Ratificamos a Chávez, pero la cosa no está como para tirar cohetes

Ante el escenario actual y como estaban las cosas no es un secreto para nadie que era estratégico y táctico mantener a Hugo Chávez en la silla presidencial. Fundamentalmente porque una derrota ante la derecha significaría un retroceso en el tiempo, y a ver cómo se explicaba, que quizá el pueblo más politizado del mundo, termine sucumbiendo ante las maniobras y ofrecimientos de una clase que históricamente es el verdugo de la amplísima mayoría explotada y excluida.

Esa mayoría explotada sintió herida su dignidad al ver la avenida Bolívar llena de simpatizantes del candidato burgués y se volcó al mismo espacio y 6 avenidas mas el 4 de octubre para mandar un mensaje claro que este pueblo con tesonera insistencia va por algo nuevo y distinto a lo que puede ofrecer el capital como sistema. Esa manifestación del 4-O produce un corto circuito y no habla muy bien de la dirección oficial tanto del gobierno como del proceso revolucionario. Porque uno de los resultados mas lamentables de estos últimos 14 años, es precisamente que quienes se hicieron gobierno, se adueñaron del proceso y lo permearon con la misma lógica: contradictoria, incongruente, burocrática y desmovilizadora. Y podremos tener mayoría aun pero si a la gente se le maltrata, la podemos perder, así como los números nos lo vienen diciendo. Todo esto es reflejo por supuesto del hecho que el gobierno responde a un estado que no es el nuestro y que por el contrario sigue imperando en sus entrañas el más ferviente galope punto fijista.

Mantener a Chávez como presidente a estas alturas, debería serle al pueblo parte de la preparación del terreno político con las plenas garantías que estaríamos transitando hacia una sociedad distinta, y el sustrato de esas garantías seria fundamentalmente que cada día estuviéramos sumando más y más voluntades. Chávez le pertenece al pueblo y no el pueblo a Chávez. Esto quiere decir entre otras cosas que al ser el mismo Chávez una conquista mas, y nuestros adversarios vienen con un notable crecimiento de votos, tanto que ya hoy sobre pasan los 6 millones de electores, estamos ante una realidad que nuestras conquistas corren grave peligro y se pueden perder.

Sin embargo, lo más preocupante es la poca sinceridad que se percibe desde las altas estructuras de poder ante la viva y llameante realidad. No se ve un atisbo que nos indique alguna posibilidad que por lo menos de apertura a discutir y debatir cuales han sido las más significativas fallas durante estos años. La norma imperante pareciese ser: ¡debate no, análisis si! Pero claro esta, con la correspondiente exclusión del pueblo de dichos análisis en cuanto a poder transmitirlo a la gente a nivel nacional, en el sistema de medios públicos por ejemplo. En dichos espacios por cierto, algunos moderadores de programas transmitidos desde el canal “de todos los Venezolanos” VTV, nos presentan unos recuadros con conclusiones un tanto exóticas para decirnos que estamos bien y que los números del 7-O son una muestra de un resultado contundente y que el comandante Chávez es inderrotable.

Ahora vamos a escoger gobernadores en diciembre y se repite lo mismo de siempre: se nos impone candidatos. Si, esos que la burocracia nos dice que son los candidatos de Chávez, “son los mismos” con los cuales venimos siendo derrotados elección tras elección, dándonos razón a quienes decimos que no es la forma, que no es la manera de hacer las cosas, porque entre otros motivos, esta el correoso hecho que es la derecha y nuestro enemigo histórico quien se fortalece con esa lamentable metodología del poder del dedo. Y la gente minimamente quiere escoger por si misma quienes puedan ser su gobernantes, que es darle paso al ejercicio democrático.

Se ha escuchado desde la base social del proceso la expresión ¡no mas! Y se hace necesario argumentar políticamente ese grito, que en lo particular creo pasa  porque los movimientos y las corrientes políticas de base hagamos un gran esfuerzo y poner todo de nuestra parte por construir una dirección colectiva con perspectiva popular, obrera y campesina que nos permita disputarle poder a esa nefasta casta llamada burocracia que tiene nuestro proceso en usufructo.

 ¡NI BUROCRACIA NI CAPITAL!

 


 

 


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Gustavo Martínez Rubio / militante de Marea Socialista


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