Notas críticas sobre el horizonte venezolano

Luego de grandes acciones contra la burguesía en esta Batalla de Carabobo, el debate popular sobre la acción política es uno de sus magnánimos frutos. Al interno del proceso está el debate sobre el poder político, la representatividad, la elección, la democracia a practicar los componentes del estado burgués y su ruptura. Desconocerlo o silenciarlo no es su mejor opción, pues es uno de los temas que fomentan la certidumbre de perspectiva organizativa de las clases y sectores del pueblo para el socialismo.

Existen notables posicionamientos y racionalizaciones respecto de la realidad venezolana, que expresan las diversas tendencias y preocupaciones, todos son merecedores de nuestra atención porque plasman los distintos intereses y prácticas políticas. Cabe emprenderla en el ángulo de la nueva correlación de fuerzas, en autocrítica del conjunto de percepciones con que nos abrimos paso previamente y el resto de prefiguraciones siempre sujetas a la implacable crítica de los hechos.

Los resultados electorales reconfiguran el panorama inmediato, aunque definitivamente no lo definen todo, otros procesos recuperan su condición (debates sobre los problemas concretos, medición de fuerzas en otros ámbitos, asimilación de las experiencias inmediatas y activismo político regular de todas las clases). A la par concurren con su respectiva fuerza las relaciones generales (el ritmo de la economía, cuestiones laborales y más). Sin duda salvando todo eso los resultados electorales en cierto orden proyectan su propia energía sobre las nuevas condiciones.

De ello resaltaremos sólo algunos ejes que fueron señalados en distintos espacios:

Una victoria sustancial del pueblo frente a la burguesía y el imperialismo, que da confianza y continuidad inmediata en las luchas.
La condición de ser una victoria complicada para el desarrollo del proceso democrático y revolucionario dado que la burguesía también adelanta posiciones para las siguientes batallas de desgaste y recuperación de su espacio vital; los resultados dan testimonio del poder de la política burguesa y el incremento de sus fuerzas sociales en medio de los conflictos constantes prevaleciendo la hegemonía financiera entre su clase.
La consolidación de importantes sectores populares en la perspectiva de lucha por el socialismo y el trazo de ésta bandera como consigna de gobierno.
Afianzamiento de estructuras e instituciones de gobierno durante el proceso electoral que contrarrestan las intentonas de golpe de estado aunque estén lejos de suprimirlas.
Con la participación mayoritaria de la sociedad se construye un escenario de democracia para la recreación de la lucha de clases; destacando la politización de la sociedad como su claro centro de gravedad.
E inmediatamente se disipa la tentativa burguesa de crear una crisis social.



Pero en toda batalla, vencedores y vencidos siempre salen golpeados en distinto grado, por más acomodos del análisis, por más buenas intenciones, por más cerrazón a la realidad, múltiples evidencias patentizan que de ambos lados del enfrentamiento social hay éxitos y fracasos. Particularmente se insiste que la burguesía perdió hasta lo que no apostó, pero hay que desembarazarse de esta idea. Es verdad que la batalla fue tan seria que de haber triunfado la ultraderecha a estas alturas no hubiesen esperado para tomar el poder gubernamental del país en enero de 2013, lo que hace que su derrota parezca mayor de lo que es –sea dicho sin demeritar en nada a las grandes fuerzas populares que se desplegaron con Chávez–, si bien esto la burguesía no lo consiguió y ahí obtuvo una contundente derrota, sí obtuvo licencia de legitimación su actuación electoral de democracia representativa.

La reelección de Chávez cabe apuntarse, entre otras cosas, que en el plano de los estados latinoamericanos y el de sus clases trabajadoras también consigue éxitos con todo y que arrecia la política financiera y guerrerista internacional. Con su acción específica se enfoca el camino a la salida revolucionaria por todos sus medios posibles frente a la gravosa condición que se vive bajo el capitalismo, o como dicen en la USA “the bad example of Venezuela” (las etiquetas subliminales a que hemos llegado en esto de las atribuciones que se toman los imperialistas para controlar al mundo, se vuelven contra sus progenitores), el caso es que como otros pueblos lo están haciendo ahora mismo, hay una enseñanza de lucha. Recalcamos, las luchas sociales de Venezuela se inauguran en un nuevo escenario.

Y como tal también la burguesía participa incentivando el uso de otras armas políticas cada vez mejor adaptadas al terreno, previsiblemente el rango de sus errores será menor. Practica todos los estilos, pero en particular hay uno con el cual presentó batalla en las elecciones presidenciales. Es el voto tipo Obama, el camuflaje “demócrata-progresista”, que es al mismo tiempo profundamente oligárquico y profusamente clase-mediero. Se trata de la construcción de liderazgos burgueses bajo un modelo ideal de vida deseable pero imposible de progreso sin los sobresaltos de los conflictos de clases, presentando la elección entre desarrollo y atraso, que encuentra inmensos sectores accesibles y/o vulnerables. Ese engendro de la dominación del mercado mundial e instrumento de dominación de las mentes y acciones de la sociedad que promete la felicidad, que sólo encuentra reparos elevando la conciencia sobre sus implicaciones directas, construyendo la organización de clase, obteniendo resultados concretos y sometiéndolo al rigor del tiempo histórico. Nos cuenta que la felicidad es una propuesta que no exige leyes, responsabilidades u obligaciones para con la patria, que es suficiente con adjudicar ante el control mundial sin ver sus dolorosas consecuencias. Nos habla de imparcialidad para construir principalmente el voto contra los defectos del gobierno bolivariano, porque esto es lo que hay concretamente (corrupción, juegos de poder, inseguridad, problemas económicos y sociales, fallas eléctricas son fenómenos tangibles para todas y todos), es lo directamente criticable, y obviando lleva en su maletera el proyecto propio de la gran burguesía para después ejecutarlo pragmáticamente.

Su cortoplacismo es una de sus debilidades, pero vuelve continuamente cuando se encienden ciertas posibilidades de marcha ascendente. Para la burguesía y sus seguidores bastó esta derrota electoral para que libertaran su actitud racista y reaccionaria (y eso sin ganar las elecciones), su política torció rápidamente a sus habituales gestos. Las humillaciones y la explotación de la clase capitalista continúan, aunque ahora se replantea su acción sobre la base de la experiencia reciente. Sin consideración la burguesía apuesta a anular servicios básicos como la salud, alimentación, educación y vivienda para saldar sus compromisos financieros y con la gran industria privada de la salud, alimentos y otros, allanando el camino a su privatización monopólica, pero esto ya no lo puede sostener por los viejos métodos replanteándose entonces nuevos reformismos. En síntesis a través de la demagogia del progresismo la burguesía se está adiestrando en el juego manipulador de los sentimientos del pueblo sobre los problemas generales.

Se abre pues un amplio horizonte de lucha de clases, de muchas formas y dimensiones que debemos desglosar. Un mapeo que llama a muchas discusiones colectivas y esfuerzos individuales en los marcos de desarrollar posiciones revolucionarias y replantearnos la masiva formación para la lucha de clases.

Interesa resaltar la tendencia política principal que consiste en el socavamiento del país, su deterioro para que en un próximo periodo se pase a su control pleno. Se trata de una segunda proyección del escenario de crisis social de desestabilización con la obtención de una mayoría relativa de gobernaciones o un núcleo clave con el cual pueda fundamentar actos semilegales entre los cuales está el desconocimiento del gobierno nacional, el parlamento y sus leyes. La burguesía es la clase social que cuenta con más experiencia de los fenómenos electorales e instrumentos legales, como viene ocurriendo en Latinoamérica (Honduras, Paraguay, Curazao) apuesta al desconocimiento del gobierno mediante manipulaciones del derecho y la siembra del caos social, golpes de estado de nueva generación dirían por ahí.

El desarrollo del capitalismo permite que la política burguesa siga jugando en el país, las relaciones dominantes son las de su clase, así mismo las altas ganancias y la apertura de importantes áreas económicas tienden a impulsar su accionar. La burguesía está recurriendo a la amenaza del despido si las y los trabajadores no asisten a los actos de campaña, presiona a quienes se le resisten e impone sanciones para acallar descontentos, así también exige de las burocracias más accesibles que actúen en su favor en todos los esfuerzos posibles.

Se acrecienta la presión de sus grandes intereses debido a la importancia que adquieren sus industrias y negocios, así como la apetitosa plusvalía petrolera para su redistribución. Los intereses imperialistas y de la burguesía venezolana ofrecen una feroz resistencia y ofensiva contra las conquistas de las clases laboriosas; saben que deben apostar todo lo posible en la etapa inmediata para mermar las fuerzas sociales y en especial al gobierno bolivariano. El interés capitalista está a la ofensiva, pese a sus recientes fracasos, debido al papel central que sigue ejerciendo en la economía y sociedad mundiales, es una condición que debe ser tomada muy en cuenta.

En éste horizonte que examinamos debemos tomar en cuenta las necesidades sociales fundamentales. Mucho ha avanzado la solución de problemas sociales, pero es más lo que tiene pendiente. No debe relegarse los grandes logros, pero es evidente que muchos problemas se han quedado sin resolver, que deben ser atendidos a toda prisa con la intervención audaz del pueblo organizado complementándose con los énfasis contra la corrupción, la delincuencia organizada y la inseguridad.

La economía capitalista, la gran propiedad privada y el llamado rentismo son los grandes males de las relaciones sociales burguesas que deben enfrentarse en la proyección del socialismo. Las estructuras estatales alternas también requieren esquemas de poder y participación proletaria y popular para cumplir su verdadero papel.

Existen problemas urgentes a atenderse por parte de la población y el gobierno sobre el agua, electricidad, transporte, vías de comunicación, abasto, democracia directa, empleo, educación y salud de calidad que inmediatamente debiese percibirse su atención dando nueva direccionalidad.

El proceso revolucionario y su mediatización es también un problema recurrente acelerándose en el escenario por capas en el ejercicio de poderes sobre las clases y sectores populares en aras de transitar también por una suerte de administración reformista sin consenso. Las relaciones de poder están en toda su marcha, no tienen distingos entre la empresa privada y la pública, es una cuestión en la que los avances son muy limitados a pesar que es medular para el funcionamiento organizativo revolucionario. Su condición se cruza en todos los escenarios, ministerios, gobernaciones, organizaciones sin que a la fecha se ponga atención suficiente o respuestas factibles al problema. Genera un malestar creciente en vista de que una de las grandes tendencias populares de nuestro tiempo consiste en el rechazo a la dominación mediante relaciones de poder. Sin resolver sus problemas, la tarea de formación de la conciencia y la práctica general se pervierten, terminan siendo apéndices de romanticismo, buenos deseos y voluntarismos de escaso impacto y sí de creciente reconfiguración en el panorama de las relaciones de dominación.

En la proyección del horizonte socialista, a la par de la transformación de las relaciones económicas y culturales, la democracia ejerce un papel de soldadura para la acción política de la clase proletaria, campesina y sectores populares. Pero no hablaremos de la democracia clasista superior, sino del ejercicio directo de la democracia popular en la construcción inmediata de la nación. El ejercicio democrático debe abrirse brecha, topará con incontables resistencias, pero es fundamental para que el proyecto no sucumba a tantos apetitos de derechización. Se dice que ello lleva a errores y paralizaciones, pero para eso mismo debe probarse, en la lucha de clases son más provechosos los errores colectivos que los individuales, sobre todo la democracia de las clases trabajadoras cohesionará sobremanera todos los esfuerzos de lucha y las tendencias socialistas.

La cuestión del poder también se nos presenta para el debate. Existen políticas de estado, razones de estado y burocracia, pero esto no resuelve definitivamente la cuestión de que las masas trabajadoras verdaderamente creen un estado para sí e influyan decisivamente en la construcción social. ¿Es el poder un problema de eficiencias y soluciones de problemas? Las leyes ya hablan de calidad y eficiencia del servicio público, seguro que se puede y se hará mucho más e incluso los controles desde arriba mejoren importantes aspectos, no cabe duda. A la vista del tiempo los asuntos de la eficiencia resultan ser una solución parcial al problema de las relaciones sociales establecidas y las estructuras creadas. El problema sigue estando en la cuestión de ¿en función de qué se hace tal o cual gestión?, involucrando una premisa de acción o consigna, una estructura de funcionariado y leyes reglamentadas a su favor con intereses creados, una organización en su entorno para favorecerse, y la inexistencia de controles de fuerza organizados desde el pueblo. Las estructuras de estado e institucionalidad están atrapadas en esto si es que no irrumpe en el juego rol del proletariado activo y los sectores que directamente son despachados en cada área de acción gubernamental, esto es, para el proceso revolucionario necesitamos el control obrero-campesino y popular.

El manual burocrático contra las y los revolucionarios, contra los intereses del pueblo no es otra cosa que la preponderancia de relaciones de dominación sui géneris como dicen los romanistas donde aún no se han transformado las condiciones generales del capitalismo, y el burocratismo es una de estas grandes sistematizaciones de relaciones muy del estilo de la autoridad burguesa.

Las capas medias creadas por el capitalismo o por las condiciones generales del desarrollo humano también presentan batalla en aspectos en que generalmente son golpeadas por el capitalismo. Las y los revolucionarios debiesen romper con sectarismos y enfoques unilaterales para ganarlas a la causa. En la raíz del comportamiento de las capas medias la burguesía y el capitalismo incubaron el sentimiento de status que no es otra cosa que la lucha por el prestigio, el privilegio y poder. Son capas arduamente vigorizadas por la cultura del consumo conspicuo, la acumulación, la depredación y el individualismo. Pese a que sus condiciones materiales no siempre son tan amplias respecto de la clase trabajadora sus habilidades dentro del sistema son mayores en algunos rubros, así como la burguesía tiene una alta inteligencia empresarial explotadora, estas capas desarrollan la inteligencia de aprovechar recursos y oportunidades vengan de donde vengan para impulsar su modo de vida, ello hay que comprenderlo en su naturaleza, sin irritarse, lo importante es resolver los dilemas y retos que le presentan a la lucha por el socialismo. Estos principios se han convertido en sueños reaccionarios, prejuicios hacia las “clases bajas”, molestias y guiños de ojo a los de arriba. Sus dilemas les trastornan, les fomentaron los sueños de sociedad opulenta dentro de la realidad de precarización, bajo el capitalismo sus posibilidades de bienestar son tan limitadas como las del conjunto del pueblo, sin embargo actúan poderosamente contra las perspectivas de cambio revolucionario. Las capas medias deben ser transformadas, algunos de sus rasgos las asemejan a la condición de la clase obrera, pero las perspectivas formadas las alejan, ello requiere tratamiento y recuperación de su verdadera importancia en la construcción social, que estuvieron en las matrices de su formación, en los orígenes del capitalismo sus ancestros solían pertenecer al proletariado, pero el capitalismo les segmentó muy convenientemente. El debate, argumentación, respuestas, persuasión, inclusión y fraternización son indispensables, si no hay esa oportunidad la burguesía sabrá cooptarles porque su alienación al capitalismo es viable, y vaya que en el campo de la juventud hace su trabajo. En la historia venezolana y de todos los países existen ejemplos donde tales capas pasaron a ser directamente revolucionarias, actualmente es visible el hecho, en la medicina, la educación y servicios cuando fueron golpeadas por el sistema capitalista y a nivel individual han dado brillantes ejemplos de combate y sacrificio, particularmente recordamos el inicio de las revoluciones árabes, hay que trabajar, es una tarea revolucionaria. En nuestra opinión la política provocadora contra las capas medias debiera superase, resulta perniciosa y divisionista, impide la integración resuelta de sus sectores en tanto tales.

La organización revolucionaria es una necesidad, dejar el proyecto revolucionario sin organizadoras y organizadores de carne y hueso prendidos en ello es un grave peligro de éste momento. El PSUV con más de 7.253.691 afiliados obtuvo 6.287.638, menos votos que militancia, ello dice muchas cosas, y más si recordamos que Chávez tuvo que ir al encuentro del pueblo para afianzar sus votos. Primero Justicia tiene 100.000 afiliados y sus votos se extremaron a 1.807.320 posicionándose como segunda fuerza burguesa en las pasadas elecciones, puede ser arrastrada debido a las divisiones burguesas, pero significa que la burguesía ya es capaz de crear bases sociales emergentes para sus procesos, lo mismo por afinidades a su propuesta que por inconformidades notorias entre la clase trabajadora y sectores medos. Puede hacerse muchas racionalizaciones al respecto, que si la burocracia en el primero, que si el derroche de recursos imperiales en el segundo, válidos para contextualizar, pero que no logran refutar el hecho. Repetimos, hace falta organización revolucionaria, se ha dicho que se ganó la elección porque Chávez siendo el candidato es principalmente el líder indiscutible de la revolución, que está íntimamente conectado con las capas populares, lo cual implica que no falta luchar por la simpatía popular hacia las formas de organización revolucionaria, acerar la convicción de pertenencia e identidad de intereses colectivos.

Cada organización debiera elevar su atención sobre esas cuentas y reflexiones que pulan en su propio seno. Los mecanismos tradicionales no podrán soportar tantas presiones populares si no atienden en efecto la construcción de un nuevo perfil revolucionario proletario y popular en materia de organización y futuro socialista. Nadie de nosotras y nosotros les gusta que se nos digan verdades amargas, pero qué más nos queda, que tomarlas con seriedad y alegría por la vida porque estamos en esta realidad social y humana, el corrientazo revolucionario que debe trasmitirse en la sociedad venezolana va a quemar las organizaciones burocratizadas y/o envilecidas de oportunismo, reformismo y sectarismo.

Un aprendizaje obligatorio que necesitamos hacer está en que las elecciones a gobernadores representan un serio problema para el pueblo debido a varias dificultades desde dentro del bloque bolivariano. Sus candidatos van elegidos a dedo y en varios casos sus cualidades no satisfacen a la población, por si fuera poco las fuerzas regionales que tiene la burguesía son pujantes aunque en constante división y sujetas a los tradicionales trucos, a lo que sin duda contribuirán las acciones del imperialismo mundial. Más que reñidas serán una prueba que exige la participación popular más allá del seguimiento de los candidatos; las organizaciones revolucionarias y populares son las que más deben probarse en esta resistencia porque enfrentan la aplanadora burocrática, la tendencia a una elección de estado, las presiones desde abajo y la necesidad de configurar una firme participación combativa. Por más vuelta que se den dichos procesos reclamaban consultas, y sobre todo la toma de decisiones colectivizadas sobre candidaturas y proyectos, si esto puede canalizarse a pesar de los hechos consumados, sólo podría ser beneficioso para la lucha, aunque las rectificaciones no se ven, todavía se pueden sacar lecciones válidas en el papel del pueblo y amarres de manos a toda esa trama de poderes que le quieren sujetar, pues a mitad de camino se va a sentir los errores y enroques de poder en éste campo. Frente a la utilización y falta de respeto a la voluntad y capacidad del pueblo para decidir candidaturas, el argumento raído de que las masas no están preparadas o maduras para tomar decisiones de este calibre va a caerse por su propio peso, tan maduras están para eso que toman con reservas las alternativas impuestas porque saben de los problemas que acarrean, porque asumen seria y conscientemente su proyecto.

El problema de la transición revolucionaria y el papel del proletariado pasan por las cuestiones de lucha inmediata, en especial sobre las próximas elecciones en que ya están establecidas unas posiciones. El acceso a los espacios de poder popular tendrá que aperturarse en cualquiera de las formas posibles, la clase obrera, la juventud, los sectores populares, los campesinos deben tomar espacios vitales de poder o no podrán consolidar las lucha porque nadie más que estos puede ejecutar su propia política.

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Miembro del Partido Comunista de México

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