¿Ignorancia supina o prepotencia burguesa?

Una vez más la sabiduría del pueblo se ha manifestado originando la inmediata reacción antinatura de quienes, aún en pleno siglo XXI, siguen considerándose los amos del mundo, dueños de la razón y portadores del conocimiento absoluto dado por naturaleza divina, contradicción históricamente reflejada en las luchas de los pueblos por su emancipación e igualdad de oportunidades para la vida.

Los resultados electorales del 7 de octubre son la evidencia cierta de que la mayoría de las y los venezolanos queremos el Socialismo en nuestro país. Aun reconociendo que no somos la totalidad de la población y que existe una porción de ésta que votó contra la propuesta socialista, recordemos que en democracia prevalece la voluntad de las mayorías y sus decisiones son absolutamente vinculantes, es decir de obligatoria aceptación por las minorías.

Necesario es destacar que no fue precisamente la ignorancia que nos imputa la burguesía sesuda lo que nos indujo a votar a favor de seguir profundizando en la construcción del socialismo, sino justamente por el conocimiento real que ya tenemos sobre este modo de organización social, económica y política, por sus ventajas sobre el caduco sistema capitalista, por comprender la nefasta fase neoliberal y los paquetazos del FMI-BM, así como la privatización que ahogó a Latinoamérica en las últimas décadas del siglo XX y que hoy asfixian a Europa, USA y Chile a comienzos del siglo XXI, convertidas en razones de nuestra mayoritaria decisión.

Como la gente de pueblo trabajadora que somos y asumimos sin los complejos fatuos de algunos universitarios que se creen superiores, pese a ser tan asalariados como nosotros, no logramos entender que hayan colegas que apuesten a favor del modelo de sociedad que les excluyó a ellos y que excluirá a sus hijos y nietos si volviese a instaurarse en Venezuela. No logramos entender cómo es que alguien medianamente pensante pudo votar por quien sin programa alguno, sin una hoja de ruta a favor del país, sin una idea política concreta, con un discurso mal copiado, vacío e inspirado en el odio personal, les convenció para ir en contra de los más elementales principios de la convivencia humana como son: la igualdad de oportunidades, la equidad y la paz. Eso nos parece simplemente irracional e ignaro

Pero lo que aún nos parece más irracional es cuando luego de reconocer el triunfo del contrario, aceptar la transparencia del árbitro y el proceso electoral, de manera prepotente se niegan a admitir que siguen siendo minoría. Es la postura infantiloide de no permitir la derrota por falta propia sino por causa ajena, acudiendo a frases rebuscadas como aquella de que ellos ganaron pero nosotros no perdimos, expresión utilizada como encantadores de serpientes para embobar aún más a sus seguidores y pedirles el voto regional y municipal, que es el verdadero botín perseguido por esta especie de rapiña, con el perdón de la fauna

Igualmente el fanatismo numerológico que se desata después de cada nueva elección perdida frente a la voluntad del pueblo, ya empezó a ganarle rating a los medios burgueses y hacer estragos en los prepotentes compatriotas del oposicionismo, quienes a toda costa buscan igualar y/o justificar una abrumadora ventaja de más de un 1,5 millones de votos, lo que en todo caso representa más del 25% de su propia votación, números que indudablemente intentan subestimar desconociendo además que el 92% de la geografía nacional (22 de las 24 entidades), votó a favor del Socialismo.

Respetuosos como somos de la matemática, estemos claros que un mismo número pudiese decir mil cosas diferentes en función al interés del analista, máxime cuando se trata de explicar el comportamiento de un conglomerado humano que se debate entre dos modelos de sociedad opuestos como los que se confrontan actualmente en el mundo, con Venezuela a la vanguardia de lo nuevo y novedoso.

No obstante, a diferencia de quienes sólo asumen posiciones triunfalistas desde la trinchera revolucionaria dada la evidente mayoría de la opción bolivariana, consideramos imperioso revisar cuidadosamente los resultados y determinar las causas de la inconformidad que manifestaron las minorías, fundamentalmente en los sectores populares, para retomar las 3 R quizás a la enésima potencia, tanto en el ámbito político-ideológico como en la gestión de gobierno y a todos los niveles, considerando las próximas elecciones regionales y locales de gobernaciones y alcaldías.

En el primer ámbito es fundamental que las y los candidatos asuman la misma dosis de humildad del Comandante Chávez, quien en todo momento se despersonificó para asumir que él era simplemente el instrumento de un proyecto colectivo llamado Socialismo del Siglo XXI, haciendo ver a la militancia que Chávez es el pueblo. Necesario es que se siga ese gran ejemplo desde las convicciones ideológicas más profundas.

Por otra parte, como ya hemos insistido en otras ocasiones, tener la claridad en torno a que la Revolución no es un gobierno más, sino que constituye un proceso permanente para transformar de forma integral el modelo socio económico y político del país, para construir una nueva sociedad. En tal sentido recordemos que el candidato Presidente hizo público durante su campaña un gran clamor del pueblo, repetido hasta la saciedad sin distingo de sector o clase social: luchar contra la ineficiencia, lo que a su vez convirtió en una oferta electoral: aumentar la eficiencia de la gestión...

Por ello, las y los revolucionarios debemos superar la prepotencia burguesa que nos acompaña al desempeñar algún cargo público (sea por elección o por designación), reconociendo que no se está en el mismo para hacer la voluntad personal, sino para cumplir con un deber: contribuir al bienestar de las ciudadanas y ciudadanos en nombre del Socialismo y con los métodos del Socialismo.      

Los resultados del 7-O deben llamarnos a reflexión con humildad y sabiduría: la consolidación de la independencia, el socialismo, el país potencia, un mundo pluripolar y la salvación de la especie humana, no podremos lograrlo manteniendo la prepotencia de la burguesía, pero tampoco será posible ignorando nuestra realidad

El autor es: Economista Agrícola. Profesor de la UPT Argelia Laya

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Albano A. Zambrano


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