron incluidas. Que había obras supuestamente que estaban desarrolladas de una manera tan insuficiente que, según se dice en corredores del Conac, incuestionablemente no se las podía incluir.

R.E.- ¿Por amateur?

M.J.- Bueno me imagino, no lo sé. Yo no sé cuáles fueron los criterios de inclusión. Mucho menos los de exclusión. No sé cuales fueron los criterios incluso para colocar unas obras en un museo, y otras, en otro. Eso tampoco se explicó. Aunque la verdad, luego de tantos ríos de tinta que han corrido últimamente, la verdad es que no se ha explicado casi absolutamente nada convincente sobre los intríngulis que rodearon la Megaexposición. Nada. Se habla de un desierto explicativo. Por lo menos nada mínimamente decisivo. Ni siquiera para los que querríamos, militante y razonablemente, dejarnos convencer.

R.E.- Pero ¿tú subscribes las críticas que El Nacional, El Universal le hacen a la Megaexposición? ¿O cuáles subscribes, y cuáles no?

M.J.- Me parece que no es mi papel en este momento hacer un recuento o balance de las críticas o murmuraciones que hasta ahora se han consumado. Pero, por ejemplo, no suscribo la de Pérez Oramas, que es evidentemente irrazonable, fascista y además, mayamera. Ese señor ha sido y ha vivido toda su vida de señalar a los artistas que a él le parecen deberían ingresar a los museos.

R.E.- ¿Para consagrarlos?

M.J.- Sí. Para consagrarlos con tan sólo tocarlos. La política crítica reducida a ejercicio de varita mágica. Eso es un buen ejemplo de despotismo. Y más aun, es una buena definición de una política de exclusión. Porque una práctica que se hace moderna corriente, de hecho deviene en política. En práctica política. Y así como es política exclusivista la que practica Oramas, la es también la que hace Farruco cuando se toma la molestia de responder a la oposición cada tanto que lo critican. Desafortunadamente no ha tenido la ocasión todavía de responder a los artistas que estamos con el proceso. A los que no es tan cómodo descalificar con el pinchazo de escualidismo cultural. Yo no tengo nada personal contra el Sr. Ministro. Pero precisamente como apuesto por su éxito es por lo que aparto tiempo, del que por cierto carezco, para brindar franca y osadamente mi posición. A ver si otros también se auto incluyen en este diálogo. Un diálogo tal vez por demasiado tiempo aplazado. Y, está visto, cada día se hace más y más necesario. Imprescindible precisamente por ser un sector llamado, casi obligado a innovar. Porque si los trabajadores de la cultura no innovamos el terreno simbólico, identitario, de la recuperación de la memoria, y de la reconfiguración de futuro, ¿quienes lo van a hacer, los ingenieros civiles, los zootecnistas o los farmaceutas?

R.E.- Posiblemente el ministro no tiene tiempo de responder a todas y cada una de las críticas que se hacen. Puede que, incluso, este no sea una tarea del Ministro.

M.J.- Bueno pero si no es un encargo del Ministro, lo debe ser del de alguna gerencia del Ministerio. Como a su cargo tienen todos los museos, curadores de arte que trabajan exclusivamente para los museos, y que en este caso no fueron empleados para esta muestra. No era que tenían que pagarles honorarios profesionales a nuevos empleados. No. En el Ministerio hay suficientes empleados y suficientes curadores de excelente calidad. Esta Nanín, por ejemplo, que está apostado en el Museo Jacobo Borges. Uno de los mejores curadores de éste país. Mientras, la muestra en ese museo en que el labora deja cosas qué desear.

R.E.- Evidentemente me desvío un poco del asunto, pero se me ocurre y te pregunto ¿éste proceso revolucionario no plantea también una revolución de los estilos de la curaduría?

M.J.- Creo que no es el punto. En todo caso habría que hacer una reingeniería de los museos y del papel de los museos. No de la curaduría. La curaduría es un instrumento. Es un instrumento que ha sido desvirtuado por gente como Pérez Oramas o tanto otros como el mismo Boulton, para suplir su complejo de artistas, simplemente tocando algunos elegidos y perfumados para que devengan las estrellas del momento. Pero el curador es un profesional educado para organizar un espacio para que sea coherente, vale decir, entendible. Y propositivo, además. La curadoria es a la plástica lo que el montaje al cine. Y hay muchos grandes directores que afirman que la película se cumple o se malogra precisamente en el montaje.

R.E.- ¿El montaje viene de la re-escritura lógico-estética?
M.J.- Exacto. Entonces a lo mejor eso es importante pensarlo. Pero yo creo que también, más que pensar en romper el paradigma de la curaduría, en éste momento deberíamos ponernos a pensar ¿qué pasara después de ésta Megaexposición? ¿Qué va a pasar con el saldo reflexivo que esta ha despertado? ¿Vendrá una vez más el olvido y quedará todo en el tintero del folclore de la cháchara autóctona?

R.E.- ¿Pero tú no crees que también durante la IV República se produjeron muchas incoherencias, idas y vueltas y hasta desmanes?

M.J.- Definitivamente. Pero yo no estoy discurriendo sobre la IV República. La IV República a demasiados ya nos tiene verdes. Corremos el riesgo de achantarnos conceptualmente en la praxis bajo el pretexto de que la IV República lo hizo mal o pésimo. La IV Republica no debe seguir siendo un pretexto para detener la profundización del proceso. De verdad es importante que todos, tirios y troyanos nos digamos: ¡Ya! Nosotros tenemos 6 años de gerencia cultural es éste país. Y va siendo hora de repensarse. Chávez lo ha dicho, o es ahora o la oportunidad la tengan otra vez nuestros nietos o bisnietos. Y no quiero esperar tanto. Por ello es clave repensar si lo que hemos hecho es genuinamente revolucionario. Sobre todo habida cuenta de los múltiples y complejísimos desafíos que ahora mismo se ciernen sobre el proceso. Debemos cambiar la mirada hacia el pasado y concentrarnos críticamente mucho más en lo que estamos haciendo, y en lo que vamos a hacer de ahora en adelante. Con sus desmanes y miopía crítica la IV república se enterró ella misma. Esta es su principal virtud. Y particularmente creo que no tiene mucho sentido venir a exhumarla.

R.E.- ¿Tú no sientes que al tú dejar de lado lo que pasó con la IV República, o al poner un punto y aparte, estás haciéndole un juego a la campaña, digámoslo así, de descrédito de lo que hace el Ministerio de la Cultura una de cuyas acciones más visibles ha sido la Megaexposición?. ¿No estas alineándote con los artistas de la IV República en la crítica que formulas?

M.J.- Esta cacería de brujas que quieren colocar, ésta especie de medioevo revolucionario, donde se comienza a señalar a la gente que disiente nombrándola como hechiceros de la IV República, no me parece mínimamente sustentable, y mucho menos, válida, y por ello no voy a entrar en ese juego. Yo siempre he sido una mujer crítica. Yo soy una mujer de izquierda y revolucionaria antes que todo. Y lo soy antes de que apareciera en la palestra política Hugo Chávez Frías.

R.E.- ¿Tú crees en o apuestas por el anarquismo? ¿Es decir, planeas decapitar el poder por el solo hecho de descabezarlo?

M.J.- No. Decapitar el poder no. Yo no estoy diciendo eso. Yo creo que hay que hacer las cosas bien y rápido, como bien dice el Comandante. Ahora este bien y este rápido no es un bien o un rápido a la medida del gusto o conveniencia de un burócrata, quien quiera este sea, Farruco o Uslar Pietri, Espinoza u Octavio Paz. El asunto de fondo no es uno de nombres, alcurnias o protagonismos de vacas sagradas. Es de fondo. Es un proceso de rehechura colectiva. Hechura de lo cultural desde lo social, desde lo identitario dialéctico. Porque es desde la cultura desde donde o se cambian o se fosilizan valores, prácticas, enfoques, proyectos, etc. La cultura tiene como responsabilidad incidir, impactar, transformar, sobre todo, nuestra cultura política. Por eso repugna todo intento o proyecto de “culturizar” o intentar hacer más culta a la gente. Por eso, y volviendo a tu pregunta, te diría que no es un gesto anarquista lo que nos lleva a tenerle alergia a la palabra burocracia.
Es el concepto mismo de revolución bolivariana el que le tiene alergia a toda forma anquilosada, engolada, acrítica de burocracia. La revolución debe ser por definición burócrato-fóbica. O, al menos, burocrático-revisionista. O corremos, todos, el riesgo de traicionar el espíritu mismo, la oportunidad única e histórica de facturar, de hacer, es decir, de protagonizar esta revolución. Política cultural sin participación y sin espíritu crítico pudo hacerse, y de hecho se hizo, con Rómulo Betancourt, Carlos Andrés o con Caldera. Ahora nosotros no podemos darnos ese lujo. Una revolución que no es, sobre todo, decididamente cultural, está coja. Y más aun, corre el riesgo de devenir en simbólicamente parapléjica.

R.E.- Tú apoyarías lo que vienen reclamando algunos en el sentido de pedirle la renuncia a Farruco por la Megaexposición.

M.J: No. No voy a entrar en esa bronca porque me parece infértil. La cosa no pasa por quitar o poner a nadie. La cuestión es con qué proyecto, y con qué parámetros medir ese proyecto. Y que éste sea, hasta donde fuere posible, hecho con la gente. Con la participación del sector. Con el protagonismo del sector. Si Farruco hace mañana esto, cuántos no saldaríamos a defenderlo. Vale decir, a defender una rectificación que acopla gestión cultural con revolución participativa política y social.

R.E.- ¿Pensando en parámetros, no hay una productividad de los dineros que se entregan a un Ministerio cualquiera que sea?. No sería conveniente medir esa productividad en términos de beneficiarios que lo reciben?

M.J.- Por supuesto, pero el beneficiario no es únicamente el espectador. El beneficiario también es el hacedor de cultura. Y la cosa es que todos lo somos. De formas diferentes, pero todos los ciudadanos lo somos. Y allí esta el desafío de todo verdadero gerente cultural: en identificar los ambientes en que se está haciendo, protagonizando, transformando y enunciando la cultura. Y prestarles el apoyo para promover el crecimiento de eso que se considera valioso, propositivo, cuestionador del estatus quo, dialógico, potencial o efectivamente simbólicamente subversivo, revolucionario, es decir, transformador. Cabe preguntarse sin arrebatos oficialescos: ¿dónde están en este país las expresiones (y el beneficio) de una política de verdadera inclusión en el sistema educativo-cultural, de las artes?, por ejemplo.

R.E.- ¿Eso no atañe y es responsabilidad del Ministerio de Educación?

M.J.- No, es responsabilidad del Ministerio de la Cultura. Conjuntamente, desde luego, con el Ministerio de Educación. Son ambos.

R.E.- ¿Son tareas concurrentes?

M.J.- Sí, son responsabilidades concurrentes. De hecho, el instituto Armando Reverón es un ente descentralizado del Ministerio de la Cultura y al mismo tiempo es un instituto universitario de estudios superiores en educación. Entonces ambos entes tienen que ir de la mano. De hecho se llamaba Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, ahora el Ministerio de Cultura pasa a otra ala pero tiene que hacer un trabajo en conjunto.
Dónde está por ejemplo la investigación una vez que acaba la Megaexposición, ¿que pasa por ejemplo con todos esos muchachos o con toda esa gente que ha trabaja sin posibilidad de exponer y es tal vez la primera vez que expongan en una sala tan grande en la capital, y otras partes de Venezuela?¿Qué pasa con esa gente? ¿Se va a hacer un estudio profundo de por donde va su investigación, de cuál es su corriente, cuál es incluso su seña, su teléfono, en qué parte trabaja, dónde ha estudiado, cómo lo incluimos, si lo incluimos en la Misión Cultura, si abrimos algún campo de estudio, algún campo laboral por ejemplo. Que esa gente que está allí, si está capacitada que dé clases de arte en las escuelas bolivarianas, que hacen falta también.

R.E.- ¿Tú no crees que ayudar mucho al artista es conspirar contra su propia capacidad creativa? Se dice que en cuanto el Estado le mete dinero en los bolsillos del artista de alguna manera lo oficializa, lo prostituye, de alguna manera lo hace más dócil o lo hace digamos, un arte oficial.

M.J.- Primero yo no estoy pidiéndole ni becas ni ayudas al Ministerio de la Cultura. Yo estoy proponiendo desarrollar una política cultural, en tal sentido lo que se propone es en rasgos generales, una política de educación para las artes que comience como hay muchísimos sistemas que podríamos copiarlos, por ejemplo el sistema Ruso, que comienza desde la infancia, desde los primeros años de la vida y que vaya pasando al bachillerato y luego a la universidad, si es el caso que haya algún muchacho que le interese especialmente esa área.
Eso es una de las áreas a trabajar. Ahí no se le está diciendo, métele dinero en el bolsillo al artista, se le está diciendo, vamos a incluirlo, vamos hacer que la gente trabaje en lo que le gusta, en lo que es bueno, y que además estemos ayudando a otros. Estemos ayudando a esos niños que se están formando para que puedan observar el color, para que puedan comprender la textura, para que puedan visualizar de otra manera. Eso, eso se aprende y eso lo podemos enseñar efectivamente.

R.E.- Ahora, el gobierno está proponiendo un plan bastante amplio, generoso de incorporación de nuevos reclutas, de nuevos soldados al proceso revolucionario, por supuesto con su respectiva seguridad social. Tú dirías que, por decir algo, los que han participado en ésta Megaexposición pudieran ser considerados soldados también en un proceso de construcción revolucionaria desde la gestación de los nuevos símbolos, de las nuevas perspectivas, posiblemente interpretativas de lo que es el proceso nuestro que en gran parte sigue siendo todavía un enigma que se está construyendo, que se está inventando a sí mismo. ¿Cómo ves el tratamiento, no solamente de éste gobierno, el tratamiento en cuanto a seguridad social y en cuanto a incorporación al Estado venezolano? ¿El artista tiene garantizada su gota de petróleo?

M.J.- Yo creo que estas haciendo dos preguntas al mismo tiempo. La primera te señalaría que en cualquier barrio se hace cultura, esté Lusinchi, esté Carlos Andrés Pérez, esté Luis Herrera o esté Chávez. Aquí se sigue haciendo cultura y se va a seguir haciendo cultura. Nosotros somos soldados. Siempre hemos sido soldados de la cultura. Aquí se hace la Cruz de Mayo, se canta a San Juan, se hace el Corpus Cristi, y la gente se viste de rojo con su Diablo de Yare desde siempre, y se baila a San Benito desde siempre, por ejemplo, y se pinta desde siempre, y se hace poesía desde siempre, porque el movimiento de poetas en éste país es gigantesco.
Uno de los mejores, con la mejor calidad, con la mejor sensibilidad que existe en el mundo, diría yo. Dime ¿ellos tienen su gota de petróleo? ¿Acaso se ha hecho una investigación de cuál es el movimiento poético de este país, en Venezuela, alguna vez se ha hecho? ¿Hay o se auspicia de algún modo la crítica académica, profesional de nuestra poesía?

R.E.- En general en el resto de los países latinoamericanos dicen que en Venezuela junto con Méjico, Cuba, Argentina y Chile están entre los países de habla hispana que últimamente han producido mayor prolijidad de generaciones de buenos poetas.

M.J.- Pero, ¿dónde están impresos? ¿Dónde están los estudios impresos sobre este fenómeno? Y más aun, si es verdad que hay tan excepcional zafra poética criolla, ¿dónde está la critica, el movimiento critico que instale en la tradición literaria este esfuerzo? ¿Dónde están las revistas literarias serias y coherentes que articulen esta dimensión de apuesta cultural con lo que se hace, al menos en Latinoamérica? ¿Dónde el amiguismo, el compadrazgo o las sempiternas tribus culturales ceden terreno a la profesionalización del escritor, el escultor, el músico, el artista plástico, y así en general?

R.E.- Bueno el CONAC creo que tiene un programa bastante agresivo de publicación de libros de todo tipo, ¿no?

M.J.- ¿Por ejemplo? Si nos guiamos por la biblioteca temática, lo que tenemos son libros que lamentablemente no los tengo, pero te puedo decir que casi todos los que están allí publicados son funcionarios directos del Ministerio de la Cultura. O peor aun, funcionarios directores de publicaciones de los distintos órganos del Conac publicándose unos a otros. Eso sí, con patrimonio del Estado.

R.E.- O sea, el Ministerio publicándose ha sí mismo.

M.J.- Exactamente eso. Su imagen especular. Sin desdecir de la calidad, por Dios, para nada. Yo respeto muchísimo a William Osuna, respeto a Miguel Márquez, a Gustavo Pereira, a Roberto Hernández Montoya, pero todos son o han sido recientemente altos funcionarios. Entonces ello trasluce que no hay una investigación del o de los movimientos, los postulados estéticos o político, sobre las dimensiones de posibilidad de una vanguardia silenciosa en el registro poético. Del poeta de Puerto Cabello que está allá y no tiene cómo publicar sus libros.
Y no por falta de calidad. ¿Cómo hacemos allí? Yo siento que de verdad ha sido una política con muy buenas intenciones, pero que en la manera de hacerlo, no hay, o peor aun, se sabotea la inclusión. No hay inclusión verdadera. La inclusión no se basa en montar una feria del arte, porque al final eso es lo que es, una feria del arte. Entren que caben cien. Monten uno sobre otro, un cuadro sobre otro. Un libro sobre otro. No queremos. Más aun, no merecemos una cultura de muestrario, de repertorio, de embalsamamiento.

R.E.- ¿Te refieres a la Megaexposición?

M.J.- Por dar solo un ejemplo. Funcionarios en el ministerio alegan que hay inclusión. Pero en la sala de entrada, la de los grandes maestros, allí están sólo los grandes maestros. Allí cuando se pregunta ¿cómo se debe sentir un muchacho que está expuesto al lado de Soto?. Pero es que no, no se le colocó al lado de Soto. Ni se puso al lado de Manuel Espinosa. Ni de Quintana Castillo. No, los grandes maestros están en una sala, muy apartaditos y medianamente lejanos de las otras salas donde están los otros, los artistas jóvenes, los artistas menos conocidos.
Ahora yo creo que es deber del Ministerio, un poco más que contestar las críticas de Tulio Hernández, el de escribir sobre cuál fue el criterio de la inclusión, quién lo decidió, por qué, cómo se hizo. Es decir, hacer un análisis completo, un recuento completo de cuáles fueron los criterios de escogencia de las salas, de quiénes participaron en la curaduría, porque yo no lo sé. A todas estas, por ejemplo, en una entrevista que se le hizo a Vivian Rivas, hizo mención de mi nombre por un percance que ocurrió con mi obra. Pero nadie sabe si Vivian Rivas es la responsable de la Megaexposición.

R.E.- ¿Cuál es el límite de lo que debe saber un artista o público en general y lo que es el ámbito propiamente digamos de decisión del funcionario público?

M.J.- Yo quisiera saber ¿esto es un Ministerio de Defensa donde se manejan secretos de seguridad y defensa? ¿O es que estamos hablando del Consejo Nacional Electoral donde se deben cuidar las informaciones al público porque la paz del país se pone en peligro?

R.E.- Mi pregunta es ¿no estás metiéndote en demasiados intríngulis de un mundo que es, digamos, responsabilidad de cada funcionario?

M.J.- Dame un ejemplo, porque yo no le estoy pidiendo que ellos me digan cuánto gastan en papel toilet, cosa que yo podría pedir, además, porque eso lo permite y promueve la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

R.E.- ¿Qué le estás pidiendo tú o gente como tú al ministerio o al Conac?

M.J.- La inclusión comienza por permitir que todos tomemos decisiones. O que al menos entendamos los criterios con que se toman las decisiones. Quiero decir, la cosa no puede seguir siendo ¡juntémonos… y vayan!. ¿Qué es lo que pasa? Lo primero que hay que hacer es desarrollar un saldo organizativo en todos los niveles. Las Misiones son un saldo organizativo tanto del Ministerio del Trabajo, como del Ministerio de Educación y de Economía Popular, las Mesas Técnicas de Agua de Hidroven, Hidrocapital y del Ministerio del Ambiente.
Entonces, ¿Cuál es el saldo organizativo del Ministerio de la Cultura?. Si estuviéramos en la IV República yo no me atrevería a decir esto que estoy diciendo, pero resulta que yo tengo una nueva Constitución, que estamos en proceso de un cambio verdadero, que como estamos en proceso de un cambio verdadero todavía nos permitimos nombrar un Ministro de la Cultura, pero que el deber ser de esta revolución es otra cosa que no tiene nada que ver con los Ministerios y mucho menos con el Ministerio de la Cultura. Por eso de alguna manera todas las Misiones vienen a suplir una estructura burocrática e histórica enquistada como el Ministerio de Educación. Así queremos también que existan Misiones, que exista una estructura donde la toma de decisiones sea mucho más directa, mucho más en concordancia con el pueblo.

R.E.- Tú hablas de Misiones Culturales, por encima del funcionamiento del CONAC y del Ministerio de la Cultura.

M.J.- Obviamente, y una contraloría social real y una constituyente cultural donde los artistas participemos de una manera absolutamente horizontal de las tomas de decisiones de cómo se gasta el dinero de la cultura en éste país, por ejemplo.

R.E.- ¿Tendrá el Conac y el Ministerio suficiente dinero para hacer una labor revolucionaria y para invitar a la gente a que también participe, o la cultura sigue siendo la guinda de la torta?

M.J.- Mira yo te voy a responder con un ejemplo: Cuba es probablemente, no sé cuántas veces, tendría que preguntársela al Sr. Farruco que tiene más facilidad en sacar las cuentas, tres o diez o diecisiete veces mucho más presupuestariamente pobre que Venezuela. Pero Cuba, en éste momento, en lo que respecta a artes plásticas, es uno de los países más avanzados de América Latina. Y eso no es porque los cubanos tengan más o menos talento que los venezolanos. Ni es por el volumen de dinero que tengan. Es porque se ha desarrollado una política cultural coherente.

R.E.- ¿Qué llamas tú coherente?

M.J.- Una política que toque la educación. Buenos institutos universitarios para los artistas, que toque una política de exportación de las artes, como un producto de un valor importantísimo.

R.E.- Como bandera política

M.J.- Como bandera política, claro. Pero es que son bandera de la revolución. Una política que respete y que incluya realmente al artista. Una política de investigación de lo que esta haciéndose, los que están haciendo la cultura.

R.E.- Yo tengo entendido que hay investigaciones en el plano artístico.

M.J.- ¿En Venezuela? ¿Dime dónde?

R.E.- No sé. En el Celarg, por ejemplo. Tengo entendido que tiene presupuesto para proyectos de investigación...

M.J.- Bueno mira, probablemente son esfuerzos pequeños y que no trascienden el ámbito capitalino. En ese sentido podríamos pensar en hacer la Misión Reverón. O sea, vamos a investigar a los artistas y hacerles un seguimiento cercano de su obra, de cómo es su proceso, de por dónde va. Tomarle fotos a la obra por ejemplo. Porque no sacar una página Web desde el Ministerio de la Cultura con fotos de los artistas, por ejemplo, vamos a empezar con los de la Mega.
Con buenas fotos, vamos a buscar a todos esos fotógrafos que están en los museos, vamos a buscarlos a todos, que son buenos fotógrafos y les decimos, “bueno muchachos aquí tienen 20 cajas de películas”. Cómo diría mi Comandante, “Aquí tienes dos sacos de película, váyase pa’lla mijo, Ud. va para Maracay, Ud. agarra Yaracuy, Ud. agarra Valencia, Ud. agarra...” así. Y le empiezan a tomar fotos y buscamos a todos esos periodistas que también están en el CONAC, y buscamos literatos que también están en el CONAC y los mandamos a todos para el interior para que hagan un trabajo de campo, serio y verdadero, y que los artistas se sientan visitados en sus pequeñas casitas de bahareque donde están pintando, donde están haciendo su barquito, al campesino que también pinta, que también a lo mejor participó, a ese señor que nombra Farruco que está en Yaracuy, que lo vayan a visitar y que vean qué es lo que está haciendo, cuáles son sus expectativas, qué es lo que quiere.

R.E.- Pero si el Ministerio de la Cultura no tiene suficientes recursos, probablemente está haciendo hasta lo que en éste momento puede y simplemente ponerlos al lado de otros soldados y, de alguna manera, facilitar que estos se codeen con ellos.

M.J.- A mí me parece que eso es de nuevo una adoración a la formalidad institucional

R.E.- ¿Qué significa eso?

M.J.- Uno de los primeros paradigmas que se tiene que romper, que tenemos que romper los revolucionarios, es esa fascinación por lo institucional, esa fascinación por sentir que somos más democráticos por la posibilidad de entrar a hacer una cola interminable al Teatro Teresa Carreño. Romper con la idea de que así estamos realmente participando de la cultura.

R.E.- ¿Qué implica participar realmente de la cultura para ti?

M.J.- Participar de la cultura es poder tomar las decisiones.

R.E.- ¿Un golpe de estado cultural?

M.J.- Por supuesto. Cultura y revolución son términos sinónimos. La Constituyente cultural va hacia eso. Va hacia un golpe de estado de la institución decimonónica social, política, cultural. Nosotros los artistas no necesitamos al Ministerio de la Cultura, el Ministerio de la Cultura necesita de nosotros los ciudadanos y los ciudadanos artistas. De este encuentro es desde donde va salir un ciudadano artista y además, revolucionario.

R.E.- Ahora, tengo entendido que el Ministerio de la Cultura es un ente recién nacido. Pero sigue existiendo el Conac. Así, ¿qué es lo que ustedes en tanto que artistas tienen que pedirle al Ministerio de la Cultura y qué tienen que pedirle más específicamente al CONAC?

M.J.- Es que yo creo que es lo mismo. Lo que pasa es que se cambió de nomenclatura. Pero hasta donde no se nos explique la diferencia, es lo mismo. Es decir, se cambió de sellito, pero es exactamente lo mismo. Porque si Farruco como ministro, lo acaba de decir en un artículo publicado en Todos Adentro en el Ultimas Noticias, no conoce cuáles son las líneas generales del CONAC, si el ministro no lo sabe alguien podría preguntarse quién debería saberlo. A falta de criterios la cosa deviene en enigma.

R.E.- ¿La Constituyente Cultural?

M.J.- La Constituyente Cultural, por supuesto. Nosotros queremos precisamente sentar las bases.

R.E.- ¿Si esa propuesta se produjera en todas las otras áreas, no tendríamos un caos? Dicho en otros términos, si tenemos una constituyente social, si tenemos una constituyente económica, si tenemos una constituyente de la vivienda, ¿no tenemos un golpe de estado cultural, un golpe de estado al sector económico, un golpe de estado en cada área, y así sucesivamente? Ustedes no sienten que están apostando a la anarquía en un momento en que el país necesita más cerrar filas alrededor de un proyecto único.

M.J.- Pero es que ese es un proyecto único.

R.E.- ¿Cuál?

M.J.- La Constituyente. Es que yo estoy retomando las mismas palabras de mi Comandante quien dijo: “Todo el poder para el pueblo”. Y ¿cómo se ejerce el poder?, el poder se ejerce mediante la toma de decisiones. Nosotros no estamos diciendo aquí anarquía, estamos diciendo esto: el poder tenemos que discutirlo. Vamos a sentar las nuevas bases de cómo se ejerce, cómo se administra, como se lidera y distribuye el poder. La Constituyente se basa en desarrollar unas bases discutidas entre todos los que vivimos en este país. O sea, que yo más nunca tenga encontrarme con un periodiquito de no sé cuántas páginas, de 14 o 15 sacado por el Ministerio de la Cultura con mi dinero, con el dinero de los venezolanos. Un periodiquito que lo que hace es alabar un proyecto, el del Ministerio de la Cultura. Pero si este proyecto hubiera prendido no seria ahora necesario salir mediáticamente a defenderlo. Barrio adentro no necesita publicidad para fortalecer el apoyo popular.

R.E.- Pero el diario El Nacional también enfila, como dice el Ministro, un solo tubo opositor en contra del Ministerio.

M.J.- Pero es que también hay un solo tubo a favor del Ministerio.

R.E.- Para defenderse.

M.J.- ¿Para defenderse de qué? Defiéndase con hechos, defiéndase con buena calidad, defiéndase haciendo las cosas bien y rápido, primero va el bien y después va el rápido. Por eso Chávez lo dijo, bien, primero y rápido, después. El Nacional es un periódico privado, ellos hacen con su dinero lo que quieren y pueden pagarle a quien ellos quieran. Yo me siento en la responsabilidad de decirle al ministerio, no puede seguir gastando nuestro dinero, el dinero de todos los vecinos de esta gran comunidad que se llama Venezuela.
De sacar 16 páginas para contestarle una cartica a Tulio Hernández, porque a casi nadie le interesa Tulio Hernández. Si alguien quiere responderle a Tulio Hernández, pues escríbale un mensaje por e-mail. O invítelo a una cervecita o al helado de las 4-D, como alguien lo nombra. Invítelo al helado en la 4-D, invítelo a un tesito de malojillo y entonces allí converse con el Sr. Tulio Hernández. Pero no me gasten los pocos reales en eso. Porque hay artistas que se están muriendo de hambre. Hay artistas indigentes. Que hay que tratarlos, que hay que acompañarlos, que hay que tocarlos.

R.E.- ¿Y no es una responsabilidad compartida?… porque el Presidente ha dicho que hay una responsabilidad del Presidente, de los Ministerios, pero también hay una responsabilidad de los gobernadores, de los alcaldes, de los concejales y en general de todos, pues. Todos tenemos un ámbito de responsabilidad en cuanto que sujetos críticos, gente que ha tenido oportunidades de ir a universidades, al exterior, etc., o cualquier tipo de acceso privilegiado a la cultura, entonces ¿cómo verías tú eso?

M.J.- Bueno mira, lo veo desde todo punto de vista, seguimos siendo la cenicienta de la estructura política social de éste país. Y siento que esto no se debe tanto a que el país no entiende la cultura como que los entes rectores de la cultura no entiende al país.

R.E.- ¿Por qué?

M.J.- Te voy a dar un ejemplo sencillo. Acabo de leer las bases para participar en uno de los salones más importantes de esta ciudad, el salón Juan Lovera, cuyo primer premio de pintura son 2.800.000 bolívares, que se le dan a un artista después de por lo menos 5 años de trabajo y de estudios y de investigación de su trabajo. 2.800.000 de bolívares que son apenas la quincena o un poquito más de la quincena de un Concejal. Entonces, tú te puedes dar cuenta de lo absurdo y del maltrato subterráneo hacia el artista plástico y hacia el artista en general. Claro que es una responsabilidad de todos.

R.E.- ¿Y cuál es la propuesta?

M.J.- Freddy Bernal. Proponerle: “Sr. Freddy Bernal lo que vamos a hacer de ahora en adelante es lo siguiente, Ud. junto con su equipo de gerentes que trabajan allí, pues busque convenios con empresas y cooperativas que elaboren materiales de artes plásticas. Pero se pueden hacer y entonces se equipa al artista de materiales para un año de trabajo, tela, pinceles, gubias, madera, mármol...”

R.E.-Porqué no has pensado en lugar de un premio para un artista, cien premios para cien artistas, en esos mismos términos.

M.J.-Vamos a empezar de a poquito para no ser exagerados, para no, por ejemplo caer en posturas platónicas. Porque a los artistas nos cuesta mucho comprar materiales, entonces imagínate tú que premiazo que nos equipen un taller, o que, por ejemplo, durante un año de trabajo, la Alcaldía de Caracas se comprometa a dar en comodato a los artistas uno de los tantos espacios de Fogade tiene todavía abandonados, vacíos como talleres rotativos para los artistas. Ya con eso se brinda un aporte inolvidable a la creación de ese señor o de esa cantidad de gente que está trabajando en espacios incómodos, costosos y hasta hacinados.

R.E.- ¿Esa función no la cumple el Armando Reverón o la Cristóbal Rojas?

M.J.- No, no la Cristóbal Rojas lamentablemente la están ahogando. Eso es un tema para otra entrevista que me encantaría que la hiciésemos, pero la Cristóbal Rojas es un instituto casi “macondiano”, está olvidado. Macondiano en el momento en que comienza la gente a olvidarse, a perder la memoria. Entonces se ha olvidado, se ha perdido la memoria de ese espacio, ese espacio está cerrado, ese espacio está carcomido por la burocracia, por la poca actitud volitiva del Ministerio de Educación, y bueno pues está allí vegetando y creciéndole la maleza. Y el Instituto Armando Reverón, ellos dan espacios a las personas que están estudiando en el instituto, pero hablo de los artistas que ya salieron del instituto, que nunca han estudiado o que el espacio es muy estrecho para trabajar.

R.E.- Yo conozco que hay países, por ejemplo, en Estados Unidos en cuyas ciudades importantes, hay incluso residencias, se le da por un año, conocí en Nueva York y en Boston y California que hay residencias donde se les permite durante un año habitar allí y con un sitio, un atelier cerca donde poder desarrollar su arte y exponerlo. ¿Eso se ha hecho alguna vez en Venezuela?

M.J.- Mira no lo sé. Yo tengo entendido que Villanueva dentro de su diseño inicial, tenía pensado y desarrolló unos espacios de talleres en los bloques del Silencio. Entonces era un poco de esa combinación de artista, de la ciudad, del vecino, un poco la Universidad Central de Venezuela, las obras conviven completamente con la gente que está estudiando, entonces tú puedes estar sentado al lado de un Calder mientras estás asimilando física o discurriendo sobre matemática.

R.E.- Como la entrevista tiene su extensión siempre limitada por definición, quisiera hacerte 3 preguntas, primera, porqué los artistas plásticos no preguntan de una manera más sistemática, más coherente, más ordenada, más aguerrida al poder para que les dé respuesta. ¿Tú crees que ustedes son un sector blandengue, son un sector poco aguerrido, deestructurado?

M.J.- Sí, somos un sector deestructurado.

R.E.- Son un sector débil.

M.J.- No, no somos un sector constitutivamente débil. Bueno sí somos un sector débil políticamente en cuanto al hecho de estar desestructurado. Yo creo que se han hecho intentos, que se están haciendo intentos, pero también tenemos una situación que es que el artista en general, es muy ensimismado, muy egocéntrico.

R.E.- No es sindicalero.

M.J.- No, no es sindicalero. Aquí digamos que los artistas siempre estuvieron, la gran mayoría, muy pasivos como el resto del país no, y ahora se está despertando.

R.E.- Tú dices que han hecho algunos planteamientos verbales, eventos, foros, que incluso públicamente a través de tú artículo, y que nunca se te ha respondido, ¿cómo te sientes tú en esta fase de monólogo?

M.J.- Mira chico, yo estoy acostumbrada a eso. Yo estoy acostumbrada desde siempre a esa situación.

R.E.- ¿No es absurdo dialogar como decían los personajes de Ionesco, en esperando a Godot, un Godot que nunca iba a llegar? ¿Va a llegar un proceso verdaderamente revolucionario en el ámbito artístico tal como lo piensas tú y otros artistas que están junto contigo?.

M.J.- Yo no tengo afán de protagonismo, yo no espero que me responda ningún ente gubernamental. Esto yo lo hago básicamente para mover, para invitar a todos los artistas que como yo formamos parte y creemos en éste proceso. A invitarlos a éste baile, a este guaguancó que se llama Constituyente Cultural. A que escribamos, a que me respondan, a que hablemos, a que discutamos hasta largas horas de la noche, a que desarrollemos, a que formemos la candela. Chávez dijo claramente “La cultura es el combustible”. Nosotros somos el combustible para desarrollar un proceso verdaderamente democrático, que se disemine a lo largo de toda Venezuela, desde el palafito hasta la última casa de bahareque de San Juan de la Galdonas.

R.E.- Tú crees que ese combustible en el caso tuyo y de otros compañeros como tú, no es excesivamente gástrico, esquemático. Porque se ha dicho que muchos artistas están respondiendo con el estómago más que con argumentos.

M.J.- Yo creo que yo te he dado argumentos.

R.E.- Te pregunto a ti. Tú sientes que tú eres una tirapiedras, ¿Definirías tus posiciones como gastrocéntricas?

M.J.- Mis posiciones son desde el corazón. Tal vez mis posiciones sean desde mi sexo, incluso. Que es, digamos, un motor que a mí me mueve. Todo lo que es el Eros. Desde mis relaciones, desde mi conciencia. Pero yo creo que te he dado argumentos, argumentos serios, fundamentados con relación a cada punto. Yo no estoy montando una bomba al Ministerio de la Cultura, ni queriendo dar un troncazo a la lámpara y destrozar todo. Yo estoy poniendo ejemplos. Estoy ofreciendo posibilidades. Y le estoy diciendo a la gente, vamos a organizarnos. Y vamos a sentarnos a investigar. Eso no me parece venático. Podrás rotularlo como iluso, platónico tal vez, pero no me parece gastrointestinal.

R.E.- Ustedes los artistas plásticos o el grupo con quien estás ¿se sienten que están resentidos con la revolución?

M.J.- No, con la revolución jamás. Yo creo que además ésta revolución es una revolución como, de nuevo nombrar a Simón Rodríguez, a Robinson, que él decía que la educación es una manera de sumar voluntades. La revolución también es una manera de sumar voluntades, y es un proceso casi individual, es una revolución de alma, es una revolución homeopática. Yo creo que la revolución no solamente no depende de Chávez, yo no puedo estar resentida conmigo porque soy también la revolución, ni estoy resentida con la revolución, ni estoy resentida con los procesos que se han dado. Hemos tenido nuestras fallas.
Una revolución muy joven, tenemos apenas 6 años. Yo no estoy resentida con nada, con nada. O si estoy resentida ha sido con el maltrato tradicional y la poca comprensión de lo importante que son los cultores y los trabajadores culturales en éste país. Antes y después de éste proceso revolucionario. Yo tengo paciencia, yo creo que la única manera de variar y de cambiar esta estructura que nos está devorando, es a través de la Constituyente Cultural, no es a través del señor Farruco Sesto, ni del que venga, que lamentablemente también probablemente hará algo tal vez no peor, porque creo que no se puede hacer muchas cosas peores, pero no habrá ningún cambio porque la misma estructura del Ministerio está a contracorriente con los cambios que se quieren imprimir a éste proceso. Yo no estoy en contra de Farruco Sesto, ni quiero cazarme ninguna pelea con él.
Ni con ninguno de los funcionarios que están allí. Lo único que le pido es que se permita escuchar y atender a la gente que cotidianamente y contra corriente, hace y milita en la cultura. Con el punto fijismo se le dio tácitamente a la izquierda la primacía del sector cultura. Y de allí vienen muchos de los mejores líderes de este proceso. La cultura fue y es una concha histórica. Y en ese sentido todos los militantes de izquierda tenemos una deuda también histórica con dignificar, de sacar del sótano presupuestario pero más aun, de paradigma, a la cultura.

R.E.- Frank Kafka el brillante escritor de tantos libros como la Metamorfosis, El proceso y El castillo, decía que toda su obra fue un himno a la imposibilidad de hacer cultura desde la burocracia. Tú no crees que de alguna manera el Ministerio de la Cultura como diría Groucho Marx: “inteligencia militar es una contradicción en sus propios términos. Es decir, o se es inteligente o se es militar, pero estos términos son auto-excluyentes. Así, ¿es coherente un Ministerio de la Cultura?. ¿O es una contradicción en sus propios términos?

M.J.- Yo estuve dentro de las fauces del monstruo apenas durante 3 meses, y te puedo decir que sí hay una contradicción. Que efectivamente allí no hay cultura, no sobrevive la cultura. O a lo sumo, hay una cultura de la burocracia.

R.E.- Entonces, no está condenando cualquier funcionario, cualquier Ministro, cualquier funcionario del CONAC a incurrir en los mismos vicios que ya señalaba Frank Kafka en toda su obra. Habrá que sacar la cultura del CONAC o del recién nacido ministerio para que llegue a ser un proceso verdaderamente revolucionario.

M.J.- Es que la cultura no está en el CONAC. Lo que hay en el CONAC son los reales para que los cultores puedan desarrollar su trabajo. Lo que hay que sacar del CONAC es el dinero, y ¿cómo se saca el dinero?. Dándole poder de decisión a la gente que hace cultura. Esa es la ecuación. No veo otra.

R.E.- Tú dirías dinero y poder, esa es la ecuación.

M.J.-. Pero primero con organización. Segundo con claridad y praxis ideológica de izquierda. Tercero poder y cuarto, dinero, por supuesto. Capacidad para que la gente pueda vivir mejor, para que pueda vivir y crear más dignamente, para que pueda desarrollar una obra.

R.E.- Mi última pregunta va en orden a la relación cultura y política. ¿Tú crees que la cultura tiene cosas que decir acerca de los nuevos derroteros hacia los cuales está necesariamente necesitado de dar otros tipos de respuestas, digamos, el sector político, que tiene que aportar el sector cultural que está haciendo la política para que el proceso revolucionario sea cada vez más revolucionario y cada vez más viable, nacional, continentalmente?

M.J.- Bueno, yo te puedo decir que la cultura tiene todo que decir. Lo que pasa es que necesitamos el hombre nuevo que permita, que se permita escuchar a la cultura. Que se permita, yo siempre repito una frase de García Márquez que decía “El mundo era tan reciente que las cosas había que señalarlas con el dedo”. Y el mismo concepto, lo señalaba Aristóteles con respecto a la filosofía, “La filosofía es la capacidad de asombrarse de todo”, sólo un hombre sensible es capaz de asombrarse de todo y al asombrarse de todo puede reflexionar, puede hacer filosofía, puede cambiar los paradigmas, puede hacer revolución y puede hacer un mundo mejor y una vida más digna para todos. Eso es una manera. Entonces, por supuesto, que la cultura tiene mucho que decir. Lo que necesitamos es preparar a los hombres, a los hombres y mujeres de éste nuevo proceso, a que puedan observar, pensarse, imaginarse, inventar, un ser humano más sensible, más despierto.

R.E.- Pero quién dice, por ejemplo, que el comité ejecutivo del PPT también tiene culturalmente cosas que decirle a Venezuela sugiriendo a Farruco Sesto como Ministro.

M.J.- ¡Claro!

R.E.- ¿Es porque hay una cultura de la política y una política de la cultura?

M.J.- ¡Claro!, ya lo tratamos superficialmente antes. Pero qué es lo que se nos está diciendo. La misma pregunta de algún modo se responde. Es una cuota política. ¿Qué es lo que se nos está diciendo? Que el PPT, que todos los partidos, que toda la estructura en la que se mueve la alta gerencia de éste proceso, está todavía anclada en las lógicas y los desenfrenos de la IV República, en el sentido de que, bueno… toma este podercito por aquí, y méteme a fulano pa’aca… para que entonces no me formen el rollo, y este me pueda apoyar en las elecciones, etc. Tú lo acabas de describir.
Esa es una cultura. Ahora, ¿esa es la cultura que queremos? Esa no es la cultura que yo quiero. Y de seguro Chávez, tampoco. Pero tu pregunta se auto-responde. Así las cosas, Chávez y todos los revolucionarios tenemos que iniciar una lucha porque la revolución también llegue a los partidos. Que no se sientan, que no se sepan más allá, y mucho menos a contracorriente de la revolución. Algunos partidos siguen cobrándole a Chávez el apoyo necesarísimo que el gobierno tiene para hacer mayoría y lograr aprobar leyes clave en el congreso. Pero eso parece que va a cambiar dichosamente pronto.

R.E.- La pregunta es: ¿El proceso revolucionario no necesita transitar por esa coyuntura para después plantearse unos nuevos derroteros más programáticos, más maduros, más auténticamente participativos?

M.J.- ¿Y qué crees tú que es lo que yo estoy planteando? Yo jamás le hubiese planteado al Ministerio de la Cultura una cosa como la que estamos planteando en el contexto del golpe de estado. Y mucho menos cuando el paro petrolero. Allí todos teníamos que estar como soldados en pro de éste proceso, y todos lo estuvimos. Y cuando Chávez me pide, por ejemplo, votar por Freddy Bernal, yo voy en ese momento y voto por Freddy Bernal.
Una segunda vez no voy a votar por Freddy Bernal. Eso fue en ese momento. Por obediencia debida. Pero ahora yo le estoy pidiendo y le estoy increpando como revolucionaria que soy, al Ministerio, señores es la hora de cesar la peleita con los escuálidos. Es la hora de revisar nuestro proyecto cultural. Porque ya los escuálidos no son los enemigos. Tenemos que transformar éste proceso, tenemos que impulsar, parir si es necesario, la revolución dentro de la revolución.

R.E.- Diría Chávez, ahora nuestros enemigos están en nuestras propias incoherencias, en nuestras propias...

M.J.- Debilidades.

R.E.- ¿En nuestras respectivas epístolas trasnochadas con la IV República?

M.J.- Simón Bolívar lo dijo, cada quien es víctima de sus propias debilidades, y los junguianos también lo dicen. El único enemigo está en ti mismo, en tu sombra. Sólo en la medida de en que tú desarrolles, en que dialogues con tu sombra, en esa medida esa sombra se convierte en luz, y se convierte en coherencia para tu vida. Sólo entonces eres más auto consciente, más equilibrado.

R.E: Para cerrar, dos preguntas corticas: ¿De qué color debería ser ahora la revolución?

M.J: Roja. Roja urgente.

R.E: Y de qué color se ve o sientes ahora al Conac y al recién nacido Ministerio de la Cultura?

M.J: Muchos se empeñan en que siga siendo gris. Pero no. No es gris. Es color espejo. Que es el único dispositivo que devuelve intactos, sin modificaciones, sin gracia ni imaginación, la paleta con todos sus colores.




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Roberto Egui


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