Datos de cuaderno electoral en 7-O

Notable abstención entre opositores de edad madura en la Clase Media caraqueña

Las matemáticas no fallan, eso dicen. Recientemente muchos ciudadanos servimos como testigos electorales y corroboramos en internet algunos datos que pudimos anotar en las mesas electorales. Obviamente, el 7 de octubre no se supo quién votó por quién en la elección presidencial de 2012, pero al contabilizar las papeletas todas las cifras coincidieron con la participación registrada en el cuaderno de votación. La opinión sobre la confiabilidad del sistema electrónico era coincidente, tanto testigos de la oposición como del gobierno verificaron y comentaron lo avanzado de una tecnología que mejora en cada elección. Ya que no hubo dudas de la transparencia del escrutinio, es oportuno revelar algunos aspectos relacionados con la participación política según los rangos de edad.  

 Hay detalles que sólo se pueden percibir estando en una mesa electoral, por ejemplo, ver el cuaderno electoral justo antes de culminar la elección y anotar cuántas casillas quedaron vacías por cada página, donde no hay firma ni huella digital por ausencia de varios electores. Hay que recordar que los números de identificación personal en Venezuela reflejan a grosso modo la edad de la persona, un ciudadano con una cédula de identidad cercana a 1.000.000 debe tener unos 80 años, mientras que uno cuyo número ronde los 20.000.000 puede estar cerca de los veinte. El más que cincuentón Presidente Hugo Chávez, nacido en 1954, tiene la cédula 4.258.228; mientras que el cuarentón opositor Enrique Capriles Radonski, nacido en 1972, porta el documento 9.971.631. Considerando que los cuadernos electorales se organizan por orden numérico, en orden creciente, se entiende que una página algo vacía al principio del cuaderno significaría que unos adultos mayores han dejado de votar, mientras que una página incompleta al final del cuaderno reflejaría que la abstención se halla entre los jóvenes.

 Veamos ahora el caso real de una mesa en un centro de votación de clase-media-no muy-alta, como existen tantos al este de la capital venezolana. Se trata de un instituto educativo privado regentado por religiosos, generalmente de origen europeo, ubicado junto a la conocida iglesia Chiquinquirá. El Colegio San Antonio de La Florida en gran parte recibe alumnos venezolanos con cierta proporción de ascendencia extranjera. La zona es más próspera que el promedio nacional, aún sin caer en la opulencia. Está ubicada donde se residía parte de la aristocracia caraqueña a mediados del siglo pasado, y cerca de la empresa petrolera PDVSA. Por lo tanto se trata de un sector de elevado nivel académico y adquisitivo, tradicionalmente opuesto al gobierno de Hugo Chávez. La reubicación de los damnificados a lo largo de Caracas no ha modificado el padrón electoral del sector, debido a que no se han ocupado viviendas sociales en las inmediaciones.

 Dicho centro electoral arrojó resultados favorables al candidato conservador Capriles Radonski, quien obtuvo 80.33%, superando ampliamente a Chávez que solo alcanzó 19.27% ( http://www.cne.gob.ve/resultado_presidencial_2012/pp/5/reg_010113028.html ), proporción que coincide con el registro histórico obtenido por el Consejo Nacional Electoral (CNE), en otras elecciones. Ya que se publican los resultados detallados, todo oposicionista sabía y sabe que allí se gana y todo chavista reconoce que se pierde, y por paliza. Sin embargo, a pesar de que en ese sector cuatro de cada cinco vecinos suele votar a favor de la derecha, la misma tarde de las presidenciales del 7 de octubre ninguno de los testigos opositores celebraba o sonreía, sabiendo que ese tipo de centro con dominio conservador es minoritario, si se lo compara con la tendencia popular del nivel nacional. Muchos de los que salieron con lágrimas en los ojos deben su frustración al hecho de haber confiado en medios de comunicación parcializados, que sistemáticamente dibujaron una realidad utópicamente esperanzadora, que daba la espalda a las estadísticas de las encuestadoras reconocidas. La ilusión del fraude electoral fue desmentida cuando el mismo candidato opositor admitió inmediatamente su derrota y cuando varios encuestadores, que fallaron en sus predicciones, reconocieron en rueda de prensa, luego de las elecciones, que desde antes sabían la verdadera tendencia favorable a la izquierda. 

 Regresemos al tema de la abstención de la clase media-alta según la edad de los electores: Antes de realizar estos cálculos se dejaron fuera del estudio las tres primeras páginas del cuaderno electoral revisado(*), debido a que allí se concentran personas ceduladas hace muchas décadas que hoy pudieran haber fallecido recientemente, o que por la condición de vejez y salud pudieran tener dificultades extremas para asistir a votar. Con esto se espera descartar la abstención forzosa y tener una idea de los que realmente pudieron, pero no quisieron votar, como abstencionistas de conciencia.

 

Paginas del cuaderno

Participación electoral

Abstención

1 - 3*

No computado*

No computado*

4 - 17

82 votantes (65,1%)

44 ausentes (34,9%)

18 - 31

83 votantes (65,9%)

43 ausentes (34,1%)

32 - 45

99 votantes (78,6%)

27 ausentes (21,4%)

46 - 58

106 votantes (84,1%)

20 ausentes (15,9%)

 

En la primera mitad del cuaderno electoral hojeado, sólo cinco (5) de las páginas estaban completamente llenas con las firmas y huellas de los electores, o apenas les faltaba un participante por votar; mientras que en la segunda mitad del cuaderno dieciséis (16) páginas se hallaban llenas o casi llenas. Es decir, incluso sin haber sacado cuentas matemáticas, era evidente a simple vista que más electores jóvenes estaban votando en ese centro predominantemente opositor, mientras que la abstención se concentró entre los votantes opositores de mayor edad. Las tendencias son claras, uno de cada tres votantes de avanzada edad se abstuvo en ese centro de votación de clase media, mientras que sólo uno de cada seis votantes jóvenes estuvo ausente. Recordemos que estas observaciones se limitan a una sola mesa, pero al estar los votantes repartidos aleatoriamente según los números de cédula, es seguro que el resto de los cuadernos electorales presentó una situación similar.   

 Desde las últimas elecciones presidenciales de 2006 la abstención total en San Antonio ha sido mayor que el promedio nacional, ya que entonces el país se abstuvo en 25,3% mientras dicho Colegio registró un ausentismo de 30,3%, un 5% más. Ahora en 2012 la abstención nacional llegó a 19,3% y la del Colegio 26,6%, es decir, 7,3% más que el resto del país, a pesar de que el colegio aumentó su participación en 5%, se alejó otros 2,3% de la tendencia venezolana. Aunque votó más gente en ese instituto, debido a la intensa campaña y al natural aumento demográfico de la población, el resto del país logró mayor nivel de participación que la clase media. Concretamente, los sectores populares que apoyan al Gobierno Bolivariano lograron vencer la abstención. Esto contradice la supuesta disciplina electoral de los sectores acomodados, que se suponía tendían a votar más que en las barriadas humildes.

 Las siguientes reflexiones en cuanto a las diferencias de edad se emiten recordando que se trata de un panorama particular de la clase media, que no se puede extrapolar a lo ocurrido en los barrios populares. La abstención de ese centro opositor debe tener alguna explicación ideológica, política o coyuntural, considerando el contexto socioeconómico y cultural de ese sector donde los conservadores de mayor edad se abstuvieron más de lo esperado. Hay que recordar que en la clase media y la clase media-alta venezolana existe una proporción importante de personas cuyos padres o abuelos fueron inmigrantes europeos, lo que se nota en el fenotipo o se corrobora durante los mundiales de fútbol, cuando se muestran banderas extranjeras, generalmente asociadas al país de sus ancestros. Por contacto personal se sabe que muchos vecinos del mencionado centro electoral, sin ser millonarios, han viajado repetidamente al extranjero, estudiaron fuera, tienen familia o amistades en el exterior y algunos gozan de doble nacionalidad. Además, casi todos poseen televisión por cable y conexión de Internet, por lo que existe un vínculo personal y familiar con otras realidades de los países desarrollados. Esto hace que los electores estén conscientes de la crisis económica mundial, el avance privatizador, la precarización laboral, los despidos masivos, los recortes presupuestarios, el aumento de los servicios, el retraso de las jubilaciones, el aumento del interés bancario, los desalojos judiciales, el hambre globalizada, la exportación de la guerra, el deterioro ambiental, el monopolio cultural, la exclusión universitaria y muchos otros etcéteras.

 Sin embargo, para los electores jóvenes aquellas tragedias que ocurren en el primer mundo, como la resistencia de la clase media en Grecia, el movimiento somos 99% estadounidense o los indignados en España resultan una abstracción que no han sufrido en carne propia. Es por ello que un elector joven puede votar más despreocupadamente a favor de las promesas neoliberales, sin concientizar la amenaza de un voto potencialmente suicida. Esto ocurre porque la ilusión del sueño americano sigue vigente, debido a que los cambios culturales tardan mucho en manifestarse, mientras la condición de bonanza económica de la postguerra ya pasó hace décadas. A parte de lo ocurrido en otros continentes, los jóvenes electores de la clase media venezolana tampoco sufrieron personalmente los abusos gubernamentales del siglo pasado, no tuvieron que huir de la cacería humana llamada recluta, no fueron estafados por los banqueros en 1994, no armaron ranchos con latas y techo de zinc, no se convirtieron en vegetarianos forzosos, no cobraron el mismo sueldo congelado durante años, no recibieron jubilaciones equivalentes a 10 dólares mensuales como ocurría en la empresa telefónica, no les inflaban las cuotas por un apartamentico, no los desalojaron a medianoche, no tuvieron que quemar cauchos en protesta por compañeros asesinados por la policía, no tiraron molotovs para obtener un cupo universitario, ni hoy parecen estar optando por empleos miserables en transnacionales de comida rápida. 

 En cambio los electores de edad madura que hoy viven en zonas de clase media o clase media-alta todavía recuerdan los sufrimientos propios o los de sus padres venezolanos o inmigrantes en eventos trágicos no tan lejanos como la Guerra Civil Española, o la Segunda Guerra Mundial. No es que Venezuela esté directamente bajo ese tipo de amenazas bélicas, pero saben que la batalla económica desatada en todo el planeta no solo hace estragos en Europa, pero impacta poco en nuestro país gracias a las previsiones oportunas. Los que hoy son abuelos o bisabuelos recuerdan que antaño tuvieron dificultades hasta para dar de comer a los hijos que hoy no están conscientes de las privaciones de la década perdida, el viernes negro y otros largos períodos recesivos. Mientras tanto, el actual gobierno venezolano contrarresta el neoliberalismo adoptado medidas alternas, arrastrando muchos errores, corrupción, ineficacia y contradicciones, pero en esencia se ha tomado posición a favor de las mayorías. Esto pudiera justificar las tendencias divergentes entre los muchos jóvenes participantes en los comicios votando por la derecha y los muchos adultos mayores que prefirieron el abstencionismo.   

 Los jóvenes electores han estado más sometidos a la influencia de los medios de comunicación tecnificados y globalizados que a la experiencia personal porque se informan electrónicamente. Han votado emotiva y masivamente contra el Presidente Chávez, y hubieran hecho lo mismo si en vez de Capriles Radonski les hubieran ofrecido otro personaje. Cualquiera menos Chávez. Pero lo relevante es que muchos de los viejos opositores que antes votaban sin dudar en contra el zurdo han decidido quedarse en casa. Hay que reconocer que todavía no es nada probable que un opositor radical y convencido vaya a salir alegremente a optar por Chávez. La polarización política seguirá siendo un fenómeno medular de amor Vs. odio, pero es bastante probable que la situación de protestas y bancarrotas en el mundo desarrollado hayan hecho que los más maduros reflexionen con una lógica menos visceral.

 A fin de cuentas, tener libre acceso a un servicio de salud, poder ingresar a una universidad gratuita, recibir anualmente aumentos, ver la inflación controlada o tramitar créditos pagables para adquirir una casa ya está evitando que muchos agonicen, lleguen a la mendicidad o vivan bajo un puente. Hoy la clase media puede comparar en función de lo que ha vivido, aunque no le lluevan billetes del cielo. Notan que el apartamento céntrico que antaño pudo comprar con 15 años de sueldo ahora costaría el trabajo de 60 años o más, por obra de los especuladores inmobiliarios que dolarizan sus ambiciones. Mientras tanto, el elector observa como el proceso bolivariano realmente construye y entrega habitaciones dignas a precios accesibles, empezando lógicamente con aquellos que han sufrido privaciones generacionales. Cualquier votante compara las dos gestiones, la privada y la pública, que hoy representan a un país dividido; mientras desean la justicia de los programas sociales, los tabúes arraigados impiden a muchos profesionales reconocer cualquier logro colectivo. Cada abuelo o abuela de clase media que dejó de votar por el candidato opositor no necesariamente dio un paso hacia la izquierda, ni se pondrá una boina roja, sino que se aseguró de ubicar al país un paso más lejos del FMI, el Banco Mundial y los Marines. Tal vez en las próximas elecciones dejen las medias tintas y se decidan a votar abiertamente por conservar nuestro petróleo, ratificando un gobierno que es retratado como enemigo de la clase media, pero que a pesar de las innumerables fallas trabaja para que dicha clase no descienda al estrato inferior, como hace rato ocurre con los gobiernos conservadores y neoizquierdosos de la vieja Europa.

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