De los objetivos estratégicos al hueco de tu calle

Reflexiono desde una perspectiva clase media-media-arribista-egoísta a la que pertenezco y de la que me rodeo.

Me pregunto por qué los jubilados que dependen del Estado prefieren apoyar un régimen neoliberal a uno de tendencia socialista.

Por qué una persona empleada por un organismo gubernamental durante la gestión de Chávez tiene la firme certeza de que su puesto burocrático será respetado por una gestión caprilista.

Por qué una persona beneficiaria de ayudas económicas directas por tener un hijo con diversidad funcional adversa profundamente las políticas sociales (no tanto como para renunciar personalmente a ellas, sino más bien para considerar parásitos al resto de los beneficiarios).

Por qué es tan importante para un ama de casa, esposa de un conductor de taxi, que se respeten los latifundios.

Por qué la gente joven-joven no sabe qué es el neoliberalismo, ni le interesa.

Por qué un alto porcentaje de los estudiantes de Medicina Integral Comunitaria no apoya el proyecto socialista.

Por qué muchos beneficiarios de los créditos regulados para el comercio, la industria, el turismo y la agricultura defienden la usura.

Por qué los ahorristas que vieron salvados sus ahorros de las fauces de banqueros prófugos defienden la libertad bancaria y consideran “una barbaridad” la intervención estatal de las instituciones financieras.

Por qué las víctimas de estafas inmobiliarias que fueron defendidas por el Estado de la voracidad del negocio de bienes raíces expresan a gritos su disconformidad con el régimen del tirano.

Por qué una niña de una escuela bolivariana le comenta a su compañera de clase que “ganó el negro” (las elecciones presidenciales) con un mohín de desprecio.

Mi preocupación arrecia vista la disminución de la brecha entre los principales bandos electorales (no quiero hablar de “entre socialistas y neoliberales”).

Apartando del panorama los errores de acción y omisión que desde las gestiones regionales distorsionan los objetivos de la gestión bolivariana, creo importante considerar que el mensaje que enarboló el presidente durante su campaña, los cinco objetivos estratégicos de su plan de gobierno 2013-2019, descienda, aterrice o se ejemplifique para gente que no tiene criterio para entender que no forma parte de la oligarquía (algunos creen que ser oligarca es tener profesión y éxito económico relativo), ni que el proyecto socialista les favorece por ser parte de una mayoría; ni que han podido permanecer en la clase media o incorporarse a ella gracias a las políticas económicas que se desarrollan en el país hace pocos años, sin las cuales hoy en Venezuela serían irremediablemente pobres.

Digo con sinceridad, aunque suene feo, que me parece imposible crear conciencia en esos personajes que evidentemente representan un porcentaje importante del padrón electoral, pero creo importante hacer un esfuerzo para: 1) rescatarlos de sí mismos y 2) incorporarlos a la construcción de un estado de bienestar para todos.

Considero que la comunicación del proyecto bolivariano debe bajar de la abstracción y explicar a este sector disociado, como un A B C:

1) Cómo el objetivo de Independencia repercute en aspectos simples de su vida diaria: disposición nacional del ingreso petrolero y de las reservas económicas para inversión en bienestar para todos (ejemplos comunes como acceso a créditos productivos, mi-casa-bien-equipada);

2) Que “mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad” los involucra en cuanto seres humanos (inclusión, ampliación de oportunidades a los menos favorecidos, salud y educación como derechos, seguridad social mejorada e incluyente). Que el bienestar del vecino se traduce en su propio bienestar.

3) Que convertir nuestro país en potencia y zona de paz significa oportunidades económicas para ellos y sus familias;

4) Que el equilibrio en la geopolítica internacional sería garantía de soberanía y paz.

5) Que el desarrollo de políticas orientadas a salvar la vida en el planeta y la especie humana no es un discurso de comeflores, sino una visión a largo plazo que involucra desde su salud personal hasta la supervivencia de sus descendientes (disminución de emisiones contaminantes, reducción del consumo energético, desarrollo de sistemas sostenibles de producción de alimentos, cambios en los patrones de consumo).

Y claro está, no dejar esto solo en el discurso comunicacional. Porque entonces, el hueco de la calle sería excusa suficiente para convencerlos de devolver el país y sus recursos a las transnacionales y sus secuaces.

Octubre de 2012

Carol Libenson

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