Los expertos en revolución

     Es impresionante la cantidad de expertos en revolución que escriben en Aporrea dictando cátedra sobre lo que es una revolución y cual debe ser el comportamiento de un revolucionario.  Saben tanto que critican las ejecuciones del Comandante Hugo Chávez y le dicen lo que debe hacer. Pero con el mismo defecto de las críticas y señalamientos de las cabezas visibles de la Oposición, muchos calificativos denigrantes y ninguna explicación y mucho menos una formulación teórica acerca de  como sacar adelante al pueblo venezolano. Un defecto, a  mi modesto modo de ver las cosas, derivado de  la carencia de lecturas o incomprensión de lo leído, o peor, escuálidos con ropaje revolucionario.  

   No quiero pensar lo peor de ellos, sino creer que su problema es que no tienen la capacidad de mirar más allá de sus narices. Me gustaría conocer sus curricula que los habilitan a considerarse ellos mismos como revolucionarios con la capacidad de criticar al Comandante Presidente. Lo critican por la escogencia de sus más cercanos colaboradores, con el aditivo de descalificarlos sin ninguna explicación ¡Qué bolas! Me gustaría conocer el razonamiento del que califica a Maduro como derecha endógena y que me lo explicara poco a poco, porque  soy lerdo y no entiendo bien por donde vienen los tiros. Pero la cosa no para allí, otros se dan el lujo de criticar a Chávez por la designación del PSUV de candidatos a gobernadores de los estados, a camaradas que han sido parte del gabinete ejecutivo, descalificándolos usando rumores que han hecho circular los enemigos del proceso revolucionario.

   Tengo entendido que es muy difícil definir lo que es una conducta revolucionaria y aún más difícil calificar a un proceso social como revolucionario. ¿Podemos decir que José  Stalin fue un revolucionario? ¿Fue la Unión Soviética un Estado revolucionario?

   Roger Garaudi, filósofo francés notable, miembro del Comité Central del Partido Comunista Francés, cuando se dio cuenta de que la revolución soviética había sido un fraude y escribió lo que el denominó Toda la Verdad,  sus camaradas que lo habían venerado por su lucidez revolucionaria lo expulsaron del Partido. Garaudi como todo buen comunistas era ateo, después de expulsado se hizo católico y luego se convirtió a la religión musulmana. ¿Tremenda voltereta verdad? ¿Era un revolucionario Garaudi? ¿Eran revolucionarios quienes lo expulsaron del Partido Comunista Francés?

  Pero no hay que ir tan lejos teniendo ejemplos vivientes en nuestro país. Yo conocí hace 60 años a un mito revolucionario cuyo seudónimo, en la clandestinidad, en la lucha revolucionaria contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, era Santos Yorme. Época difícil, la policía política buscaba a los revolucionarios para apresarlos, torturarlos y matarlos. No había derechos humanos. Ese revolucionario ahora conocido como Pompeyo Márquez junto con Teodoro Petkoff y otros que no vale la pena nombrarlos, una vez caída la dictadura y establecido el gobierno de Punto Fijo, al servicio del imperialismo norteamericano, teorizaban sobre la guerra revolucionaria y la lucha anti-imperialista, convencieron a muchos jóvenes para que se inmolaran en la lucha armada de la década de 1960, que según ellos era el preámbulo de una revolución para construir el socialismo en Venezuela, que debía comenzar con la toma del Poder.

  Muchos de esos revolucionarios, dirigentes de la guerra, cuando fue evidente que habían fracasado, no por culpa del enemigo sino por sus propios errores, abandonaron la lucha armada, sin siquiera admitir sus responsabilidades, ni pedir perdón a los familiares de los muertos y desaparecidos en los enfrentamientos con los aparatos represivos del Estado. Sibilinamente se acogieron a la Paz Democrática y en pago a su traición algunos aceptaron embajadas y otros como Pompeyo y Teodoro se posaron en ministerios. Todos, sin miramientos, se pusieron al servicio de las élites económicas y políticas del país que a su vez eran instrumentos del imperialismo yanqui. ¿Eran revolucionarios Pompeyo, Teodoro y quienes con ellos saltaron la talanquera? ¿Quiénes de los que alegremente descalifican a los que están en la trinchera del proceso revolucionario actual, enfrascados en una lucha desigual contra el imperialismo yanqui, no lo harían igual o peor que los Teodoros y Pompeyos, si el actual ensayo fracasara?

   He tenido la suerte de vivir más de ocho décadas, de las cuales más de seis las he pasado tratando infructuosamente de ser un revolucionario a carta cabal. No me considero un revolucionario, apenas un hombre honesto. Por eso me permito un relato a continuación como un preámbulo que avale mis comentarios siguientes.

   Soy hijo de una campesina llanera, madre soltera, que se vino a Caracas en busca de mejores horizontes, a vivir en uno de los cerros de Caracas y se convirtió en obrera. Trabajando desde los 13 años y dando tumbos logré terminar el bachillerato y luego ingresé a la universidad donde me gradué de médico, sin jalarle bolas a nadie. Mi militancia revolucionaria que la había comenzado en el Liceo, la continué en la universidad. El 21 de noviembre de 1957, que hoy se tiene como día del estudiante universitario, caí preso en la Seguridad Nacional y me expulsaron de la Universidad por tres años. Afortunadamente cayó el dictador y regresé a las aulas. Mi pasión revolucionaria continuó después de graduarme de médico, hasta que los revolucionarios que mencioné anteriormente dividieron lo que yo creía era un movimiento revolucionario y crearon sus propios partidos para participar en el juego democrático. Desde el principio deseché el ejercicio privado de la profesión y comencé a criticarlo por su deshumanización y cada día con más argumentos me hice militante contra la medicina convencional hasta el presente, sin desmayar. A partir de 1999 comencé a admirar al Comandante Presidente por su franqueza, decisión y sobre todo su intuición revolucionaria, admiración que no ha disminuido, sino que se ha acrecentado con el tiempo.

    Pienso que un revolucionario debe hacer de su propia vida un proceso revolucionario, con un comportamiento social y político que entre en contradicción con los convencionalismos de la época que le toca vivir. Debe ser una persona que estudie mucho al ser humano y los desarrollos sociales, en búsqueda de una respuesta a los múltiples por qué que se plantean, lo cual lo convierte en un fanático de la búsqueda de la verdad y lo obliga también a tener una vida transparente para hacerse merecedor de credibilidad. Desgraciadamente la verdad como tal no existe, porque cuando uno cree haberla encontrado, el mundo ha evolucionado a una velocidad tal, que esa verdad resulta que ser un fantasma, ha desaparecido, está en el pasado.

    Un revolucionario debe entender que las revoluciones son acontecimientos complejos, de evolución difícil de predecir porque es más lo que ignoramos del comportamiento humano que lo que conocemos, y con esos escasos recursos cognitivos no se puede andar muy lejos. Hay que tener presente que es muy fácil equivocarse. Los soviéticos se equivocaron ¿o no? Mao Tse Tung se equivocó ¿o no? Ho Chi Ming se equivocó ¿o no? . Se equivocaron porque el equivocarse en las apreciaciones futuras está en la naturaleza humana.

   Los seres humanos nos aferramos a nuestras ideas sin darnos cuenta que el mundo evoluciona a una velocidad vertiginosa. La capacidad individual de entender el mundo que nos rodea, que paradójicamente cada día se hace más pequeño y más complejo, avanza en los mejores casos a una velocidad en progresión aritmética (1,2,3,4,...)  mientras los cambios universales se producen en progresión logarítmica. (22 , 43, 644,) Por eso siempre nos equivocamos en nuestras predicciones.

  ¿Qué es lo correcto? Los japoneses tienen una sentencia que tiene mucho de verdad: Dejad que el agua fluya.  Unos de los tópicos menos estudiados, es el comportamiento de las colectividades humanas. Pero la historia nos enseña que los pueblos, la masa que los letrados consideran ignorante, no se equivoca. Se equivoca quienes tratan de suplantar las aspiraciones colectivas con sus propias aspiraciones y los que creen que son poseedores de la intuición colectiva.

    La Democracia Participativa y Protagónica, el planteamiento del Comandante Presidente que recoge la Constitución Bolivariana de Venezuela, es una verdadera revolución social que aún no hemos alcanzado, porque es necesario que una masa crítica del pueblo aprehenda lo que eso significa en su dimensión universal, para que tenga la necesaria fuerza impulsora de cambios profundos en la conducta humana. Eso no es algo que podamos enseñar, es algo que tenemos que aprehender e internalizarlo para que forme parte de nuestra propia existencia.  El gran maestro es la vida, dejemos que el agua fluya. No tratemos de detener el flujo vivificante del ideario y la intuición popular con nuestros argumentos estacionados en el pasado, no tratemos de ser maestros de la revolución, seamos humildes ante la grandeza del pueblo venezolano, aprendamos de él y sigamos adelante. ¿Alguien pensó en algún momento que el humilde pueblo venezolano pudiera derrotar al más poderoso imperio que ha conocido la tierra? Lo estamos viendo y muchos se resisten a creerlo, por eso se escriben ridículas pendejadas.

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