Superar el fetiche electoral y asumir los retos del socialismo

Después de las elecciones presidenciales, se ha producido una verdadera fiebre por analizar los resultados y repasar la tendencia de votos. Por supuesto, todo ejercicio de análisis y reflexión es importante, pero los y las revolucionarias no debemos olvidar que las elecciones representativas al Estado liberal son sólo un medio, y no el único, ni el más importante, para construir la hegemonía de la clase trabajadora. Si lo olvidamos, como parece estar sucediendo, podemos caer fácilmente en pesimismos que nos acerquen a posturas reaccionarias o en conformismos que nos subyuguen al Estado burgués y a su fetichismo de la democracia representativa.

No cabe duda, que era muy importante ganar las elecciones presidenciales para mantener una correlación de fuerzas más favorable, y se ganaron. Por la misma razón es fundamental ganar las elecciones de gobernaciones, ya que donde gobierne la derecha será mucho más difícil abocarnos a lo realmente importante, que es la construcción del socialismo. Esta impostergable tarea nos exige trabajar de lleno en la organización y formación ideológica de la clase trabajadora, para crear las condiciones de una ofensiva revolucionaria que trastoque definitivamente las condiciones materiales de reproducción del capital. Mientras estas condiciones se mantengan, el capital no sólo tendrá la suficiente fuerza como para colocar al proceso bolivariano en relativos aprietos en cada coyuntura electoral, sino que continuará obligándolo a gastar una cantidad importante de recursos materiales y humanos que se podrían centrar en el desarrollo socialista de las fuerzas productivas de la nación. Lo peor, sin embargo, es que continuará obligando a las fuerzas revolucionarias a gravitar alrededor de las elecciones representativas burguesas, apartándolas de la lucha contra el capital y por el socialismo.

En estos día hay una preocupación general sobre los votos que sectores populares dan a la derecha. En nuestra opinión, la causa fundamental no es la ingratitud o a la ignorancia como señalan algunos, ni la ineficiencia y la corrupción como señalan otros, sino que la correlación de fuerzas entre la burguesía y las clases que apoyan el proceso bolivariano se mantiene en un cierto “equilibrio inestable”, que impide el despegue definitivo del proceso de construcción del socialismo. Las importantes conquistas populares que el proceso bolivariano ha conseguido, como son: i) la neutralización del avance neoliberal; ii) la recuperación del ingreso nacional de la renta petrolera y su utilización para la ampliación de las políticas sociales; iii) la nacionalización de una parte de los sectores estratégicos del país; y iv) la ejemplar lucha antiimperialista de defensa y solidaridad con los pueblos más pobres y agredidos, han posibilitado que el bloque revolucionario mantenga una amplia influencia en los sectores populares. Sin embargo, después de catorce años se hace inaplazable debilitar de forma contundente las bases materiales de reproducción del capital, para lograr el quiebre revolucionario que permita, al fin, dar al proceso bolivariano un carácter irrevocablemente socialista.

Por supuesto, la falta de formación ideológica en los sectores populares es una dificultad importante, que se pudo haber mejorado con los cuadernos de formación ideológica de PSUV, si se hubiera mantenido su publicación y fomentado su estudio. Y sin duda, la ineficiencia y la corrupción tampoco son un invento. Sin embargo, el problema fundamental es que la lógica capitalista aún rige la dinámica de la sociedad venezolana.

Una parte importante de los sectores estratégicos de la economía siguen siendo propiedad de la burguesía, fundamentalmente el financiero, el de la distribución y comercio, incluyendo la importación, gran parte de la industria de bienes intermedios y de consumo, casi todo el de la comunicación y el transporte. Mientras estos sectores estratégicos no sean socializados y la burguesía tenga la facultad de especular con ellos y de direccionar hacia donde ella quiera sus ganancias, que nadie sueñe con que desaparezcan la corrupción y la ineficiencia. ¡Dejad que el capital controle sectores importantes de la economía y tendrá las armas para comprar y corromper hasta las conciencias más rectas!

Por otro lado, es necesario consolidar un sistema de planificación unificado, integral y participativo que coordine y direccione el desarrollo de las fuerzas productivas del país y a la vez construya relaciones sociales de producción de nuevo tipo. Esto no puede hacerse desde las concepciones del microempoderamiento pregonadas por el Banco Mundial y el FMI, ya que éstas sólo contribuyen al fortalecimiento del sector privado y al desmembramiento y atomización de la clase trabajadora. Tanto las descentralizaciones improvisadas y anárquicas, como los microproyectos desligados de un Plan General de Desarrollo Socialista lejos de fortalecer el poder popular, lo que hacen es favorecer la chapucería y la corrupción, manteniendo a los Consejos Comunales subyugados a la implacable tiranía del mercado y a la especulación de intermediarios y contratistas. En este sentido, el tema de la ineficiencia de la que tanto se habla estos días, más que un problema de personas o voluntades, estaría derivado de la ausencia o deficiencias del Plan.

Con respecto a la conciencia, unidad y solidaridad de la clase trabajadora, ésta se encuentra seriamente amenazada por una desigual e insolidaria distribución del ingreso, que no sólo se mantiene en las empresas privadas, sino que se reproduce en las públicas, haciendo que los mandos medios y altos de las empresas del Estado estén más cerca de los intereses de la burguesía, que de sus hermanos y hermanas de la clase trabajadora. Esta realidad, que da pie a la conformación de lo que algunos han denominado como la boliburguesía, puede incluso conducir a una “falsa conciencia de clase” en los trabajadores de empresas estatales privilegiadas y, por supuesto, obstaculiza enormemente la transformación de las relaciones sociales de producción al interior de las empresas públicas y/o nacionalizadas.

Estas son algunas de las muchas tareas que aún tiene por delante el proceso bolivariano, que sólo podrán adelantarse mediante la organización y preparación ideológica de un amplio sector del pueblo. En este sentido, el papel fundamental de los partidos, colectivos o corrientes, que se asumen vanguardia del proceso revolucionario, es precisamente trabajar por la organización y la conciencia de la clase trabajadora. Pensar que lo más importante es conseguir espacios de poder en las instituciones burguesas es un lamentable error, y peor aún es acomodarse en ellas, en vez de luchar para transformarlas.

Por último, ya que está de moda hablar de “ineficiencia”, a pesar de que sea un término que nos mete de cabeza en la lógica capitalista, no sobraría que desde los sectores revolucionarios “más avanzados” se hiciera una reflexión autocrítica sobre que tanta “eficiencia” se ha demostrado en la importante tarea de organizar y elevar la formación ideológica y la conciencia de clase del pueblo venezolano. Valoremos nuestros resultados frente a los retos que nos coloca la historia, la que al decir de Marx y Engels en el Manifiesto Comunista no es más que la historia de las luchas de clases.

Colectivo Insumisas

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